Los olvidos ocasionales pueden formar parte del envejecimiento normal, pero cuando comienzan a ser frecuentes, progresivos y afectan la vida cotidiana, podrían ser una señal de alerta.
Así lo explicó la doctora Diana Oviedo, magíster y doctora en Neurociencias, quien conversó con ELLAS sobre las primeras manifestaciones del Alzheimer, los factores de riesgo, los avances en el diagnóstico y la importancia de la detección temprana.
“Lo importante no es un olvido aislado, sino el cambio respecto a cómo funcionaba anteriormente la persona y cómo ese cambio afecta su independencia”, detalló.
Otro signo de alerta es que la persona deje de realizar actividades que antes hacía con normalidad, olvide los pasos para completar tareas cotidianas o pierda autonomía para desenvolverse.

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No esperar a que los síntomas sean graves
La doctora Oviedo señaló que no es necesario esperar a que aparezca una demencia establecida para consultar con un especialista.
Si los problemas de memoria, lenguaje, orientación o comportamiento son persistentes o empeoran con el tiempo, recomienda acudir a un médico.
Muchas veces, agregó, son los familiares o las personas cercanas quienes primero perciben que existe un cambio en el comportamiento habitual.
La primera evaluación puede realizarse con un médico de atención primaria o el médico de cabecera, quien determinará si es necesario remitir al paciente a neurología, geriatría, neuropsicología, psiquiatría u otra especialidad.

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El diagnóstico requiere varias evaluaciones
La especialista indicó que el diagnóstico del Alzheimer no depende de una única consulta o prueba.
El proceso comienza con una historia clínica detallada para conocer cuándo iniciaron los síntomas, cómo han evolucionado y cuáles son los antecedentes médicos del paciente.
Posteriormente, pueden solicitarse evaluaciones neuropsicológicas para analizar los cambios en la cognición y, dependiendo de cada caso, análisis de sangre, resonancia magnética y pruebas de biomarcadores mediante sangre o líquido cefalorraquídeo.
Oviedo destacó que actualmente se registran avances importantes en los biomarcadores sanguíneos, los cuales podrían facilitar un diagnóstico menos invasivo en determinados pacientes.

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Factores de riesgo
El riesgo de desarrollar demencia está relacionado con una combinación de factores genéticos, la edad, enfermedades y aspectos del estilo de vida.
La doctora citó un metaanálisis publicado en la revista científica The Lancet, que identificó 14 factores potencialmente modificables a lo largo de la vida. Entre ellos se encuentran el bajo nivel educativo, la pérdida auditiva, la hipertensión, el tabaquismo, la obesidad, la depresión, la inactividad física, la diabetes, el aislamiento social, el consumo excesivo de alcohol, los traumatismos craneoencefálicos, la contaminación del aire, el colesterol LDL elevado y la pérdida de visión no tratada.
Añadió que la Organización Mundial de la Salud (OMS) también considera los problemas del sueño como un posible factor de riesgo, aunque su relación con la enfermedad continúa en estudio.
Según la especialista, estos hallazgos muestran que la prevención comienza mucho antes de la vejez.

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Hábitos que pueden ayudar a reducir el riesgo
Aunque ningún hábito garantiza que una persona no desarrollará Alzheimer, la doctora Oviedo afirma que existen medidas que pueden contribuir a disminuir el riesgo de demencia a nivel poblacional.
Entre ellas menciona mantener una vida físicamente activa, controlar la presión arterial, el colesterol y la diabetes, no fumar, evitar el consumo excesivo de alcohol, llevar una alimentación saludable, cuidar la audición y la visión, así como conservar una vida social y cognitivamente activa.
“Es una cuestión de salud cerebral, pero también de salud cardiovascular y de bienestar general”, resume.

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Más allá de la pérdida de memoria
El Alzheimer no afecta únicamente la memoria.
En sus primeras etapas también pueden presentarse dificultades para encontrar palabras, planificar actividades, resolver problemas o tomar decisiones.
Además, algunas personas comienzan a desorientarse en lugares conocidos o experimentan cambios en la personalidad, la motivación, el estado de ánimo y el comportamiento.
También pueden aparecer síntomas psiquiátricos, como agitación o agresividad.
¿Por qué es importante un diagnóstico temprano?
La especialista destacó que identificar la enfermedad de forma temprana permite descartar otras causas de los síntomas y facilita que la persona y su familia puedan planificar los cuidados y tomar decisiones con mayor información.
Además, explica que en algunos países ya existen tratamientos dirigidos específicamente contra el Alzheimer para determinados pacientes en fases iniciales, por lo que un diagnóstico oportuno permite evaluar si una persona podría beneficiarse de estas terapias.

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Avances en Panamá y a nivel mundial
Entre los avances recientes en el país, la especialista destacó la aprobación del Plan Nacional para el Abordaje de las Demencias, el cual reconoce estas enfermedades como un problema de salud pública y plantea la necesidad de fortalecer su detección y atención.
También mencionó las investigaciones que desarrolla la Iniciativa en Investigación en Envejecimiento y Disparidades en Salud (PARI-HD) para comprender mejor los factores biológicos, psicológicos y sociales asociados al Alzheimer.
A nivel internacional, señala que de terapias como lecanemab y donanemab, dirigidos contra la proteína beta-amiloide, se ha observado en estudios clínicos que pueden ralentizar el deterioro cognitivo y funcional en determinados pacientes, aunque no curan la enfermedad y requieren seguimiento médico por sus posibles efectos adversos.
Un mensaje para pacientes y familias
La doctora Oviedo insiste en que envejecer no significa desarrollar Alzheimer.
“No debemos normalizar los olvidos, pero tampoco asumir que todo olvido significa Alzheimer”, señala.
Ante un cambio persistente o progresivo en la memoria o en otras funciones cognitivas, recomienda buscar una evaluación médica.
“Un diagnóstico no debe verse únicamente como una mala noticia. Permite entender la enfermedad, acceder a la atención adecuada y darle a la persona y a su familia la oportunidad de planificar y tomar decisiones con mayor información”, concluye.


