21mayDeldiariodemama1000 1024x605 - Feliz con lo pocoSiempre me ha gustado aquel refrán que reza: “No es más rico quien más tiene sino el que menos necesita”, pues me parece que es una política de vida que hace que todo sea considerablemente más sencillo. No queda uno atrapado en la carrera de ratas en la que suele participar activamente un gran número de seres humanos, quienes, por no estar contentos jamás con lo que tienen, se estancan en el ciclo de invertir todo su tiempo trabajando para tener cosas que a la postre probablemente ni querían, pero que como alguien más las tenía…

Y, la verdad, es que no solo me gusta como suena y lo que implica, sino que me encanta poder vivir así: necesitando poco. Y si algo bueno nos dejó la pandemia es el claro entendimiento de que lo que necesitamos no son cosas sino momentos. Por ejemplo, para mí, la imposibilidad de tener contacto con mis nietos por varios meses se sintió como una verdadera carencia, un vacío enorme que nada que yo comprara por entrega a domicilio podía llenar.

Y, organizar lista de necesidades, poner órdenes y luego “desinfectar” cada frijol que entraba a la casa no era para nada divertido, así es que si se puede vivir por un mes con una libra de porotos que así sea. Se imaginarán que si los pedidos de comida se manejaban de manera frugal los de ropa y otros lujos ni se manejaban ya que si uno no sale a ningún lado pues la ropa no se gasta, excepto aquella de “entrecasa” (nombre que recibía en los tiempos de mi abuela cualquier batilongo que uno se pusiera a la vuelta de callejear) que hoy en día es la ropa de hacer ejercicio ─aunque esa se usa de “entre casa” y “fuera casa”. Ni hablar del combustible que se ahorró en mi familia.

Confieso que ir de compras nunca ha sido uno de mis vicios así es que por ahí no me dolió la ausencia; salir a restaurantes tampoco es algo que hacemos con frecuencia y los “bares y discotecas” llevan años de haber caído en el olvido. ¿Ven por dónde va la cosa? Frente a esta “nueva normalidad” vale la pena evaluar cuidadosamente el abanico de aprendizajes y hacer un esfuerzo por apropiarlos de forma permanente. Porque, además, vienen tiempos duros. Muy duros.

No nos engañemos, la recuperación de nuestro querido país será lenta y dolorosa y cada uno debe hacer un esfuerzo por comportarse con madurez en todos los aspectos de la vida. No hay tiempo ni espacio para ñañequerías ni malacrianzas. No hay espacio para el despilfarro, aunque este consejo suele caer en oídos sordos, especialmente en los oídos de los que más deben ahorrar, pero igual uno lo menciona por si acaso se da una afortunada excepción.

Yo veo los meses que vienen como aquellos que siguieron a las grandes guerras y nos toca reconstruir. Entonces, quizás, podemos empezar a romper ese montón de listas de cosas inútiles que alguna vez pensamos que queríamos y crear otras llenas de vivencias que serán lo que realmente nos dará felicidad en el largo plazo.