Revisaba los libros recién llegados a una librería cuando pensé que vivía un déjà vu. Estaba seguro que este libro lo había visto al menos tres veces más en distintas partes del anaquel. No entendía por qué un mismo libro estaba en tantos lugares. Hasta que recorrí mis pasos y me di cuenta que eran libros distintos. Con portadas parecidas, muy parecidas, pero distintos al fin.
Y compartían el mismo género: literatura juvenil. Me sentí viejo, anticuado al no entender este género. Y me sentí más viejo cuando me puse a refunfuñar mentalmente sobre el porqué han agrupado romance, horror, fantasía bajo una nueva categoría que no dice mucho, realmente.
Pensé en las películas. En la cartelera hay producciones de acción, comedia, terror y drama. Pero no hay cine juvenil. Al menos no lo promocionan así.
¿Y desde cuándo existe la literatura juvenil? No recuerdo que hubiese un tipo de libro para mi época joven. Quizás el único fuese Juventud en éxtasis, que más que entretenernos buscaba asustarnos y adoctrinarnos. ¿Acaso fue Harry Potter la saga que abrió realmente esta puerta?
No voy a caer en el juego de que mis tiempos -que viejo sueno- eran mejores, porque realmente no se trata de la calidad del libro; en todos los géneros hay cosas buenas y muchas otras malas. Esto se trata exclusivamente de su categorización. ¿Acaso existe la literatura madura, o de tercera edad? Y si es una mera estrategia de marketing, ¿no convendría más una misma oferta para todas las edades y no por grupo etario?
Tengo más preguntas que respuestas. Más porque realmente no sé si había una literatura juvenil como tal antes de Harry Potter, hace 20, 30 años. Incluso, creo que existe una clara diferencia entre las lecturas del pasado en comparación con lo que leemos ahora.
Y eso se traduce en toda la literatura, porque llegó un momento en el que se multiplicaron las segmentaciones de los libros, de novelas, cuentos y poesía, pasamos a no ficción, literatura universal, biografías, autoayuda, libros infantiles y juveniles.
Ahora hay un impulso lector distinto: el mercado ha empezado a capitalizar y monetizar a la literatura. Se midió el consumo juvenil -no la lectura propiamente- y se abrió un nicho.
Al buscar información sobre la literatura juvenil, encontré algunas características curiosas. Una de ellas es que muchos de los libros que buscan ocupar este género utilizan los diálogos como principal herramienta para mover la trama. Es decir, hay muy poca descripción e introspección, y las conversaciones de los personajes es lo que empuja la dinámica. ¿Sería esta la principal característica para encasillar una obra como literatura juvenil? Si Han Kang publica un libro con el diálogo como principal motor, ¿sería un libro juvenil?
Quizás toda esta reflexión se produce al sentirme más viejo por pensar que estos libros no son para mi. Cuando era joven, al igual que la mayoría de mis amistades universitarias, me sumergí en las páginas de Pizarnik, Cortázar, Borges y García Márquez. ¿Era esta la literatura juvenil de entonces? Quizás sí, y lo único que cambió ahora -aparte del estilo- es que existe un nombre para agruparlos. O quizás sí es algo nuevo que aún no logro entender del todo. Ustedes saben, cosas de viejo.
* Los autores son los periodistas Luis Burón y Octavio Colindres, creadores de la columna Libro Albedrío.

