17mayo guerrilla2 e1558044440816 - ‘Baby boom’ en las FARC

 

Al cese del sonido de los tiros, las bombas y las torturas, le siguió la apertura a la vida. Las guerrilleras de las FARC tuvieron prohibido durante medio siglo engendrar un bebé en su vientre. La práctica más común era suministrar una inyección de contraceptivos a todas las mujeres de la guerrilla. Las que no pudieron evitarlo fueron forzadas a abortar o a dar la criatura para que la cuidasen otros familiares.

 

Con la entrega de las armas, prevista en el acuerdo de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano en agosto de 2016, cayó también esta férrea política de control de la natalidad. Y los embarazos en las llamadas zonas veredales de transición, áreas de la selva donde se agruparon los guerrilleros, todavía uniformados, pero con una bandera blanca de la paz en la mano, comenzaron a contarse por decenas.

 

La fotógrafa franco-española Catalina Martín-Chico (Biarritz, 1969) fue testigo de este baby boom. La primera vez que viajó a Colombia, en mayo de 2017, las zonas de transición eran todavía inaccesibles.

 

Logró adentrarse en la jungla de Guaviare, al sureste del país, y en Icononzo, en el departamento central de Tolima, donde se ganó con facilidad la confianza de los guerrilleros, que no depusieron las armas hasta un mes más tarde.

 

“Estaban muy abiertos a que los periodistas documentasen lo que ocurría con la paz. No había ninguna censura ni complicación para hacer las fotos”, asegura en entrevista con Ellas.

 

Regresó a esos mismos parajes un año después y tanto las personas como el paisaje habían cambiado por completo. “Las tiendas de campaña, los militares y uniformes que vi al principio en la selva se habían convertido en casas, construidas por ellos, donde vivían familias. Habían enterrado las armas y habían nacido bebés”, explica.

 

Para ella, la llegada de los recién nacidos es un paso más en la normalización de la situación de los que durante años han vivido como animales, escondidos en la selva, y que ahora han regresado a la sociedad.

 

Suceda lo que suceda de ahora en adelante, el hecho de que haya niños en sus filas supone que, en cierto modo, ya no hay vuelta atrás”, arguye.

 

Una de las protagonistas de su narración es Olga. Fue de las primeras guerrilleras en poder continuar con su embarazo. Entró en las FARC cuando apenas tenía 11 años. Otra es Yorladis, que solo pudo tener a su bebé después de ser obligada a abortar en cinco ocasiones. “Fue el primer embarazo que pudo llevar hasta el final. Ella misma decía que se lo merecía”, comenta.

 

Martín-Chico la fotografió mostrando su avanzado estado de gestación junto a su compañero en una habitación repleta de muñecos, decorada con coloridos pósteres de Minnie Mouse y Winnie The Pooh, que contrasta con la violencia brutal de su vida anterior.

 

La imagen quedó como finalista en la categoría de mejor foto en el World Press Photo de este año, el certamen más importante del mundo.

 

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