El Ministerio de Cultura abrió el Registro de Mujeres Artistas, una iniciativa para identificar quiénes son, dónde están, qué disciplinas desarrollan y cuáles son las principales necesidades de las mujeres vinculadas al arte y la cultura en Panamá.

“Este registro constituye una herramienta estratégica para la toma de decisiones basada en evidencia”, señala Lastenia González, jefa de la Oficina de Equiparación de Oportunidades y Género de MiCultura. La información recopilada, explica, permitirá orientar programas de formación, promoción, financiamiento y fortalecimiento de capacidades, además de incorporar de manera más sostenida el enfoque de género en las políticas culturales.

Esa posibilidad de contar con datos es uno de los aspectos más valorados por Yahaira Osiris, promotora musical y creadora de MIM LATAM, plataforma dirigida a mujeres en la industria de la música. Para ella, el registro representa un avance necesario.

“El mapeo es el ‘paso cero’ para crear cualquier política pública efectiva, porque es imposible transformar una realidad que no hemos cuantificado”, afirma. Un registro oficial puede ayudar a sacar a las mujeres artistas de la invisibilidad institucional. Pero advierte que el formulario no puede quedarse en una base de datos estática.

Para Osiris, la información debería traducirse en acciones puntuales: fondos y convocatorias para proyectos liderados por mujeres, criterios de paridad en eventos o festivales financiados por el Estado, y alianzas con organizaciones independientes que ya han abierto caminos en el sector cultural.

La promotora musical también pone sobre la mesa retos estructurales que atraviesan la experiencia de muchas mujeres en las industrias creativas: la necesidad de protocolos para espacios seguros, normativas contra la violencia y el acoso en espacios de creación, equidad laboral, cierre de brechas salariales y mayor presencia de mujeres en roles de decisión, producción técnica y curaduría.

La escritora Linda Astwood también mira el registro con interés. Le llamó la atención que la iniciativa tuviera un enfoque hacia las mujeres, ya que no identifica muchas oportunidades exclusivas de género dentro de los concursos literarios.

Aunque reconoce que no siempre ha visto las artes desde una perspectiva de género, admite que promover actividades dirigidas a mujeres artistas puede abrir una conversación interesante. Para ella, una apuesta valiosa sería vincular el arte con el fortalecimiento de la expresión femenina: “Que se puedan reconocer figuras femeninas como ejemplos para futuras generaciones, destacar escritoras talentosas de Panamá, tanto como destacan los hombres, es justo y necesario”, afirma.

Escuchar más allá del formulario

Otra de las preguntas que plantea el registro es cómo llegar a mujeres que no están cerca de los circuitos institucionales o digitales. Yineth López, cineasta y directora de Ingheto, organización comunitaria en Curundú, comenta que ya existe la base de datos de Sicultura con una lista de artistas. Propone reunir y conversar con las mujeres de manera presencial para escucharlas y construir propuestas a partir de esas realidades.

En el caso del audiovisual, señala además la necesidad de impulsar fondos, concursos y programas que amplíen las oportunidades para mujeres cineastas, productoras, gestoras y creadoras. Su mirada recuerda que el enfoque de género no solo debe medirse por la cantidad de mujeres registradas, sino por las condiciones que se generen para que puedan crear, trabajar y ser reconocidas.

Desde MiCultura, González expresa que el formulario se realiza en formato digital porque permite ampliar el alcance de la convocatoria, facilitar el acceso desde distintas regiones del país, optimizar el procesamiento de la información y mantener una base de datos actualizada para futuras acciones institucionales.

Al mismo tiempo, señala que la institución es consciente de las brechas de acceso a la tecnología y la conectividad. Afirma que se están promoviendo estrategias de acompañamiento a través de direcciones regionales de cultura y otras instancias para acercar también a mujeres rurales e indígenas.

Crear también exige condiciones

La viabilidad económica aparece como otra preocupación central. Mayvis Blackman, vinculada a las artes escénicas en Colón, recuerda que muchas mujeres interesadas en el arte enfrentan condiciones de vida que dificultan su permanencia en el sector.

Para Blackman, hablar de mujeres artistas también es hablar de madres solteras, cuidadoras, mujeres con enfermedades, mujeres sin recursos y creadoras que se alejan del mundo artístico porque necesitan trabajar en otras áreas para generar ingresos. Desde su experiencia, una de las necesidades más urgentes es que el arte sea mejor pagado y reconocido como una actividad profesional.

También advierte que el ecosistema cultural no está compuesto solo por quienes aparecen en escena o firman una obra. Hay gestoras, productoras, managers, técnicas y personas con roles menos visibles. Incluirlas, permitiría mirar con mayor amplitud el trabajo que realizan las mujeres dentro del sector.

Leyden Nieto, audiovisual y promotora artística, suma una preocupación relacionada con la formación. Considera que las capacitaciones no deben enfocarse únicamente en mujeres jóvenes, sino también en mujeres mayores de 30 años, con experiencias y necesidades distintas.

El Registro de Mujeres Artistas es un punto de partida. Pero las voces de las creadoras recuerdan que la visibilidad, sola, no cierra las brechas del sector. Esperan que esa información regrese en forma de fondos, concursos, espacios seguros, pago digno y oportunidades. También que permita mirar la cultura como un campo de trabajo donde las mujeres, además, gestionan, cuidan y lideran.