1f7e78dc35e647004efca817c22314bd - VISIÓN DE LA CIUDAD, Eduardo Tejeira Davis

El hombre ha creado las urbes a su imagen, casi como una extrapolación de sus pensamientos, ideales y deseos acerca de cómo quiere ser visto por el otro. Las circunstancias históricas que moldean las capas de tiempo sobre las que se asientan las ciudades del mundo le dan a cada una una faz y una personalidad únicas, que las llenan de algo inexplicable, fantástico y mágico.

El panameño Eduardo Tejeira Davis, arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Darmstadt, Alemania, y doctor en Historia del Arte por la Universidad de Heidelberg, del mismo país, es un viajero incansable, que por estos días está enfocado en tratar de descifrar qué es y de qué está hecho eso que él llama “la magia urbana”.

“Simplemente por leer libros que se ubican en lugares medio exóticos, he tomado la decisión de ir a esos lugares y verlos. Por ejemplo, la novela Nieve del Nobel Orhan Pamuk, sucede en una ciudad que se llama Kars, que queda cerca de la frontera con Armenia. Hace cuatro años fui, la vi, y es excepcional”. La ciudad oriental para él posee ese mismo componente fantástico que puede tener La Habana de Guillermo Cabrera Infante o la vivificante descripción del ambiente miraflorino de Lima de las novelas de Vargas Llosa.

Pero, ¿qué hay de su propia ciudad? Tejeira Davis es conocedor profundo de la ciudad de Panamá y sus espacios. Ha escrito textos de referencia como Panamá: el Casco Antiguo y la dinámica de sus transformaciones, la Guía de Arquitectura y Paisaje o Ciudad del Saber: Un Legado en Construcción, entre muchos otros. Sin duda la conoce muy bien, y ha tenido una vez más la  oportunidad de sumergirse en los recovecos de la ciudad.  El urbanista y profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá ha participado recientemente como guía en las caminatas Jane’s Walk que ha organizado el Municipio de Panamá en Calidonia y la avenida de los Mártires, compartiendo con los caminantes datos históricos de esos espacios emblemáticos. Ello le ha sentado de maravilla para repensar los procesos que conforman eso que se llama memoria, en todas las acepciones y aplicaciones de esa palabra. 

Adelanta que se ha embarcado en una nueva aventura: ha empezado un libro sobre Panamá y la memoria. “Ahora ando preocupado por el tema en sí de la memoria y qué tipo de memoria hay. Hace un año ando en eso”. El olor del café sale de la cocina. “Lo que hice para empezar fue analizar los tipos de memoria que hay entonces, y llegue a la conclusión de que hace falta una memoria artística, mágica, algo que le dé a la ciudad realmente una definición”, dice mientras regresa a la sala con un par de tazas de espresso.

Para adentrarse en eso que hace falta, entre sorbos de café y bajo la mirada atenta de sus gatos, Tejeira Davis hace una lectura singular de lo que es y lo que significa para él la ciudad que habitamos.

Los problemas históricos: La quinta frontera y la ciudad de paso Panamá no se desarrolló como otras ciudades de América Latina; su conformación fue atípica. No tuvo la oportunidad de crecer orgánicamente, sino bordeada por una quinta frontera. “En el siglo XX, la presencia de Estados Unidos afectó mucho la psicología del panameño. Simplemente por existir, por estar allí, aunque solo se cruzaran de brazos, nos condenaban a una posición sin esperanza. No  tenías otra que supeditarte a esa presencia, que la gente veía como algo superior”.

Y lo sabe de primera mano. Antes de ir a estudiar a Alemania estuvo dos años en la universidad de la Zona,  el Canal Zone College, lo que le permitió conocer la Zona del Canal más a fondo. “Era otro país, y ellos estaban convencidos de que se iban a quedar allí siempre y eso que los tratados Torrijos Carter fueron solo siete años después de yo salir de allí. Pero en ese momento, la inmensa mayoría de los zonians no pensaba que se iba a acabar.  El sentido de superioridad que tenían los gringos sobre los panameños era terrible”.

Aunque hoy parezcan tiempos lejanos, son marcas que no deben subestimarse. Esa presencia nefasta marcó a la ciudad espacialmente, y se considera que es la raíz del caos que presenta hoy. “La ciudad de Panamá estaba arrinconada y solo podía crecer en una dirección: cruzar la Zona del Canal y seguir en Arraiján. La ciudad estaba partida. Ahora que la Zona del Canal no existe, las reservas forestales también impiden que la ciudad crezca orgánicamente, pero son necesarias”.

Eso, de acuerdo con Tejeira Davis, la hace de partida muy diferente a otras ciudades.  “Esta ciudad es extraordinariamente extensa para la población que tiene, creo que de un extremo a otro hay unos 70 kilómetros, que es muchísimo para una ciudad de dos millones de habitantes, y todo está como regado. Entonces, evidentemente hay muy poca planificación”.  No obstante, destaca que hay otras características que la hacen particular. 

Arraigada en nuestra propia historia y en la idiosincrasia está el hecho de que Panamá tradicionalmente ha sido un lugar de paso, lo que, para el arquitecto, dificulta cualquier sentimiento de pertenencia. “Uno de los temas que tengo en ese libro es el de la ausencia de permanencia, porque para tener memoria hay que tener esa conciencia de lugar, pero aquí muchísima gente, siento yo, vive como si la vida del presente no fuera la verdadera, sino que va a venir otro momento futuro donde vamos a vivir de verdad. Además de que no hay ese sentimiento de estar en casa”.

