Hace un año, El cuento de la criada llegó a su fin luego de seis temporadas y aunque ha estado en plataformas de streaming como Prime Video y Disney+, su llegada a Netflix ha encendido la conversación sobre esta serie.
La premisa es que en un futuro distópico, en el que los índices de natalidad en todo el mundo han bajado a niveles críticos, movimientos religiosos señalan que se debe a la contaminación ambiental, al uso de transgénicos y pesticidas, pero principalmente a que las mujeres han abandonado su “rol divino” de procreadoras para tener carreras profesionales.
Así un movimiento militar religioso, Gilead, se toma Estados Unidos y logra esclavizar a las mujeres que aún son fértiles, pero impuras de alguna manera, para que tengan hijos con los altos comandos de este grupo y que estos niños sean criados por ellos, aquellos escogidos por Dios para salvar el mundo.
En este caos aparece la protagonista, Offred, cuyo nombre es June Osborne, quien va relatando la odisea de vivir bajo el régimen y los vejámenes a los que las criadas son sometidas.
June es la antihéroe, aquella que inicialmente quiere salvarse, pero entiende rápidamente que no puede hacerlo sola. Es aquí cuando la sororidad de las criadas empieza a luchar contra la opresión; el recordatorio de que las mujeres, aún en las circunstancias más adversas, se levantan.
La serie se inspira en el libro del mismo nombre de la autora canadiense Margaret Atwood, publicado en 1985. Para entonces, Atwood se documentó con hechos reales sobre la privación de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer a través del tiempo y en diferentes países.
El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale, en inglés) toma especial relevancia en tiempos en los que parece que retrocedemos en los derechos alcanzados, especialmente en Estados Unidos, un país que otros toman como ejemplo. La restricción y penalización del aborto, el retiro de apoyo económico a instituciones de planificación familiar, una drástica reducción del apoyo a la comunidad LGBTIQ+, ciertamente hacen pensar qué tan lejos estamos de ese futuro distópico.
Ya existen regímenes teocráticos en Medio Oriente que han cercenado todo derecho a las mujeres y niñas. En América Latina, el feminicidio alcanza cifras alarmantes, mujeres y niñas abandonan sus estudios para quedarse al cuidado de familiares o el hogar; así como un preocupante aumento de influenciadores que promueven la violencia de género y el machismo.
Ante este panorama, El cuento de la criada viene a recordarnos que las mujeres no pueden dar sus derechos por sentados. Principalmente porque la amenaza no es solo una cuestión de género: también existen mujeres que creen que su deber es permanecer en casa y tener tantos hijos como “Dios mande”.
La serie no solo expone las dinámicas de poder y opresión, sino que también es un testamento sobre la resistencia humana. Nos enseña que el silencio y el mirar para otro lado son el impulso para cualquier régimen autoritario. La historia de Gilead nos deja una lección: los derechos ganados no son eternos, pero la fuerza de las mujeres que se niegan a ser reducidas al silencio tampoco lo es.
El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale) está disponible en Panamá a través de las plataformas de Netflix y Disney+.

