Divorciada 044 1024x683 - Hay que perdonar

 

Las últimas palabras de mi ex esposo cuando salió de la casa fueron: “Me voy de aquí para poder volar”. Hasta ese momento yo era la ama de casa que dejó en pausa su carrera profesional para dedicarse a su familia y él era el principal soporte económico.

Como sucede en muchos casos, aunque el motivo primordial de la separación fue una infidelidad suya, por varios meses me hizo sentir que yo era la responsable de que él hubiera tomado esa decisión. “Ya no eres tan buena ama de casa”, “no me quieres planchar, y si planchas, lo haces mal”, “no cocinas como me gusta” y así un millón de excusas que me hacían sentir que, si yo hubiera sido ‘mejor’, él no se hubiera tenido que ir con otra.

Todos esos comentarios y saber que había otra mujer me hicieron mucho daño y me llenaron de decepción, ira y rabia.

Me era muy difícil verlo, y cada vez que nos encontrábamos para hablar sobre el divorcio o algo de los niños, terminábamos en discusión. Esta situación me llevó a un nivel de estrés y desgaste emocional tan fuerte, que afectó mi salud y terminé en el hospital varias veces. Los riñones me empezaron a fallar y me tuvieron que hacer varios procedimientos médicos.

Una de las cosas que más me molestaba era su manera de hacerme sentir que yo no era muy útil. Recuerdo que para un primero de mayo le pedí que cuidara a los niños para hacer un viaje y su respuesta fue: “Solo los que trabajamos tenemos derecho a descansar ese día. Deberías buscar trabajo”.

No sé cómo explicarlo, pero simplemente un día me cansé de pelear y vivir con resentimiento. Aproveché una de las veces en que fue a visitar a los niños y le dije: “Aunque no me hayas pedido perdón, te perdono. Ya no quiero seguir discutiendo. Sigue tu vida y yo sigo la mía”.

Dios me bendijo con mi primer trabajo luego de estar varios años solo como ama de casa. Empecé un emprendimiento los fines de semana, comencé a ahorrar y mi situación económica fue mejorando.

Él y su nueva pareja ya no eran el centro de mis pensamientos; ahora mis hijos y yo éramos lo vital. Y el simple hecho de no enfocarme en el dolor ayudó a que se abrieran nuevas puertas con bendiciones. Sigo encaminada en crecer profesionalmente y lograr una estabilidad para mis hijos. Estoy en paz.

Por supuesto, aún hay momentos en que no estamos de acuerdo y situaciones que me incomodan, pero ya no peleo; reaccionó con inteligencia. Con mi calma he conseguido más.

Con respecto a él, su mala cabeza financiera lo llevó a pedir múltiples préstamos que no podía pagar. Perdió su trabajo, está a punto de perder su auto y he visto cómo su vida ha ido cayendo por la colina como una bola de nieve.

No me alegro; al contrario, sigo orando por él y le deseo lo mejor. Ni siquiera pienso que el karma le está pasando factura. Simplemente cosechamos lo que sembramos y nuestras acciones tienen consecuencias.

Sé que siguen juntos, solo que ahora ella tiene que pagar las cuentas y las salidas; y que él plancha su ropa y cocina su propia comida.