Cuando voy en carro y mi marido maneja tengo oportunidad de pasar el rato viendo los letreros que decoran gran parte de mi ciudad, o del país, en muchos casos bastante peculiares. Abundan en ellos las faltas de ortografía lo cual me molesta sobremanera, pero parece no tener remedio.
Por ejemplo, la zeta (z) es una letra amada que no le da chance ni a la ce (c) ni a la ese (s). Las fondas venden comida “gustoza” y por la carretera interamericana hay “azados” a tutiplén, e incluso “tamalez” he llegado a ver a la par de los “dulzes” artesanales. En el interior, veo con frecuencia que “se bende duro”. Las primeras veces que me topé con el letrerito me quedé pensando si es que la venta se hacía con mucho ímpetu o si es que solo contaban con solo un duro para vender, pero bueno, hacen el esfuerzo.
Estoy clara que el problema de la basura en Panamá es grave y los pataconcitos brotan a diestra y siniestra. Puedo comprender perfectamente la desesperación de los residentes que deben convivir con estas acumulaciones de basura, pero advertir “no votar vasura” no creo que resuelva el problema, aunque si añadieran un “por” antes de “vasura” podría alertar a la población para que escoja mejor a quién entrega su voto. Con candidatos bien escogidos es probable que no surjan pataconcitos y que la educación mejor lo suficiente para que puedan escribir basura correctamente.
Los “por fabor” son un plaga difundida a lo largo y ancho del país. Me impresiona como una palabrita tan sencilla, tan de todos los días no pueda agarrarse con fuerza de su uve (v); no sé, es como si a la gente le cayera mal la letrita, porque los perros suelen ser “brabos”.
Pero la pobre ache (h) esa sí que es la que más sufre. Y no importa si va por delante o en el medio, la dejan por fuera de los “orarios”, del ielo (o yelo) y de los baños de “onbres”, donde también discriminan contra la eme (m)
Sin embargo, no todos los letreros están plagados de faltas de ortografía, están aquellos bien creativos que lo ponen a uno a pensar, como aquel enorme que ponía “bienvenidos a la peor calle de Panamá”. Y cómo olvidar aquella frase plasmada en la pared de un edificio de San Felipe que leía “bórrame a besos” ante la cual no resistí la tentación de tomarme una foto.
Lo último que me ha llamado la atención son los “autos seminuevos”, lo cual me llevó a recordar los términos que, por alguna razón, se han querido eliminar del léxico mundial como telefonista y secretaria. Comprendo que las telefonistas prácticamente no existen pues han sido reemplazadas por unos mensajes computarizados insoportables que lo único que logran es que uno consuma una cantidad ilimitada de minutos de celular puesto que con frecuencia lo hacen a uno esperar para llevarlos a una calle sin salida, pero las secretarias, no veo dónde está la ofensa.
“Haber”, que no tiene nada de malo ser un “caro” “uzado”. Lo dejo de ese tamaño.
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