Visitando por Costa Rica, de donde me traje el gran cariño de los amigos queridísimos que coseché durante el año que vivimos allá para la crisis política de finales de los 80, además de algún pan delicioso que no he logrado olvidar y un par de paquetitos de TortiRicas para compartir con mi mamá, acumulé uno que otro refrán de por allá.
Durante el fin de semana que pasamos en “la casa de la montaña” en las faldas del volcán Barba resguardándonos del frío con unos cocidos deliciosos aprendí también sobre las “Santa Lucías”, una flores pequeñitas de color lila que lucen peluditas y que según mis amigos ticos si las obtienes en enero te garantizan dinero todo el año.
Me la presentaron con esta frase “a quien regala (o recibe) Santa Lucías en enero no le faltará el dinero”. Como inicialmente no me acordaba del refrancito, y mientras esperaba que mi amigo me lo repitiera, me puse a buscar por la web la información y me salieron muchos textos y de distintas localidades de América. “Santa Lucía en enero, salud, amor y dinero” “Te regalo esta Santa Lucía el primero de enero para en que todo el año no te falte dinero”. La respuesta llegó pues mi amigo José Antonio es fuente expedita de información y en el camino guardé las otras versiones. No me fue mal.
Yo no había escucha jamás de esta tradición, quizás porque en Panamá la flor cuyo nombre científico es Ageratum conyzoides no es muy conocida, o por lo menos no por mí y quizás se deba a que es una planta de clima frío en cuyo caso tendría que encontrarse en las tierras altas chiricanas y todavía mi investigación no ha llegado hasta allá.
Claro que en nuestra tierra tenemos muchas prácticas y tradiciones que contribuyen a tener abundancia en el año que inicia, como los ramitos de arroz o el arroz con lentejas y una monedita o recibir el año sobre una silla para viajar; en fin, son muchas, pero debo confesar que esta de las Santa Lucías me cautivó.
Tener una florecita en mi billetera todo el año no solo serviría para traerme dinero sino para recordarme que tengo un amigo(a) que se acuerda de mí y me desea bien todo el año. Ahora viene el segundo paso: investigar sobre la planta. Según entiendo solo crece en enero así es que hay que estar mosca a principio de año para recolectar el ramito que servirá para compartir.
Como luce peludita me imagino que sería prudente buscar la forma de meterla entre hojitas de papel o algo así para que no ensucie la billetera. Me la imagino como aquellos pétalos de rosa del ramo que mandaba el admirador admirado y que uno guardaba entre las páginas de alguna novela de amor o en el diario de vida que uno pretendía llevar, pero que nunca llegó a ser como los de la realeza.
Por lo pronto, empiezo mis investigaciones con mis amigos chiricanos y procedo a incluir en mi calendario en los meses de noviembre y diciembre alguna nota que me recuerde que, si he confirmado su existencia, debo cosecharla en enero. De lo contrario me tocará volver a Costa Rica.
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