Cuando las bodas se convierten en titulares internacionales y los fotógrafos de celebridades buscan cómo colarse en ellas, hay un diseñador que viene a la mente: Preston Bailey.
El panameño se ha hecho famoso por proezas como ser la mente creativa detrás de las 60 esculturas de monos, tigres y jirafas que admiraron los afortunados invitados a la boda del hijo mayor de los Ambani, una celebración que no por nada ostenta el título de la boda del siglo.
Entrevistado hace poco por el medio español El País, el experto decorador contó que hay dos preguntas que siempre hace a los clientes que le piden arreglos florales, su especialidad: la primera es cuál es su flor favorita; la segunda, cuál es la flor que no soportan. Una vez tiene esas respuestas, puede empezar a hacer su magia.

Preston Bailey en la boda de los Ambani.
Y es que para algunas personas ciertas flores traen malos recuerdos, y si ese es el caso, no importa que sea la más cara, clásica o exótica: Bailey sabe que no debe incluirla en la celebración. De esta manera, el artista confirma que da prioridad a aquello de que el cliente siempre tiene la razón.
Bailey nació en Chilibre. Siendo muy joven se mudó a Nueva York. En Brooklyn hizo distintos trabajos para sobrevivir. Hasta que un amigo le pidió hacer unos arreglos florales para una boda. Eso se convertiría en su forma de vida gracias a dos días que pronto puso en práctica: siempre tratar de hacer algo diferente, distintivo y además fotografiar todo lo que hacía para dejar un registro.
Hoy trabaja con muchos artistas, de los que siempre dice aprende, dice, y procura conectar con su visión. “Mi trabajo no es decirle a un cliente qué tiene que hacer, sino explorar con ellos, salir de mi cabeza, entrar en la de ellos y entender qué quieren de ella”. Y eso muchas veces incluye algo que nadie haya visto recientemente en Instagram.
Y para quienes disfrutan del contenido de Instagram, totalmente aspiracional, Bailey dice que las redes sociales son una bendición y una maldición para las parejas con presupuesto moderado, que suelen ser la inmensa mayoría. Su recomendación es ajustar las expectativas: sí es posible hacer una boda maravillosa sin necesidad de convertir un edificio en andamio de flores.
Otro ejemplo de que las bodas son algo subjetivo y que siempre deben personalizarse lo dio al mencionar que la boda más simple que le han contratado en India, en Estados Unidos se consideraría exagerada; y eso tiene que ver con las sensibilidades culturales, que son siempre diferentes.
En esa misma línea, en Europa predomina una estética más sobria para enlaces matrimoniales; mientras que para quienes venimos de Latinoamérica, lo usual es celebrar a lo grande.


