No estaba del todo segura cuál sería un nombre apropiado para esta columna de forma que éste no los llevara a pensar que se trata de un tema distinto al que realmente expondré. No encontré ninguno lo bastante bueno así es que me quedo con el original, aunque dé la impresión de que les hablaré de cocina.

Nada más alejado de la realidad. Lo único que utilizaré de la disciplina gastronómica son los sabores, más no los que ponemos en una paila sino aquellos que se conjugan en la vida diaria para hacer de esta “un buen guiso”.

Es muy común pensar, por ejemplo, que lo dulce frente a lo ácido o amargo es mejor, sin embargo, cuántas veces no hemos quedado empalagados al segundo bocado de algo lleno de azúcar. Igual ocurre con las experiencias que vivimos. Todo no puede ser dulce. Pienso yo que sería aburridísimo. Se me ocurre que ese coctelito que está tan de moda es un buen ejemplo: el Aperol Spritz. Se suele brindar en las tardes y a muchos les parece refrescante, lo cual lo hace muy apropiado para este clima nuestro, pero si analizamos su contenido —Aperol, Prosecco y soda simple o parientes— veremos que las notas amargas del Aperol refrescan el paladar.

¿Han pensado alguna vez que una experiencia amarga nos sirve para potenciar aquellas que hacen la vida más fácil? Siempre los contrastes son buenos y mucho de lo mismo, aunque sea bueno, como mencioné anteriormente, empalaga.

Analicen los ingredientes de un buen guiso… digamos el que preparamos para un arroz con pollo o para complementar una pasta. Empezamos preparando la justa cantidad de los vegetales que le darán sabor y color: cebolla, ajo, ajíes, apio, zanahoria y cualquier otro que sea cajonero en su recetario. Estos se saltean por alguna grasita. Esta dependerá de sus gustos, sus tradiciones o las restricciones de su médico, pero no falta, aunque sea una pizca. Las especias que añadimos, generalmente en menor cantidad, tienen la responsabilidad de aportar a la personalidad del plato y que no falte la sal sin la cual nada sabe igual, aunque a nadie se le ocurre consumirla sola.

No deje por fuera del menjurje de su vida ningún ingrediente. Aprenda a darle a cada uno el valor que le corresponde en el gran esquema de las cosas. Habrá ocasiones en que el potaje será saladito, mientras que otras el picor le hará llorar. No olvide que hay lágrimas de placer, o por lo menos eso dicen los mexicanos. Yo, que soy muy rara, favorezco comerme algo dulce como una barra de chocolate acompañada por una bolsa de papitas fritas bien saladitas en el mismo bocado. ¿Quién entiende? Y estoy segura de que no soy la única aficionada a mezclar sabores.

Y, para no aburrirnos conviene atreverse a probar cosas nuevas, no sé, escalar una montaña, lanzarse en paracaídas, bañarse en altamar, bajar los rápidos de un río o sencillamente buscar una semana de soledad total para encontrarnos cara a cara con los propios pensamientos. Lo que buscamos es que al final de nuestros días cerremos con la certeza de haber preparado un buen guiso.

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.

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