1500X1000DIARIO - Las maravillas de la curiosidad ¿o de ser curioso?

Creo que ya antes les he contado que con frecuencia visito el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su sitio web “Rae.es”. ¿Por qué no?, si uno no está seguro de algo, mejor confirmarlo antes de meter la pata. Tengo que decirles que no siempre me quedan claros los conceptos y es en esos momentos en los que me refiero a esos correctores de texto que tanto admiro y que hasta ahora han sido lo suficientemente generosos con sus conocimientos y su tiempo como para darme las explicaciones que ando buscando.

Traigo esto a colación, pues deliberando sobre compartir con ustedes lo maravilloso que me parece la curiosidad, me salta la duda sobre el significado real de la palabra y salgo volada a buscarlo. Me gusta la primera definición “cualidad de curioso”, pero implica que debo ir a buscar curioso, lo cual, por supuesto, hago. Hay suficientes como para que cada quien pueda escoger su favorita y van desde “limpio y bien arreglado”, hasta “estimable o apreciable”. De las ocho listadas favorezco la segunda que lee “inclinado a aprender lo que no conoce”. Vemos pues, que ambas palabras pueden usarse para muchas cosas.

Esto de estar “inclinado a aprender lo que no conoce” me define perfectamente y ante esta cualidad o defecto debo llegar entonces al arte de preguntar. Que según mi marido yo no domino, pues él piensa -y algunos de mis hijos también- que yo no pregunto, más bien interrogo. Siento disentir con esta opinión. Es cierto que soy preguntona, pero de allí a interrogatorio judicial hay un gran trecho.

Lo que sucede es que pienso -muy humildemente- que en términos generales, cuando se entabla una conversación una pregunta lleva a otra y la segunda a una tercera y así sucesivamente. Por ejemplo, si le pregunto a alguien si es casado y me responde que sí, no veo nada de malo en preguntarle si tiene hijos y si por segunda vez la respuesta es afirmativa, pues qué mal habrá en inquirir cuántos. Como ven, es un intercambio totalmente inofensivo, que además abre la puerta a que el interlocutor se sienta con la confianza suficiente como para preguntarme a mí.

Es más, creo que en el universo actual de las relaciones interpersonales el que una persona se interese por algo, más que su nombre completo, su número de cédula y su dirección, es una bendición. Es el interés honesto y directo, sin morbosidad alguna, lo que lleva al conocimiento profundo de otras gentes y por consiguiente al desarrollo de vínculos más estrechos entre dos seres humanos. ¿No es eso lo que le hace falta a la despersonalizada humanidad? Yo digo que sí. Además, les repito algo que ya les he dicho muchas veces: ante una pregunta respetuosa la gente suele responder sin problemas.

Volviendo a los curiosos y su curiosidad, me parece fabuloso que cada día uno pueda añadir al álbum de conocimiento aunque sea una nueva figurita. Que en algunos casos -quizás el mío, aún no he decidido- para guardar esa, haya que descartar alguna más vieja porque el espacio en el disco duro es limitado y está utilizado al máximo, son otros 500 pesos, pero eso ya es asunto de manejo de almacenaje y cada quien que lo organice como más le guste.

Yo, por ahora, seguiré con mis cadenas de preguntitas inofensivas y ya veré si le añado a mi cerebro un “disco duro externo” donde pueda almacenar toda la información obtenida.