Esas vocecitas que te dicen “no estoy lista”, “me van a decir que no”, “qué dirán de mí”, no son ciertas… son tu mente.

¿Alguna vez te has quedado con las ganas de hacer algo? Cambiar de trabajo, empezar ese proyecto que tienes en mente, hablar en público, pedir un aumento… y justo cuando estás a punto de intentarlo, una vocecita en tu cabeza te dice: “mejor no, me van a decir que no” o “no soy lo suficientemente buena”.

¡A todas nos pasa! Y lo complicado es que muchas veces terminamos creyendo que esa voz tiene la razón. Pero una creencia no es necesariamente un hecho. Y justo de eso hablamos cuando se trata de creencias limitantes, un concepto de coaching que le pone nombre a esas ideas infundadas en nuestra cabeza y que nos cierran puertas innecesariamente.

Estas se van formando a lo largo de nuestra historia: con cosas que nos dijeron de niñas, comparaciones, experiencias que no salieron como esperábamos o incluso momentos en los que fallamos y decidimos que eso significaba que no éramos capaces. También nacen de juicios y opiniones de los demás, a las que les damos tanta importancia que terminan definiéndonos si lo permitimos.

¡Cuidado! Cuando una creencia se convierte en una verdad incuestionable, dejamos de explorar nuevas oportunidades y de intentar cosas diferentes.

Y estas creencias no solo aparecen en lo profesional. También pueden estar presentes en nuestras relaciones, en la forma en la que nos vemos y nos tratamos a nosotras mismas, en cómo nos relacionamos con el dinero y en nuestra autoestima e influyen en nuestro diálogo interno. Recuerda que tú eres la única persona con la que estarás 24/7 el resto de tu vida, ¿Cómo te estás tratando?

Así que… ¿Has cuestionado alguna vez esas creencias? Reemplázalas por creencias potenciadoras.

5 formas de empezar a combatir tus creencias limitantes son:

1. Identifica la creencia: Primero tienes que reconocer qué te estás diciendo. Cuando aparezca un “no puedo” pregúntate: ¿Por qué creo que no puedo?

2. Cuestiona la evidencia: Busca pruebas que sostengan esa idea, pero también aquellas que la contradigan. Quizás no eres experta todavía, pero eso no significa que no puedas aprender.

3. Cambia la forma en la que te hablas: Somos nuestro crítico más duro. Es tú decisión tener una mirada más optimista de ti misma.

4. Atrévete a dar pequeños pasos: Tu vida no va a cambiar de un día para otro. Pero puedes dar pequeños pasos que te permita comprobar que sí eres capaz de avanzar.

5. Permítete cambiar de opinión sobre ti: No eres la misma persona que eres hace cinco, diez o veinte años. Lo que antes no podías hacer, quizás hoy sí. Está bien cambiar y ese pensamiento es liberador.

No olvides que nuestras creencias pueden abrirnos puertas o cerrarlas así que la próxima vez que esa vocecita te diga “tú no puedes”, tal vez valga la pena responderle: “Ok, pero… ¿y si es posible?”.

Besos,

Sheldry