Coloco esta frase entre comillas pues, aunque no he logrado encontrar un autor específico para ella, la leí en un artículo titulado Los orígenes ancestrales de los propósitos de Año Nuevo y cómo ha cambiado la tradición, escrito por Kristen Rogers de CNN, en el cual cita a diversos profesionales sobre el tema en cuestión. La frase la usa para referirse a los principios que han surgido para respaldar todo el rollo de hacer promesas al final de cada año sobre lo que deseamos mejorar durante el calendario que inaugura.
Todos estamos familiarizados con los propósitos de Año Nuevo y sus rituales, limpiar la casa, escribir carta al Espíritu de Navidad cuya llegada coincide con el solsticio de invierno cada año, perdonar viejas rencillas, comer menos y ejercitarse más, en fin, propósitos hay muchos y variados, el caso es que al final todos van en la misma dirección: ser mejores.
Existen muchas técnicas de autosuperación. Siempre he pensado que para finales del siglo pasado tuvieron su gran auge. Profesionales de todas las ramas diseñaron técnicas, escribieron libros, dictaron seminarios, en fin, todos tenían la respuesta perfecta para que, quienes siguieran su metodología llegaran a ser, en un tiempo prudencial, la persona que soñaban.
No sé si es tan fácil ni tan automático; los seres humanos tendemos a regresar a nuestras viejas mañas más rápido de lo que nos gustaría. ¿Cuántas dietas no terminan el viernes a tan solo cinco días de haber empezado? ¿Cuál será el lunes en que no llegaremos tarde a trabajar? En fin, nos cuesta superar la imperfección humana con que arribamos a este mundo. Sin embargo, seguir tratando es lo que importa.
Por eso me gustó tanto la dichosa frase pues me parece que es una forma bastante práctica de escoger un rumbo y seguirlo. No empiezas con perfección, no empiezas como quieres verte al llegar a la meta, empiezas dando un paso tras otro por esa ruta que piensas que eventualmente te llevará al destino anhelado. “Empieza como quieras seguir”, hasta me gusta como suena. Y, definitivamente me parece una práctica ideal para nosotros los mortales comunes y corrientes.
Debo confesarles que desde hace años dejé de escribir mis propósitos para el nuevo año; un día concluí que era una tarea —en mi caso— bastante fútil. Invertía tiempo y esfuerzo y para el tercer mes del año ya se había movido tanto de lugar que no encontraba el dichoso papel, porque ustedes bien saben que una está leyendo y alguien llama y el papel queda en la ruta que seguimos mientras hablamos y alguien lo toma “para acomodarlo” y lo pone quien sabe dónde y bueno..., el asunto es que se ubica donde le da la gana que no es donde a uno se le ocurriría buscarlo. Aparecerá algún día, no hay duda para ya para el año 2053 estará fuera de contexto.
Por ahora seguiré la modesta ruta de enfocarme en cómo quiero seguir y el próximo diciembre les contaré como me fue.
* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.
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