En diciembre quise escribir, pero no alcancé, una columna o mejor dicho una queja sobre lo lluvioso que había estado el mes doce del año. Por estos lados donde los santa claus se ahogan en sudor, al menos tenemos cielos azules y brisita sabrosa en el último mes del año.

2025 nos salió como una pata de banco climática. Los mandados navideños, las posadas, los almuerzos del Día de la Madre, las graduaciones escolares y todas esas cosas que hacemos los panameños precisamente en diciembre estuvieron salpicadas por la lluvia o se realizaron bajo cielos encapotados.

En el Parque Omar se hicieron una serie de conciertos y actividades al aire libre por Navidad y aunque mi propósito era aprovechar todas, resultó que la primera era más parecida a una junta de embarre: lodo por todos lados y suelo resbaloso. La lluvia había hecho de las suyas y al menos a mí, me hizo correr del lugar.

Para que no me quedara con las ganas de escribir, ni dejará por fuera el tema, enero de 2026 nos ha salido también llorón.

Una que otra lluviecita en estos meses de principio de año no es del todo extraño, pero esta semana, particularmente, ha llovido varias veces.

Tal vez no tuvieron la culpa, pero tampoco ayudaron los aguaceros con el aumento de casos de influenza y de otros virus respiratorios que tuvimos y volvieron a poner de moda el uso de las mascarillas.

Busco en los informes del Instituto de Meteorología, pero me rindo ante la vaguada y otros términos muy técnicos para mi. Lo curioso es que mientras en unos lados nos llueve mucho, en otros parece estar lloviendo mens de lo esperado.

Se confirma entonces que no está de más llevar paraguas todo el año, sino por sol, entonces por la lluvia.