Me gustan mucho las rosas. Con frecuencia me visitan los tres arbustos de rosas rosadas que tenía mi abuela en el jardín frente a su casa en el que vivían también unas araucarias enormes que Timoteo diligentemente llenaba de enormes focos de colores cada diciembre.

Aquellos rosales no eran ni frondosos, ni parían flores en abundancia. Una que otra de vez en cuando y no muy grandes, pero eran rosas a fin de cuentas.

Para ser honesta, nunca vi a mi abuela jardineando. Ella iba al Summit a comprar plantas y Timo se encargaba del resto. Me parece recordar que el plumbago que estaba en el macetero en la ventana de la sala daba su trabajito, pero cuando le daba la gana se lucía.

El premio Oscar se lo llevaba el jazmín que estaba en una esquina frente a la casa y que nunca dejó de crecer y perfumar el vecindario. Era del “automático” asi es que botaba las flores antes de que secaran, ergo siempre estaba cuajado de flores blancas.

Volviendo a las rosas, un verano que fuimos a pasar una semana en Boquete, la tía Julie nos llevó a visitar a su amiga Inga Collins. ¡Dios mío, qué rosales! Creo que luego de casi treinta años todavía puedo sentir su aroma. Algún día plantaré rosas, pensé.

Pero pasaron los días y los meses y los años y aun no he plantado el primer rosal. Confesión: cuando lo pienso me ataca el pánico, ese de que no me complazcan. ¡Habrase visto!

Tantas cosas valientes que he hecho en mi vida y no me atrevo a plantar rosas. Ni yo misma lo entiendo, pero es la realidad.

Ocurre que ahora que le estamos dando calor a la casa de la finca, que recién estrenamos, ha vuelto aquel viejo deseo de cultivar rosas.

No me decido. La tierra es maluca, pero me repito que no se puede abandonar este mundo con líneas sin tachar en la lista de pendientes.

Creo que voy a tocar este tema con Fábrega, a quién nunca le he contado de esta locurita mía, a ver si entre los dos empezamos a probar.

Claro que como excusa me digo que las rosas se tienen que poner en fila detrás de los ajíes, el romero y el resto de sus parientes. No hay como ser creativo para las excusas. Me río sola.

Prometo mantenerlos al día de este nuevo proyecto. Quien tenga datos que pueda compartir para que no me vaya tan mal, acepto sugerencias.

Empezaré estudiando un poquito sobre el tema a ver si el conocimiento me anima… o aumenta mi pavor. Y cuando ya me sepa la teoría… sembraré rosas amarillas. Algún día les contaré para qué.

Mientras tanto me seguiré deleitando con esos jardines hermosos con cientos de variedades de rosas que cuidan en viejos palacios y otros sitios como esos que uno visita cuando viaja.

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.

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