Este mes se cumplen 15 años desde que participé en Miss Panamá y Miss Universo.
Una experiencia que marcó un antes y un después en mi vida y que, por eso, me llevó a abrir el baúl de los recuerdos, para volver a mirar a esa versión de mí llena de sueños, con ganas de brillar, y agradecerle por todo lo que hizo para llegar hasta aquí.
Y es que, a pesar de lo que muchas personas puedan pensar, los concursos de belleza pueden ser una plataforma capaz de potenciar tus sueños y convertirse en un trampolín de crecimiento. Como lo fue para mí.
Y no hablo solamente de la belleza, hablo también de todas esas habilidades blandas que aprendes y desarrollas en el camino, y que después puedes llevar contigo a muchos otros aspectos de tu vida.
Lo que yo fortalecí participando en un concurso de belleza, son herramientas que me quedaron para la vida.
Por ejemplo, la disciplina, que es la ventaja competitiva más poderosa que puede tener una persona para llevar al talento a otro nivel. Y es que detrás de un concurso de belleza hay meses de preparación, estudios, sacrificios, entrenamientos y muchísimo tiempo invertido.
La versión de ti que llega a brillar en ese escenario es el resultado de todo lo que hiciste cuando nadie estaba mirando.
Y es que se trata de un concurso de resistencia. Uno de los grandes retos es aprender a sonreír mientras recibes críticas, porque cuando expones tu vida públicamente, le abres la puerta a los juicios. ¡Y los haters no tienen piedad!
Ahí aprendes a tomar lo que te sirve y dejar ir aquello que no.
También desarrollas un gran manejo de la presión. Estar bajo la mirada de miles de personas también implica aprender a mantener la calma, confiar en tu preparación y recordar quién eres, incluso cuando todo a tu alrededor parece estar evaluándote.
Y uno de los grandes regalos que te da vivir esta experiencia es potenciar tu comunicación. Aprendes a expresar tus ideas, responder preguntas, hablar frente a un público, relacionarte con personas diferentes y representar mucho más que a ti misma. Entiendes que eres escuchada y eso es un compromiso. ¡Tu voz te puede llevar lejos!
Estas y muchas otras habilidades me han llevado a entender que la corona jamás fue el premio porque al final, cada año coronan a una nueva Miss y la corona se entrega. Lo que permanece es todo aquello que construyes en el proceso. “El premio no es la meta, el premio es el camino”.
Estos 15 años han sido mucho más que una colección de recuerdos bonitos. Han sido años de metas, planificación y acción. De experiencias buenas y no tan buenas. De reinventarme, de equivocarme, de volver a empezar y de tomar oportunidades incluso cuando no me sentía lista. Y cuando una oportunidad no tocó mi puerta, aprendí a crearla.
Quizás por eso me emociona tanto volver a mirar aquella corona. En su diseño hay una mariposa y hoy la veo con otros ojos. Para mí representa exactamente lo que ha sido este camino: transformación, evolución y la valentía de abrir las alas para descubrir hasta dónde puedes llegar.
Gracias a mi país que me apoyó con tanto cariño y calidez, a quienes creyeron en mí. Gracias a quienes me dieron oportunidades y a quienes continúan haciéndolo.
Y gracias también a aquella joven que hace 15 años se atrevió a soñar en grande.
Besos,
Sheldry


