22feb El Divorciada 1000 - Una carta a la amante

Mi primera pregunta es, ¿por qué lo hiciste?

Desde el día que te vi supe que algo no estaba bien. El famoso radar que tenemos las mujeres, ese sentido que te cala en el cuerpo, ese sentimiento que no entiendes de dónde viene, pero te grita: ¡cuidado con esa mujer!, pero yo confiaba en mi esposo.

Aún recuerdo cuando le comenté: “ojo con esa mujer, si ocurre algo te dejo en la calle”, esa amenaza que piensas que será la barrera contra cualquier cosa. Mi esposo me aseguró que eso jamás pasaría. Lamentablemente, pasó.

Mis padres me enseñaron que toda historia tiene tres versiones: la tuya, la mía y la verdadera. Aún estoy tratando de encontrar la verdadera.

Recuerdo haber recibido la llamada en la que me decían lo que estaba ocurriendo. ¿Sabes lo que se siente? Se te cae el mundo, piensas en tus hijos, piensas en tus padres, incluso llegué a sentir pena por tus hijos, porque en este mundo de tecnología casi nada está oculto.

¿Pensaste en cómo afectarían la vida de dos familias? ¿A tu propia sangre? ¿Le contaste a tus hijos que fuiste la amante de otro esposo? En mi familia, la imagen del padre y esposo amoroso quedó destruida; la imagen que mis hijos buscaban para emular ya no existía.

Cuando recibí la llamada, se escuchaba un dolor tan grande en la voz de esa persona, que sentí más lástima por ella que por mí.

¿Cuál fue mi error? Ser más madre que mujer; ser más profesional y buscar un futuro mejor para mis hijos y familia. Te aclaro que no desatendí jamás a mi esposo. Sin duda, se necesitan dos para pecar, pero tú te aprovechaste y él tomó la oportunidad.

Tengo enseñanzas muy grandes; moviste el cimiento de mi matrimonio, pero no lo destruiste. Le enseñaste a mis hijos a ser más fuertes y a enfrentar lo que la vida les dé. Se lo conté a mis hijos de frente y junto con su padre; no iba a arriesgarme a que se enteraran de otra forma. En ese momento me di cuenta de que como padres (sí, mi esposo y yo) habíamos hecho un buen trabajo. Había dolor, mucho (que espero tus hijos no hayan sufrido, ¿o es que no se los has contado aún?), y a la vez una gran madurez. Me brindaron ese amor tan grande que solo un hijo le da a una madre; me estaban devolviendo un poco el amor que les di cuando eran bebés, esa protección de leones, la misma que como madres les damos cuando alguien quiere hacerles daño. Y el mismo amor le brindaron a su padre; no lo excusaron, no lo tiraron a la calle, solo le pidieron la verdad.

Me queda seguir adelante, paso a paso, con mucho cuidado. Mi esposo me contó su versión (ya sabes, en este punto la confianza se debe ganar). ¿Crees en Dios? Búscalo, pues es quien me ha ayudado a ir superando los momentos oscuros.

Esta carta no te llegará jamás, pero llegará a muchas mujeres que quizá estén en la misma situación, como la amante o como la esposa. Solo te deseo que, así como fuiste tan valiente para intentar destruir mi familia, lo seas para reconocer que afectaste a muchas personas.

Te deseo paz y fuerza, porque la vida me ha enseñado que el karma existe, y cuando te busca, no solo te encuentra a ti, sino también a los que más amas.

Atentos saludos,
Una mujer más fuerte.

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