En todo el mundo, aproximadamente entre el 5% y 7% de los casos de cancer de mama se diagnostican en mujeres menores de 40 años, según explicó a ELLAS la cirujana oncóloga Olivia El Achtar. Antes de los 30, la proporción es todavía menor y representa menos del 1% de los diagnósticos.
En Panamá, datos analizados por la Caja de Seguro Social (CSS) entre 2019 y 2024 registran entre 21 y 30 casos anuales en mujeres de 30 a 34 años y entre 32 y 64 casos en aquellas de 35 a 39 años.
“En una mujer joven [menor de 40 años] el riesgo es bajo, pero no es cero”, explicó El Achtar.
La cirujana señaló que técnicamente la enfermedad puede aparecer desde finales de la adolescencia, pero antes de los 30 años los casos son excepcionales. A partir de esa edad, el riesgo comienza a incrementarse.
Para dimensionar ese aumento, explicó que, en promedio, una mujer de 20 años tiene una probabilidad aproximada de 1 en 1,500 de desarrollar cáncer deAh ok mama en los siguientes diez años. A los 30 años, la probabilidad es de aproximadamente 1 en 200, mientras que a los 40 años aumenta a cerca de 1 en 65.
Además, algunos cánceres diagnosticados en mujeres jóvenes presentan una mayor proporción de subtipos más agresivos, como los triple negativos, y pueden tener un mayor componente genético o hereditario, incluyendo mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2.

Según la cirujana oncológica Olivia El Achtar, antes de los 30 años los casos de cáncer de mama son excepcionales. Foto: iStock
Si puede aparecer antes, ¿por qué la mamografía comienza a los 40?
Organizaciones como Mayo Clinic recomiendan iniciar las mamografías de rutina a los 40 años.
La doctora El Atchar destacó que en mujeres menores de 40 sin antescendentes, la evidencia actual no respalda realizar mamografías de manera rutinaria a toda la población.
Una de las razones es que, al existir menos casos en estas edades, aumenta la posibilidad de encontrar alteraciones benignas que conduzcan a pruebas adicionales o biopsias innecesarias.
También influye la densidad mamaria. Las mujeres jóvenes suelen tener mayor cantidad de tejido glandular y menos grasa. En una mamografía, tanto este tejido como una lesión pueden observarse de color blanco, lo que puede dificultar la detección.
La evidencia actual recomienda iniciar la mamografía alrededor de los 40 años.

En mujeres menores de 40 años con riesgo promedio, la evidencia actual no respalda realizar mamografías de manera rutinaria a toda la población. Foto: iStock
Si hay síntomas, no hay que esperar
La recomendación de no realizar mamografías rutinarias antes de los 40 aplica a mujeres sin antescedentes y sin síntomas. Cuando existe alguna señal de alerta, la situación es distinta.
“Una mujer que se palpa un nódulo en la mama, ya sea con 25 o 30 años, no necesita esperar a los 40 años. Necesita ser evaluada por un médico idóneo y realizarse los estudios adecuados sin demora”, explicó El Achtar.
Entre los cambios que ameritan una evaluación se encuentran un bulto en la mama o la axila, hundimientos o retracciones de la piel, enrojecimiento persistente, textura similar a una cáscara de naranja, cambios en el pezón, secreciones espontáneas fuera de la lactancia, alteraciones en el tamaño o la forma de la mama y dolor persistente que no mejora después del ciclo menstrual.
En mujeres jóvenes que presentan síntomas, el ultrasonido mamario suele ser el primer estudio utilizado. Este permite evaluar mejor las mamas densas y distinguir las características de una lesión sin utilizar radiación.

El cáncer no afecta solamente el cuerpo. También toca las emociones, cambia las rutinas y pone a prueba a quienes acompañan.
¿Quiénes deberían iniciar controles antes de los 40?
Hay mujeres cuyo riesgo puede ser superior al promedio y que, por lo tanto, necesitan comenzar la vigilancia a edades más tempranas.
Entre ellas se encuentran las portadoras de mutaciones genéticas hereditarias como BRCA1 y BRCA2, además de otras alteraciones genéticas relacionadas con un mayor riesgo de cáncer de mama.

Los antecedentes familiares de cáncer de mama son uno de los factores que pueden influir en el nivel de riesgo. Foto: iStock
Los antecedentes familiares también son importantes. Tener una madre, hermana, hija o abuela que haya tenido cáncer de mama, especialmente cuando el diagnóstico ocurrió antes de los 50 años, o varios familiares afectados del mismo lado de la familia puede modificar el nivel de riesgo.
También se consideran antecedentes relevantes los casos familiares de cáncer de ovario, cáncer de mama en hombres, cáncer de páncreas y algunos casos de cáncer de colon, además de haber recibido radioterapia en el tórax durante la juventud o presentar determinadas alteraciones en biopsias previas.
Por esto, El Achtar recomienda realizar una valoración del riesgo individual desde edades jóvenes, idealmente alrededor de los 25 años, para determinar qué tipo de seguimiento necesita cada persona.
La doctora explicó que esta evaluación se realiza a través de distintas herramientas matemáticas que permiten estimar tanto el riesgo de desarrollar cáncer de mama como la posibilidad de portar una mutación genética asociada a la enfermedad. Entre ellas mencionó los modelos Gail, Tyrer-Cuzick y BOADICEA, así como herramientas como BRCAPRO, el Manchester Score y los criterios de la NCCN.
El Achtar detalló que, por ejemplo, el modelo de Gail toma en cuenta factores como la edad, la edad de la primera menstruación, la edad al primer parto, los antecedentes de cáncer de mama en familiares de primer grado y el historial de biopsias mamarias. Con estos datos, permite estimar la probabilidad de desarrollar cáncer de mama en los siguientes cinco años y a lo largo de la vida.
La especialista añadió que, cuando el riesgo estimado de desarrollar cáncer de mama a lo largo de la vida alcanza el 20% o más, se considera elevado y puede requerir una vigilancia más intensiva.


