Durante gran parte del siglo XX las reglas de “ayuno y abstinencia” eran mucho más estrictas que hoy en día, o por lo menos esa es la impresión que tengo, dado que en aquellos días cuando se faltaba a ciertas “reglas” se hablaba de ser pecador.

Uno, muy joven, porque la primera comunión se hacía a los seis años, vivía en constante pánico frente a lo que debía ser un evento maravilloso como lo es comulgar. En primer lugar, había que ayunar tres horas antes de recibir la comunión y al finalizar la misa había que pasar por la sacristía a retirar un papelito mínimo con el sello de la iglesia que servía de constancia para presentar el lunes en el colegio. ¡Que no se perdiera el dichoso!

De allí entrábamos en la Cuaresma y las restricciones de ingerir carne los viernes, que se solía sustituir por pescados y mariscos lo que siempre me ha parecido una especie de contradicción dado que estos siempre se han considerado un lujo comparados con la “humildad” de un bisté picado. Por supuesto, que vale la pena aclarar moviéndonos de los mandatos eclesiásticos a los presupuestarios, que hoy en día todas las proteínas tienen precios astronómicos, pero ese es tema para otro artículo.

Hoy en día la iglesia católica ha ido evolucionando con respecto a estos temas y propone, con excelente juicio, que los ayunos se orienten más hacia acciones de vida que a comidas. Tiene todo el sentido del mundo. Privarnos de comer carne o reducir la ingesta diaria de alimentos en aquellos días designados como “de guardar” constituye en sacrificio personal que podría inducirnos a la reflexión, pero dejar de hablar mal del vecino puede tener un efecto mucho mayor, no solo en cada persona, sino en la sociedad como un todo.

No estoy al tanto de lo que promueven los pastores de caminos de fe distintos a la religión católica, pero me parece maravilloso que en tiempos recientes los católicos promuevan acciones y/o sacrificios orientados hacia el bien común.

Hoy en día es tan fácil criticar, y criticar públicamente, pues con las redes sociales a cada pensamiento le toma exactamente medio segundo difundirse por el mundo, con el daño que puede llegar a infringir y el cual muchas veces no medimos.

Cada vez más escuchamos que el cyber bullying —o ciberacosoocasiona daños psicológicos enormes y en muchos casos lleva a decisiones tan terribles como el suicidio. Vemos que lo que en algún momento pudo empezar como un chiste va mucho más allá.

Cierto es que en estos días de reflexión podemos privarnos de muchas “cosas” que nos gustan: el dulce, el licor, las fiestas, la carne, pero si hacemos un verdadero examen de conciencia quizás podemos preparar una lista de acciones que nos lleven a un cambio más profundo, más radical, más duradero. Una lista de acciones que nos convierta en mejores personas. Espero que muchos de ustedes hayan tomado eso en cuenta al hacer su “manda” de Cuaresma.