Estoy segura de que muchísimos de ustedes saben qué significa el término que utilicé para el título. Me parece genial pues para mi es completamente nuevo. ¿Qué puedo decirles? No estoy familiarizada con las filosofías japonesas de vida, aunque sí estoy consciente de que en aquel lejano país desde tiempos inmemoriales practican estilos de vida orientados al bienestar físico y emocional. Y, uno lo sabe, pero no necesariamente lo practica a conciencia.

Bien, estoy leyendo un artículo interesante y me salta el término en cuestión. Aparte de que suena “sabroso” de pronunciar, despierta mi curiosidad: “un motivo para levantarte por las mañanas, tu razón de ser, y no es dirigirte a una oficina de ocho a cinco. Es mucho más. Ya con “el motivo para levantarte” me cautivó, pero al seguir buscando encuentro que, al igual que muchas otras filosofías de vida, esta se compone de cuatro pilares. Les pido que me tengan paciencia y que si lo que comparto no es cien por ciento exacto entiendan que este descubrimiento acaba de ocurrir y no he profundizado en él.

Veamos pues qué me dijeron mis amigos de la Web sobre este concepto. Una de las descripciones me llamó la atención por encima de las otras simplemente porque me recordó aquella teoría de conjuntos que nos explicaron en el colegio en primer año de secundaria y que surge frecuentemente en la vida. La descripción empezaba diciendo que es el punto de intersección entre cuatro esferas importantes del devenir diario que son: lo que amas, aquello en que eres bueno, lo que el mundo necesita de ti y lo que te puede generar ingresos.

Sonó sencillo, ¿verdad? Yo hice un esfuercito “a lo rapidol” para ver si se me aparecía ese punto y me perdí. Muy iluso de mi parte pensar que podía descubrir algo tan profundo “a lo rapidol”. Pero bueno, uno trata. Se deja llevar por el impulso de sentir que los años cumplidos, que no son pocos, ofrecen suficiente destreza para descubrir esos secretos que nos harán mejores personas en lo que nos falta por vivir.

Quizás lo más difícil del ejercicio no es encontrar el punto de convergencia sino descubrir y descifrar lo que hay en el fondo de cada uno de los cuatro pilares. Saber, de verdad, verdad, qué nos apasiona. Buscar más allá de lo obvio qué hace que el corazón lata más rápido, qué podríamos hacer por horas, días y meses sin aburrirnos ni un instante. No cuál es la afición del momento, sino, la que va más allá.

Y ese ejercicio habría que hacerlo en cada una de las esferas mencionadas. En el silencio escandaloso de mi puesto de trabajo me pongo a pensar que quizás aquello para lo que siempre he pensado que soy buena es solo una práctica que, por repetitiva, me viene fácil y que, quizás, sería conveniente experimentar con otra cosa. Bueno, así me ha quedado la tarea. Espero poderla completar a tiempo para que me sirva para el resto de la vida.

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.

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