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7julio el conversa1024 - Rossana Uribe, la nueva presidenta de Aplafa

Es actriz de teatro, relacionista pública y presidenta de la Asociación Panameña para el Planeamiento de la Familia. Uribe estudió teatro en la Universidad de Guadalajara, México, y en Panamá ha participado en la puesta en escena de El violinista sobre el tejadoEl diario de Ana Frank y El eclipse, entre otros.

¿Cómo se inició tu relación con la Asociación Panameña para el Planeamiento de la Familia (Aplafa), y con el tema de la sexualidad y la planificación familiar? ¿Qué cosas han cambiado en el camino a convertirte en la presidenta de la organización?

A Aplafa la conozco desde la década de 1990. En 2007, a raíz de unos programas de TV que hicimos, sentí que era el momento preciso de dejar de ser espectadora para accionar. Estuve seis años en la junta directiva antes de ser elegida presidenta el año pasado. Mucho ha cambiado. Aplafa tiene 52 años de atender a población vulnerable en nuestras ocho clínicas: tres en Panamá, Colón, Santiago, Chitré, David y La Chorrera. En  lo que va del año hemos atendido a más de 25 mil 891 personas. Aplafa ha crecido y hoy es la clínica de la familia: ginecología y obstetricia, urología y pediatría, para atender de manera integral y amigable a toda la población sin distingos de ninguna índole.

Por otro lado, he visto al país ir hacia atrás en políticas de educación en sexualidad. Antes Aplafa con sus grupos de formadores y de Juventudes con Opciones, que son jóvenes formados para formar y así hablar entre pares, teníamos programas establecidos con el Ministerio de Educación para dar talleres, charlas y seminarios a los estudiantes de escuelas públicas. Desde hace dos gobiernos hemos visto esta participación muy reducida.

En el pasado has hablado de  dos Panamá: el de los chicos que van a escuelas privadas, tienen apoyo de sus padres y reciben educación sexual, y el Panamá donde está el resto. ¿Sigue siendo así?

Peor que nunca. Más dividido que nunca. Más obscenamente cierto que nunca. Panamá crece en PIB, se llena de rascacielos, más y más escuelas privadas carísimas y de excelente currículo académico que incluye, por supuesto, educación sexual; más clínicas afiliadas a prestigiosos hospitales de Estados Unidos, adelantos, lujos, facilidades. Pero ese es solo uno de los Panamá; el otro, ese donde los niños tienen que caminar horas en el lodo y cruzar puentes improvisados para poder llegar a su escuelita, donde van descalzos de pies y alma. Donde sus madres paren hijos cada año porque no saben que pueden cambiar su destino; donde no hay luz ni agua potable y mucho menos centros de salud. Donde la gente se muere de puro pobre que es. Ese es el Panamá que nadie quiere voltear a ver y el Panamá por el que nosotros trabajamos en Aplafa.

Globalmente, entre  2000 y 2011, el número de nuevos infectados con VIH disminuyó. Panamá, por otra parte, acompaña a Pakistán, Catar y Afganistán encabezando la lista de países con más incrementos de infectados en la última década. ¿Cómo termina Panamá en la misma posición de países con limitaciones religiosas más estrictas?

¿A ti te parece que Panamá no tiene limitaciones religiosas estrictas? ¿Un país donde las iglesias controlan a muchos diputados y las leyes se dictan presionadas por dogmas religiosos y contribuciones en votos y dinero? Estamos a la par que los países socialmente menos desarrollados del mundo. Y eso debería avergonzarnos.

Durante tu tiempo en Aplafa, ¿cuál ha sido el testimonio más sorprendente que te ha tocado escuchar?

Tantos, cada uno impactante. Sobre todo me impactan los casos de adolescentes con avanzados embarazos que todavía no saben, o por qué pasó, si  “a mí me dijeron que con brochazo no había preñez”, o chicos y chicas que reciben su resultado positivo por VIH y los ves como perdidos, como pensando ¿qué pasó? Un chico de 17 años al recibir su resultado nos confesó pálido que tenía tres novias, una de 14 años, con quienes mantenía sexo desprotegido. Esos rostros no se olvidan.

Me enoja, me frustra que no hayamos llegado a ellos antes de que eso pasara. ¿Dónde estaban sus padres o maestros cuando la chiquilla creyó que con brochazo no había preñez? ¿Dónde? ¿Dónde están esas personas que protestan cuando el país se propone avanzar? ¿Los padres que alegan que la educación sexual les corresponde solo a ellos?  ¿Dónde están para mirar por el futuro de esa niña embarazada que es producto de la no educación? ¿Ese chico VIH positivo? Quizá rezando o tomando té.

En el documental ‘La Matamoros’ diste vida a una icónica dama cuya lucha representó grandes victorias para la mujer panameña. Conociendo esa parte de nuestra historia, ¿cuál es tu opinión sobre la situación de la mujer hoy?

Ha mejorado, definitivamente. Nuestro Código de Trabajo contempla condiciones mucho más favorables que hace 30 años. Pero aún falta. Falta mayor igualdad en oportunidades y respeto hacia la mujer trabajadora. Todavía somos un país machista, aunque me parece que Panamá es el menos machista de la región. Acá las mujeres son más aguerridas, más luchadoras por sus derechos. Menos dadas a sentarse a llorar su desgracias y más protestonas. Me alegra que así sea. La mujer panameña es más brava. Si acompañamos la bravura con las ganas de estudiar y superarnos, ¿quién nos para? Nadie.

Educación sexual y disminución de los índices de la pobreza, ¿son dos conceptos que van de la mano?

Absolutamente, a mayor educación en sexualidad, menor cantidad de embarazos no deseados y más posibilidades de estudiar y avanzar en la vida. Esos niños que vienen al mundo de madres adolescentes, no deseados, no esperados ni queridos, tienen altas posibilidades de vivir aislados de cuidados, cariño y educación, perpetuando así el círculo de la pobreza. Niñas criando niños, sin posibilidades de seguir estudiando, conformándose con sobrevivir, con hijos que crecen porque sí, pero que de entrada están en desventaja física, social y económica.  Ah, pero cierto, ellos forman parte del otro Panamá… y total, si no volteas a verlo, no existe.