Suena el teléfono, es un número desconocido.

Contestas con curiosidad y es del banco, indicando que tienes un préstamo preaprobado de $20,000 y que hoy mismo, ese dinero podría estar en tu cuenta. La oferta suele sonar atractiva: rápida, sencilla y exclusiva.

No voy a mentirte. Es normal que, por un momento, empieces a pensar en todo lo que podrías hacer con ese dinero: salir de una deuda, cambiar el carro, remodelar la casa o hacer ese viaje que tanto querías.

Pero antes de responder, hay algo importante que debes saber.

¿Qué significa el préstamo preaprobado?

Muchas personas sienten que recibir esta llamada es casi un premio. Como si el banco les estuviera diciendo: “Eres un excelente cliente, aquí tienes dinero.”

Y no es exactamente así.

Un préstamo o una tarjeta de crédito preaprobada simplemente significa que, con la información financiera que el banco tiene sobre ti, considera que podrías calificar para ese crédito.

Eso es todo.

¿Qué pasa si digo que no?

Hay personas que aceptan la oferta porque piensan que, si la rechazan, el banco ya no volverá a prestarles dinero cuando realmente lo necesiten.

La buena noticia es que no funciona así.

Decir que no hoy no te cierra las puertas para mañana. Si en el futuro necesitas un préstamo y cumples con los requisitos del banco, podrás solicitarlo nuevamente.

No tienes que aceptar un crédito simplemente porque está disponible.

¿Y si digo que sí?

Antes de aceptar cualquier préstamo, hazte tres preguntas muy sencillas:

  • ¿Para qué necesito este dinero? ¿Es realmente una prioridad?

  • ¿La cuota mensual cabe cómodamente en mi presupuesto?

  • ¿Estoy resolviendo un problema o simplemente aprovechando que me lo ofrecieron?

La realidad es que no todos los préstamos son malos.

Hay casos en los que pueden ser una excelente herramienta. Por ejemplo, cuando te permiten consolidar varias deudas en una sola con mejores condiciones o financiar algo que realmente aporta valor.

El problema es cuando aceptamos el préstamo porque sí.

He visto personas aceptar un crédito “porque ya estaba aprobado” y terminar usándolo para gastos que pudieron esperar o para mantener un estilo de vida que realmente no podían sostener. Meses después, seguían pagando una cuota por una decisión que tomaron en apenas cinco minutos.

Si decides analizar la oferta, no te quedes solo con el monto que te pueden prestar. Pide que te expliquen, y si es posible que te lo envíen por escrito, cuál será la tasa de interés efectiva anual, la cuota mensual, el plazo, los seguros, las comisiones y cuánto terminarás pagando al final. También vale la pena preguntar si puedes hacer abonos extraordinarios o cancelar el préstamo antes de tiempo sin penalidades.

Al final, la pregunta más importante no es si el banco te aprobó el préstamo.

La verdadera pregunta es: ¿ese préstamo tiene sentido para tu vida financiera hoy?

Porque una oferta preaprobada no es una obligación. Y muchas veces, la mejor decisión financiera no es aceptar el dinero que te ofrecen, sino tener la tranquilidad de decir: “Gracias, pero por ahora no lo necesito.”

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.

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