Cuando aparecen las canas, aparece también el estrés. Lo primero que hacemos es correr hacia los brazos del tinte hasta lograr taparlas por completo. Solemos asociarlas con las arrugas y el envejecimiento, sin antes pensar que tienen una belleza única. Conoce cuatro historias llenas de canas:

 

Sarah Lora

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No recordaba mi color o textura original”, comenta Sarah Lora, gerente general de comunicaciones corporativas para Latinoamérica y el Caribe de Delta Airlines. Hace ocho meses ella tomó la decisión de no pintarse más el cabello, después de 25 años de estarlo haciendo. Nos cuenta que teñirse las canas constantemente es una rutina esclavizante y comercial. “Es mejor dejar que la naturaleza sea tu aliada”, expresa.

Al dejarse crecer las canas recibió comentarios muy positivos de parte de sus amistades. Hasta su madre, que es fanática de teñirse el cabello y de cambiar de color con frecuencia, la halagó y le dijo: “Si te sientes contenta y te gusta como te ves, eso es lo que importa”.

Las canas para Sarah son parte de la evolución natural del cuerpo y no un indicio de deterioro o de vejez. Nos asegura que “la belleza es interna, el que está feliz y comprometido consigo mismo irradia juventud y fortaleza. Uno debe amar cada etapa de su cuerpo, de su vida y de su evolución natural”.

 

Ana Martínez

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Informal al vestir, pero seria al trabajar. Así se describe la periodista Ana Martínez, quien tiene 26 años de trabajar en la agencia de noticias Reuters. Durante sus 51 años de vida nunca se pintó el cabello. Nació con cinco canas en la galluza debido a un lunar que con el tiempo se cayó. Cuando empezó el bachillerato las canas le volvieron a salir “sin que nadie pudiera detenerlas, así que decidí dejarlas crecer”, comenta.

Siempre estuvo contenta con el cambio; amó sus canas desde el comienzo. Con el tiempo, todo el mundo la reconocía por el cabello y se volvió parte de su imagen y marca personal. Siempre le ha resultado fácil lucir sus canas.

Con el tiempo, el color tiende a ponerse amarillo. Comenta que ese efecto no le gusta, y para combatirlo usa un champú especial para canas, pero trata de usarlo eventualmente, porque siente que le reseca mucho el cabello.

“Es muy cómico cuando ando en bicicleta por la ciudad. Al verme por detrás piensan que soy una persona mayor”, expresa riéndose. “Yo soy feliz, y al que no le guste, que no me mire el cabello”.

 

Gladys Martínez

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Hace cinco años llegó de Venezuela a Panamá, donde se dedica a la costura. Su color natural de cabello salió a luz hace ocho años, debido a que lo maltrataba mucho por el uso constante de los tintes. Además, sus canas botaban el color del químico muy rápido, por lo que tenía que pintarlo una vez a la semana. Ahora solo usa un champú especial cada 15 días para evitar que las canas se pongan amarillas.

Cuando dejó sus canas crecer nadie notó el cambio, porque lució un color similar a lo largo de su vida. Comenta que las únicas personas que se dieron cuenta fueron sus estilistas, pero al final siempre recibía comentarios positivos.

Siempre me pedían la cédula para todo”, confiesa. Por eso, a los 17 años, Gladys decidió hacerse mechas en un tono similar al de las canas, logrando aparentar una imagen más adulta. Al estar acostumbrada al color blanco, no se le hizo difícil dejar el tinte a un lado. “Me gusta mi color. No me atrevería a pintarlo otra vez”.

 

Ana María Collado

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Llega desde Chitré para contarnos su historia. Transmitir un estilo conservador y guardarle luto a su hijo fueron lo motivos que llevaron a Ana a no pintarse más el cabello. Hace ocho años que no sabe lo que es un tinte. Comenta que estaba cansada de todo el proceso que conlleva pintarlo, que era “muy matador” debido a que le salían las canas muy rápido.

Fue muy difícil el proceso que tuvo que pasar mientras el cabello tardaba en cubrirse completamente de canas. “A veces me preguntaban si no tenía dinero para comprar el tinte”, relata sobre los comentarios hirientes que recibía, pero aun así se mantuvo firme. “Como yo tenía mis motivos, seguí adelante con mi decisión y no me importaron los comentarios de la gente”.

El honor a su madre fue otro motivo que se sumó a su causa, al descubrir que con el cabello blanco se parecía muchísimo a ella. “Al final, me gustó cómo quedó; me enorgullece cuando me relacionan con mi mamá”, expresa Ana conmovida.

 

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