Sobre la conciencia de lugar, el arquitecto desarrolla que la permanencia y conservación de los lugares físicos donde ocurren hechos históricos ayudan a conformar la memoria espacial. Pero en nuestra ciudad, la constante movilización lo hace una tarea casi imposible. “La gente vive uno o máximo dos generaciones en un sitio y luego se muda a otro lugar. Con la mudanza de la población se mueven también los comercios e instituciones que viven de esa clientela. Ese migrar constante impide una memoria de lugar, y quizás eso  haya influido en la poca memoria histórica del panameño”. No abundan precisamente los hitos físicos de donde asirse para contar la historia. Y pone el ejemplo de la plaza 5 de Mayo. “Es un lugar totalmente venido a menos. Quién iba a imaginar hoy que allí se hicieron las grandes manifestaciones históricas para los tratados. Nadie puede. Es un lugar que ha perdido su memoria”. 

Tejeira Davis considera que solo el Casco Antiguo tiene o ha tenido “algún concepto de historia y cierta importancia en la opinión pública”.

 

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La faz de la ciudad   Aunque  cargada de modernidad, la faz de la ciudad de Panamá se muestra poblada de una especie de nueva arquitectura internacional, con un horizonte de edificios de vidrio y concreto, en franca oposición con la realidad de nuestro ambiente tropical, que si bien intentan igualarla a otras capitales del mundo, le resta una personalidad propia. “Hay en general una búsqueda de estatus a través de esa arquitectura internacional, y es un mal que hay ahora en muchas partes. Cualquier lugar que no sea Europa o Estados Unidos podría ser cualquier parte”.

Pero es innegable que hay un orgullo muy particular por ser una ciudad latinoamericana con muchos rascacielos, aunque se sacrifique la funcionalidad. “Hay un gran orgullo del panameño por los rascacielos, pero no hay ninguna planificación de ellos. Es muy fácil obtener un cambio de zonificación en cualquier parte para obtener el permiso para construirlos en lugares que no están preparados para manejar el volumen de autos, por ejemplo, en Punta Pacífica hay solo una entrada y una salida. En conjunto, los rascacielos tampoco tienen nada que ver el uno con el otro en cuestiones formales. Son edificios sin ningún sentido de conjunto”.

El sentido pragmático, la búsqueda de estatus y la glorificación de lo novedoso promueven la pérdida por el interés histórico. El experto analiza que los cambios bruscos de zonificación, así como el poco interés en la preservación de los edificios históricos, podrían tener un mismo origen. “Panamá siempre ha sido un país donde impera el poder del dinero y la propiedad más que en otros países latinoamericanos, por eso es muy difícil hacer algo que limite el poder de los intereses económicos. Todo el mundo quiere tener derecho a hacer el dinero que quiera con sus bienes. La sociedad nunca ha querido un Estado que realmente tenga injerencia en los asuntos privados”.

Para ilustrar la idea, refiere el caso de Bella Vista. Hace unos años, el Inac quería convertir los barrios de Bella Vista y La Exposición en una especie de extensión del Casco Antiguo, donde habría zonas protegidas, y en que ciertas casas y edificaciones con valor histórico no podrían demolerse ni cambiarse. Tejeira Davis elaboró un proyecto con una lista de edificios importantes. Él lo conserva de recuerdo. “La consecuencia fue que los dueños se adelantaron y las tumbaron para poder vender el terreno y no  quedar con la casa esa convertida en monumento. Es horrible, pero fue lo que pasó. Una de ellas la convirtieron en estacionamiento”.

No obstante, ha visto en los Jane’s Walk el deseo de saber de la gente. “Había muchas preguntas, todo el mundo quería recordar. Pero hay un deseo de saber. Hay esperanza, por supuesto, terrible es si no la hubiera”.

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Una ciudad con barreras invisibles  Tejeira Davis sostiene que esta fue una ciudad de barreras no solo físicas, sino de ideas. Cuenta que fue durante casi 15 años profesor en la Florida State University. “Se creía que Clayton era una maravilla. Los panameños se imaginaban que todo era lindo, pero los edificios no tenían ninguna personalidad, eran bien feos: grises o pintados de verde oliva.  Al contrario, Clayton ni remotamente fue tan bello como es ahora. Nunca eso estuvo tan bien cuidado”.
Lo que prueba que el panameño sí puede conservar cuando se lo propone. Hoy, aunque ya no hay separación y la ciudad es abierta, hay muchos panameños que se sienten separados de ese espacio. “La Ciudad del Saber es un lugar bien extraño. Allí sucedió algo interesante, en el fondo, aunque es abierta hay mucha gente en Panamá que se siente excluida de ese ambiente”.

Y no solo allí. Davis considera que “hay un  fenómeno de exclusión tanto de adentro hacia afuera en sitios de la ciudad como Bal Harbour en Paitilla, Costa del Este con sus murallas, y yo me imagino que hay gente que jamás se atreverá a entrar al Soho Mall. En Panamá hace falta algo que ponga al descubierto todas las limitaciones y traumas que tiene esta sociedad, y eso todavía no se ha hecho”.

Al terminar  su taza de café, Tejeira Davis concluye que volcarse a la ciudad, ver sus lugares sin reserva y superar los antiguos traumas puede ser un camino al intento de recuperar la memoria.

 

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