“No te quedes sola como yo”, fue el consejo de doña Teresita a su querida nieta Tatiana. Pero no dio solo el consejo, lo acompañó de un conjunto de cartas que llevaría a la nieta por los vericuetos del pasado de su familia y de su propio ser hasta llegar a los créditos finales de la película Nieta de mi abuela, presentada en el Festival Internacional de Cine de Panamá.
Teresita era para su nieta la abuela risueña y elegante, tal como dejan ver las fotos y los videos guardados. Fue la hija única que heredó el histórico teatro Carmelita. Muy al contrario de lo que podría hacernos pensar aquella advertencia a su nieta, no fue una mujer solitaria ni de pocos amores. Por si las dudas, dejó abundante correspondencia escrita a mano guardada en cofres, bolsas y cajones.
La directora Tatiana Álvarez, de República Dominicana, atesoró esas letras de su abuela como la herencia familiar que eran. Pero la cineasta que habita en ella, supo que había una historia que contar. Primero pensó que sería la de un amor que se convirtió en amistad: el de su abuela Teresita y el italiano Enzo, quien con 23 anos llegó a Dominicana a trabajar.
En los talleres de realización de cine en los que llevó este proyecto, se dio cuenta de que este relato también tenía una parte suya. Al leer las cartas de su abuela llenas de pasión, poesía y vida -su última carta de amor la escribió a los 46 años- se dio cuenta que la historia de su abuela conectaba con su propia historia y su propia búsqueda.
Como es costumbre, al final de la proyección hubo un espacio para preguntas. La propia Tatiana Alvarez respondió al público. Contó que la película le tomó alrededor de cinco años y que hubo momentos en que era tan desafiante que estuvo a punto de rendirse. Ahora que ve el resultado la satisface haber conectado con tantas personas a través de su relato.
Creo que esto conexión lograda se debe a que en esa sala había abuelas, nietas y mujeres que han escuchado consejos, que han renunciado a quereres y también han escrito cartas.
Hubo una frase que, según contó Tatiana, apareció en uno de los comentarios y reseñas sobre la película: “Abuelas, quemen sus cartas”. Al oir esto, el público sonrío. Pero realmente sería una pena. Las personas no desaparecen del todo. Quedan en lo que nos enseñaron, en lo que nos mostraron y, a veces, en aquello que escribieron sin imaginar que una nieta, muchos años después, iba a leerlas para entenderlas a ellas y entenderse también un poco mejor a sí misma.
* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.
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