Durante mucho tiempo pensé que estaba viviendo. Tenía una rutina clara, una agenda llena y la sensación equivocada de que mientras más ocupado estuviera, mejor persona era.
Trabajar sin parar, cumplir metas, salir de vez en cuando a tomar unos drinks y repetir el ciclo parecía suficiente. Ser workaholic no solo estaba normalizado, estaba bien visto. Yo también lo creí.
Vivía en automático. Y no me daba cuenta.
La pasión por vivir, al menos en mi historia, no llegó temprano. Llegó tarde. Llegó a mis 52 años. Y llegó acompañada de un diagnóstico que jamás imaginé recibir: Esclerosis Lateral Amiotrófica, ELA. Una enfermedad que no solo impacta el cuerpo, sino que transforma la forma en que miras la vida, el tiempo y tus prioridades.
Cuando recibes un diagnóstico así, el mundo no se detiene, pero tú sí. Te obliga a mirar hacia adentro, a cuestionarte cosas que antes dabas por sentadas. ¿Estoy realmente presente en mi vida? ¿Estoy disfrutando o solo sobreviviendo entre pendientes? En mi caso, la respuesta fue dura, pero necesaria: no estaba viviendo como pensaba.
Hoy, la pasión por vivir para mí no tiene que ver con grandes discursos ni con promesas a largo plazo. Tiene que ver con el día a día. Con disfrutar el momento, incluso cuando no es perfecto. Con compartir con la gente que quiero. Con aprender a vivir sin adelantarme a realidades que no puedo controlar.
La pasión también es entender que vivir no siempre es estar bien. Es reír, sí, pero también permitirte llorar cuando hace falta. Es sentarte a tomar un café y conversar contigo mismo, sin interrupciones, sin apuro, tranquilo. Es aceptar el silencio. Escuchar el cuerpo. Respetar los límites que antes ignorabas.
Antes creía que vivir intensamente era ir rápido. Hoy sé que también es saber detenerse. Andar más lento no me ha quitado vida. Me ha devuelto conciencia. Me ha permitido observar, agradecer y valorar cosas que antes pasaban desapercibidas.
A través de mis redes sociales, donde hago conciencia sobre la ELA desde un enfoque humano e inspiracional, he descubierto algo importante: cuando compartes desde la verdad, conectas. Contar mi historia no es un acto de valentía heroica, es un acto de honestidad. Hablar de la enfermedad, del miedo, de los cambios, pero también de los aprendizajes, abre conversaciones necesarias y crea comunidad. Y en ese intercambio, todos sanamos un poco.
La pasión por vivir no siempre aparece como entusiasmo evidente. A veces es silenciosa. A veces es simplemente despertarte y decidir estar presente. No vivir en automático. No postergar abrazos, llamadas, conversaciones importantes ni palabras que crees obvias pero no lo son.
Durante años pensé que el valor personal se medía en productividad. Hoy entiendo que se mide en presencia. Que trabajar sin parar no me hacía más exitoso, solo más ausente. Que el verdadero éxito está en la calidad de las conexiones, no en la cantidad de logros.
La ELA cambió mi cuerpo, sí, pero también me regaló una perspectiva que antes no tenía. Hoy estoy claro que la vida no se trata de acumular días, sino de habitar cada uno con intención. Que no todo se puede controlar, pero sí se puede elegir cómo vivir lo que toca.
Si algo he aprendido en este proceso es que la pasión no se pierde, se despierta. A veces necesita un quiebre para aparecer, pero cuando llega, llega clara. Te recuerda que vivir no es correr hacia adelante sin mirar, sino estar aquí, ahora, con todo lo que eres.
Y si hoy estás leyendo esto y sientes que la vida se te ha vuelto repetitiva, automática o vacía de sentido, quiero decirte algo desde mi experiencia: nunca es tarde para reencontrarte con la pasión por vivir. Tal vez no llegue como la imaginaste, pero llegará como la necesitas.
La pasión por vivir no está en lo extraordinario. Está en lo simple, en lo humano, en lo diario. En un café, en una conversación, en una risa, en permitirte sentir. Y sobre todo, en elegir cada día vivir de verdad.
* Para conocer más sobre sus consejos y experiencia, puedes seguir la cuenta de Instagram @pasionporvivirpty y visitar su blog www.pasionporvivirpty.com.
* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autor.
* Suscríbete aquí al newsletter de tu revista Ellas y recíbelo todos los viernes.

