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Las navidades y fiestas de fin de año tienen miles de colores y sabores de los que podríamos hablar, dependiendo de si es en familia, en pareja o solitarios. La interacción humana de esta época está llena de situaciones incómodas, chistosas y amorosas, pero definitivamente TODAS memorables.

Las grandes responsables con derecho a felicitación son las mujeres. La mujer de la casa entra como en un trance organizacional y de planificación. No han pasado fiestas patrias y ya están pensando en Navidad. ¡Hay tanto por hacer! Los comercios parece que estuvieran conectados con ellas, con los abonos en juguetería y todas las promociones.

Las mujeres, súper multitasking como siempre, encargadas de invitaciones, tarjetas de felicitación, los regalos para amigos, los maestros de los niños, el conserje, el seguridad del edificio, la peluquera y mil gentes más (que si no les regalas algo en Navidad pueden destruirte la vida), la decoración, el menú, la cocinadera… me canso solo de escribirlo.

Los hombres, mientras tanto, expertos en habladera, blablablá de lo que les toca hacer y lo que van a comprar, pero no han hecho nada. El día antes de Navidad ves a este montón de tipos, vueltos locos en el mall, con una lista de TODOS los regalos (para su esposa e hijos de milagro) y los MILES de encargos que les tocaba comprar desde hace meses.

Las mujeres son expertas en tantas cosas, cocinar, decorar, las relaciones sociales, tienen mejor gusto para elegir regalos. Mientras, los hombres se supone que somos buenos para otras cosas, pero en realidad la mayoría de las veces no tanto (como pintar la casa, plomería, electricidad, etc…). Lo que sí es cierto es que a la hora de cortar el pavo somos ¡IMPRESCINDIBLES!

El hombre es el encargado del árbol. Él lo elige, lo compra y lo coloca (justo apenas termina, ya le toca TV y cervezas para premiarse por el buen trabajo). “No, mi amor, lo que pasa es que a los niños les ENCANTA adornar el árbol”, y los hijos ya son teenagers de esos que de casualidad logras que estén en la casa en Nochebuena.

El dilema de los regalos: con los niños la cosa está clara, te lo dicen sin ninguna vergüenza, aunque el costo del asunto sea un año de trabajo. Con la mujer debería también ser sencillo: joyería es un golazo, perfumes vale, o ropa si es que logras la talla. Pero NO, nosotros le regalamos una licuadora o aspiradora, como diciéndole ¡TRABAJE!

Nada peor que regalar plata o certificado de regalo; es como decir ni te conozco y me da pereza meterle mente. Nada que ver…

¿Qué pasa cuando no tienes pareja en Navidad? Si tienes novia, ¿será que debes regalarle algo o no? Si la invitas a tu casa con la familia, ¿se hará la idea de que el matrimonio es inminente? Ella por su lado piensa, “si no me invita no quiere nada serio”. Cuando estás soltero, de cierta edad en adelante, más vale que te prepares para las mil preguntas de cuándo tendrás pareja, y el tío borracho, que no falta, con sus insinuaciones de rareza.

Sea como sea, fiesta es fiesta y nunca cae mal. Aunque a veces sea incómodo, hay que atesorar los momentos familiares, que no serán eternos. ¡Felices fiestas a todos!