Creo firmemente que nadie puede negar la relación existente entre nuestras emociones y el manejo del dinero.
La planeación financiera tiene mucho que ver con nuestras emociones, pese a que creamos que esta obedece más a la lógica, números, disciplina y principios a seguir.
Al manejar dinero entran en juego factores tales como la relación que tenemos con él, su significado para nosotros, lo que sentimos al tenerlo, usarlo o no contar con él. El manejo del dinero nos lleva por el camino de identificar y vencer nuestros miedos y a manejar e identificar las diferentes reacciones financieras ante diversas situaciones. Cuando descubrimos los resortes emocionales, los motivos detrás de nuestras decisiones financieras, es más fácil crear y ejecutar un plan financiero.
Daniel Goleman introdujo en el libro Emotional Intelligence la noción de la Inteligencia Emocional y la definió como la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos y la habilidad para manejarlos.
Emociones como el temor, los celos, la autocomplacencia, la desidia, la pereza, la vanidad, una autoestima lastimada o muy pobre, el resentimiento, son, entre otras, fuertes emociones que en su momento nublan el buen manejo del dinero propio.
Los celos y la vanidad unidos a una autoestima debilitada nos pueden llevar a iniciar una carrera, una competencia por tener ropa, tecnología, calzado, vivienda, que pueden hacer peligrar la estabilidad financiera.
Este comportamiento es el que mueve a las personas a gastar más de lo que pueden pagar, y los deja en un endeudamiento que podría generarles graves problemas. Haga un análisis de si esto es necesario y si puede adecuar su presupuesto para adquirir tales cosas. Si no le alcanza hoy, será una motivación para seguir trabajando fuerte para adquirirlo en el futuro.
A veces nos gana la desidia, la pereza, pues nos lleva a dejar todo y nuestras finanzas para después, por lo cual posponemos decisiones importantes sobre la administración del dinero. Lo peor es que uno siempre se acaba arrepintiendo, porque aun sabiendo lo que se debía hacer, no se hizo bien ni a tiempo.
Me aterra pensar en mis finanzas, dicen algunas personas que se niegan a analizarlas.
Eventualmente, este patrón daña sus finanzas aún más.
Aprender a administrar el dinero es un proceso que toma mucho tiempo y que requiere de esfuerzo y disciplina. Al no querer informarnos sobre cómo manejar el dinero, a veces acabamos preguntando a familiares o amigos que tienen menos idea que nosotros.
Los resentimientos también son dañinos compañeros de una sana administración financiera. Analice sus sentimientos y emociones hacia el dinero y busque la manera de mejorar sus actitudes.

