House of the Dragon terminó su tercera temporada dejándonos con unas ganas inmensas de ver cómo se desarrolla la etapa final de esta historia.

La premisa de la serie es un poco como la del Titanic: ya sabemos cómo acaba, pero eso no quiere decir que no nos entretenga llegar a esa resolución. Aclaro que no he leído el libro, pero he investigado, escuchado y visto cuanta información hay en internet para entender a fondo el trasfondo de los sucesos que se desarrollan en pantalla.

Como es de esperar, la calidad de los efectos especiales de HotD es un verdadero espectáculo. Y ni hablar de Emma D’Arcy como Rhaenyra, quien sabe transmitir a la perfección la fragilidad y la frustración que se apoderan de su personaje en esta temporada.

Luego de una racha de pérdidas importantes, Rhaenyra por fin llega al Trono de Hierro y empieza su fase como gobernante de Poniente, pero las cosas no son para nada lo que ella esperaba.

Para tomar Desembarco del Rey, Rhaenyra confía en el plan urdido por Alicent. La reina viuda espera que, al ayudarla a llegar al poder, pueda enmendar su intromisión en los deseos de Viserys y, de paso, evitar que sus propios hijos —a los que parece no querer mucho— se mantengan en el trono. Sin embargo, como en toda historia de GoT, los errores se pagan caro.

Rhaenyra entiende rápidamente que su mandato pende de un hilo, pues ni el pueblo ni los grandes señores están seguros de su liderazgo. Se encuentra con las arcas vacías y una ciudad hambrienta a causa del bloqueo que ella misma impuso.

A lo largo de la temporada, vemos una sucesión de eventos que tienen claros paralelismos con Game of Thrones: dinámicas que recuerdan a la muerte de Tommen, las últimas acciones de Cersei confinando a la gente en Desembarco del Rey para evitar un ataque con dragones, o el destino de la Compañía Dorada. Pero, quizás, el momento más significativo es ver a la querida reina Rhaenyra cayendo poco a poco en la conocida y temida locura de los Targaryen.

Rhaenyra sucumbe ante la desesperación de legitimar su reinado, especialmente cuando se entera de que Aegon y su dragón no han muerto; una noticia que la gente rápidamente interpretará como una señal de que él es el verdadero heredero.

De cara a la cuarta temporada, que será la final, hay mucho contenido que aún falta por abordar. Surgen dudas lógicas sobre si todo podrá cubrirse en solo 8 episodios, especialmente porque se avecinan muertes importantes y acontecimientos que cimentan las bases de la historia de GoT que ya conocemos.

Mucho se habla de las licencias creativas que se han tomado en HotD, las cuales incluso han llevado a George R. R. Martin a distanciarse de la serie. No obstante, considero que la esencia de la historia se mantiene y, en el fondo, está ocurriendo básicamente lo que pasa en los libros.

Ahora solo nos queda esperar al menos dos años para el monumental cierre de la Danza de los Dragones y ver qué bando termina sentándose en el codiciado Trono de Hierro, un asiento que solo ha traído infortunios a quienes lo desean.

Plataforma: HBO