El ballet nació en las cortes de Italia y Francia en el siglo XV como una forma de entretenimiento aristocrático, con presentaciones en palacios y residencias de la nobleza, interpretadas principalmente por cortesanos aficionados, en su mayoría hombres, según explica el Ballet de Australia en su sitio web.
Más adelante, en el siglo XVIII, el ballet fue ganando popularidad. En esta época, las mujeres dentro de la industria seguían siendo minoría, detalla la compañía.
No fue hasta el período del Romanticismo cuando el ballet pasó a estar dominado por la figura femenina, en detrimento del bailarín masculino. La técnica de las bailarinas se volvió cada vez más virtuosa, en gran medida gracias al desarrollo del trabajo de puntas, reseña la Enciclopedia Britannica.
La historia del ballet muestra que la participación masculina ha estado presente desde los orígenes de esta disciplina. Sin embargo, la percepción de que se trata de una actividad principalmente femenina persiste en algunos sectores.
Para Solieh Samudio, integrante del Ballet Nacional de Panamá desde 2008, su acercamiento al ballet fue una combinación de influencia familiar y decisión personal. “Mis padres me metieron en varias danzas antes del ballet: danza española, tap, danza moderna, capoeira… y al final, de una u otra forma, conectó con el ballet”, recuerda.
Samudio comenzó a estudiar ballet a los 15 años y se sintió inspirado al ver videos de bailarines internacionales y la película Camino a la fama, que le mostraron las posibilidades técnicas que podía alcanzar un hombre en la danza.

Foto: Tomada de Instagram (@balletnacionalpanama)
Su camino no estuvo exento de dificultades. “Recibí comentarios negativos de familiares y, en la escuela, las niñas me hacían bullying por ser el único varón”, comenta. Hoy, sin embargo, observa con orgullo un aumento significativo de bailarines masculinos en la compañía. “Hemos hecho una buena labor en el Ballet Nacional: ahora varios hombres forman parte de la compañía y cada año surgen nuevos prospectos”, señala.
De manera similar, Yahir Castro, quien ingresó al Ballet Nacional de Panamá como aprendiz en 2011 y se convirtió en miembro permanente en 2013, relata cómo el destino lo llevó al ballet. Originalmente planeaba estudiar repostería en España, pero situaciones familiares lo desviaron hacia la danza.

Foto: Tomada de Instagram (@miculturapma)
Castro destaca que no ha recibido comentarios negativos sobre su profesión y que la percepción sobre los hombres en el ballet ha cambiado. “Antes existía el prejuicio de que los hombres no debían bailar ballet porque se iban a volver homosexuales, pero una cosa no tiene nada que ver con la otra”, remarca.
Por su parte, Raymundo Rodríguez, bailarín del Ballet Nacional Dominicano, mencionó a ELLAS durante su participación en el Panamá Ballet Fest que “la danza viene del hombre, porque el primer hombre en hacer danza fue el rey Sol, quien realizaba este tipo de espectáculos para sus invitados”.
Rodríguez indicó que en su país “se les discrimina” dentro de la sociedad por “bailar ballet”.
El bailarín dominicano Raymundo Rodríguez. Foto: Elysée Fernández
“La danza es para todos, hombres y mujeres. No tiene género y hay que derribar todos esos tabúes” mencionó, destacando que la danza “salva vidas”.
Finalmente, Jesús Duven, bailarín principal del Ballet Teresa Carreño de Venezuela, hizo referencia durante el mismo festival sobre su percepción sobre la región latinoamericana. “Nuestra cultura es machista y, aunque yo nunca enfrenté discriminación dentro de mi núcleo, sé que muchos compañeros no tuvieron la misma suerte”.
El bailarín venezolano Jesús Duven. Foto: Elysée Fernández
Duven declaró que existe un “estigma social” que asocia la relación del hombre con la danza con la homosexualidad. “No tiene nada que ver una cosa con la otra”, afirmó.
Actualmente, el Ballet Nacional de Panamá cuenta con 18 bailarines y 33 bailarinas. Tanto Yahir Castro como Solieh Samudio coinciden en que la presencia masculina en la compañía ha ido aumentando en los últimos años, lo que refleja, en su opinión, un cambio generacional y una mayor apertura hacia los hombres que deciden dedicar su vida profesional al ballet.
Entrenar como un bailarín
Aunque el entrenamiento básico es similar para hombres y mujeres durante los primeros años de formación, los bailarines consultados explican que existen diferencias técnicas conforme avanzan en su carrera.
Solieh señaló que a los hombres suele exigírseles mayor énfasis en los saltos, giros y el desarrollo de la fuerza física, habilidades necesarias para las elevaciones y los roles que tradicionalmente desempeñan sobre el escenario.
“Tenemos que hacer que las bailarinas se vean suspendidas en el aire como si nada”, comentó. Por ello, explicó que el entrenamiento masculino incorpora un trabajo exigente en piernas, músculos abductores, hombros y estabilidad corporal.
Yahir Castro coincide en que gran parte de la técnica es compartida entre ambos géneros, aunque destaca algunas diferencias. “Las chicas usan puntas y nosotros usamos zapatillas suaves”, explicó. También señaló que ciertos movimientos suelen ejecutarse con una cualidad distinta.
“Los brazos de las chicas son un poco más delicados que los de los hombres” añadió.
Pese a estas particularidades, ambos bailarines coinciden en que el ballet exige el mismo nivel de disciplina, preparación física y compromiso profesional tanto a hombres como a mujeres.


