Hace casi un año la actriz Zhang Jingyi apareció en la alfombra roja del Beijing International Film Festival 2025 para presentar la película The One, en la que interpreta a una joven que es la única persona que puede oír en su familia, sus padres y su hermano viven con discapacidad auditiva.

Pero este marzo de 2026 su foto en la alfombra roja se volvió viral. No por el vestido, ni por la película, ni siquiera por ella. Lo que se robó la conversación fue un cartucho amarillo —o bolsa plástica, si lo prefieren— que llevaba en la mano y que, para muchos, desentonaba con la ocasión.

Sí, una bolsa amarilla. De esas que durante años fueron parte del paisaje del supermercado y de la vida diaria, aunque todavía siguen apareciendo, para desgracia del ambiente, en demasiadas playas y demasiados rincones. Pero quienes saltaron a comentar no eran precisamente ecologistas ni guardianes del buen gusto. Lo que empezó a circular muy rápido fue otra cosa: la idea de que aquella no era una bolsa cualquiera, sino una de lujo.

Sí, una supuesta Balenciaga. Porque ya sabemos que esa marca tiene rato jugando a convertir objetos que parecen de lo más corriente en piezas exclusivas. En este caso, se hablaba de una bolsa parecida vendida por unos 1,700 dólares.

Hasta circuló una foto donde se mostraba una bolsa amarilla en la web de Balenciaga, junto al cartucho de la actriz. Las redes se llenaron de burlas, indignación y desprecio hacia los que están dispuestos a pagar fortunas por eso. Gente hay para todo.

Solo que esta vez, en parte, no era verdad. Sí existe una colección de bolsas que parecen de basura con el nombre de Balenciaga. Pero no era lo que llevaba la actriz. Su cartucho tiene relación con la película que promocionaba.

Y ahí fue cuando el asunto dejó de ser solo de moda, y pasó a ser un ejemplo bastante claro de cómo funciona hoy la desinformación más simple, pero también más efectiva. Alguien lanza una idea medio creíble, otros la repiten, la imagen encaja con algo que ya estamos predispuestos a creer: Balenciaga, el lujo ridículo, la excentricidad millonaria, y listo.

Eso pasa con temas de política, salud, migración y con casi cualquier tema serio. Si algo parece medio verdad, pero es lo suficientemente escandaloso, nos sumamos a la turba de indignación y no nos detenemos a cuestionar y verificar. En internet varios medios desmintieron la historia. *

Aunque la bolsa no fuera Balenciaga no vuelve menos necesario preguntarnos; ¿De verdad saldríamos a la calle con una bolsa de basura negra si lleva una etiqueta de lujo? ¿Compramos cosas bellas que nos gusten o cosas feas porque son de marcas? Y una última pregunta: ¿por qué nos resulta tan fácil creer y compartir cualquier cosa siempre que sea viral y nos permita criticar a otros?

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.

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