Los años sesenta, ¡qué tiempos aquellos! Pasábamos casi todo el tiempo libre “afuera”, afuera de la casa, fuese jugando en el patio o dando vueltas por el vecindario. Recordemos que los vecindarios eran exactamente eso, no las áreas de paso, como se han convertido hoy en día. La televisión empezaba en Panamá y el horario de programación era relativamente corto. Eso de televisión veinticuatro horas no se conocía por estos lares.

Estos bloques cortos de transmisión empezaban, generalmente, de cinco de la tarde en adelante, por lo que nuestras horas de “pantalla” solían ser después de cenar. En días de semana significaba que podíamos ver un máximo de dos programas pues había que acostarse temprano para ir al colegio al día siguiente. Inicialmente, solo había una estación de televisión y, en las casas, un solo aparato de televisión, así que la familia se sentaba unida a ver “lo que había”. Más adelante, cuando llegó la segunda estación de televisión, se negociaba qué programa se escogía. Se hacían votaciones, se negociaban transmisiones futuras, en fin, se aprendía el arte de “ponerse de acuerdo”.

Por supuesto que cada quien, muchas veces dependiendo de la edad, tenía sus favoritos. Algunos, como Bonanza, nos tentaban a todos. Yo creo que todavía, a los setenta y uno, si me ponen un episodio quedaría clavada. Ahora bien, sin lugar a dudas, las series de médicos y hospitales siempre han estado entre mis favoritas, aun hoy en día. Hay algo en ese universo de enfermedades, diagnósticos, urgencias, dudas existenciales e historias de éxito que me llama la atención. Además, los médicos siempre son guapísimos.

En los años sesenta, las fans se dividían entre Dr. Kildare, el rubio, y Dr. Ben Casey, el pelinegro. Yo me mantengo en el último bando. A lo largo de los años llegaron otros médicos. Marcus Welby era el siempre adorado médico familiar que mantenía vivas las prácticas que ya empezaban a desaparecer, como visitar a sus pacientes en casa con su típico maletín de cuero negro. M*A*S*H también resultó un gran éxito pues, aunque se suponía que estaba ambientada durante la guerra de Corea, siempre se asumía que se estaban refiriendo a Vietnam, que fue el conflicto bélico que todo el mundo rechazaba, especialmente los jóvenes. Con su mezcla de humor negro y cruda realidad se mantuvo entre las más populares por muchos años.

Con E.R. era difícil decidirse por un favorito, pues los cuatro protagonistas masculinos cautivaban, fuese con su look, con sus cualidades humanas o con ambas, aunque también estaban los odiosos. De Grey´s Anatomy me encantaba el papel destacado que dieron a las mujeres —ya iba siendo hora— y les cuento que recientemente descubrí The Good Doctor, serie sobre un joven autista que llega a ser jefe de cirugía del hospital en que trabaja, luchando siempre por superar la discriminación de muchos de sus jefes y compañeros de oficio.

Quién sabe qué otro médico de televisión llegará por ahí a cautivarme, pues definitivamente tengo debilidad por los personajes vestidos de blanco… aunque ahora se visten de verde.

* Las opiniones emitidas en este escrito son responsabilidad exclusiva de su autora.

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