29eneporlasombr00 - Con Juanga en la sala de mi casaHace unos días pasé toda la tarde con Juan Gabriel en mi casa. Obligada, por supuesto.

Después de Hasta que te conocí, Perdona si te hago llorar y Abrazame fuerte se despidió, como suele hacer, con la congoja infinita de Amor eterno.

Por supuesto yo no estaba triste, estaba aliviada. Me habría gustado que se fuera antes, pero no tenía ningún control sobre eso porque fueron mis vecinos quienes lo metieron en mi casa.

Ese día tuve suerte. Mi único visitante fue Juanga. Otros días tengo aquí en la sala de mi casa a Carlos Vives, Freddy Mercury y hasta Fernandito Villalona ¡Había olvidado por completo a Fernandito! Me sentí en el asiento de atrás del busito colegial que me llevaba al IJA, Instituto Justo Arosemena, de Paitilla en los años 1990.

Cuando el gobierno anuncia cuarentena total los fines de semana, lo que algunos de mis vecinos entienden es bulla total. Suben a todo volumen su música, y los muebles de mi casa reverberan. En el mejor de los casos, mi hija se pone a bailar. Tengo que aceptar que a veces aciertan.

Pero la mayoría de las veces se les pasa la mano. Un día, después de cuatro o cinco horas de escánda… digo melodías, el guardia de seguridad subió a tocarles la puerta… Pude oír como les rogaba apagar la música, a lo que ellos respondieron con voz alegre que en su país era el Día de la Madre y lo estaban celebrando. El agente les replicó: “es que son pasadas las once de la noche y mañana los vecinos tienen que trabajar”.

Antes de que alguno insinué que tenían que ser los extranjeros armando alboroto, les aseguro que no es así. Con frecuencia el silencio en mi casa sale huyendo por el ‘¡cómo gozo!’ de Sandra Sandoval y el acordeón de Ulpiano Vergara.

Las canciones no solo vienen de mi edificio. También del edificio de enfrente y del que está al lado. ¿Por qué no gozan su música solos?

Admiro la resistencia que tienen para bailar y cantar toda la noche. Aja, tienen karaoke. A las 8:00 a.m. cuando al fin hacen silencio y se duermen, creo, siempre me pregunto: ¿qué pasaría si ahora soy yo la que empieza con la bulla? Así sabrán lo que  se siente.