ec9381b5e43df0a40ada94208945f9aa - Violeta Green, diva del jazz

El público frente al escenario aplaude y espera la próxima canción. Violeta Green, vestida de rojo encendido, canta Tú, mi delirio, el bolero del cubano César Portillo de la Luz. Un dejo de  blues y calipso   se presiente  en los ritmos de la canción. Un aplauso separa el suave bolero de una interpretación de New York, New York, de Frank Sinatra, con sonidos tropicales de timba. La noche calurosa vibra al son del ritmo de Violeta. Es Colón en la década de 1980.

Isabel Green Harris o Violeta Green  fue, de acuerdo con el sociólogo  y profesor de la Universidad de Panamá  Gerardo Maloney, una primera diva del jazz y la canción popular en el país. A ella le dedicó el documental Violeta, la otra diva (2000), y la incluyó en su trabajo fílmico Tambo Jazz (1992). En 2017, la décimo cuarta edición del Panamá Jazz Festival (PJF), que se realizará del 10 al 14 de enero, estará dedicada a honrar su memoria.

Nació el 15 de junio de 1931, en una familia de músicos. Su madre era pianista y su padre un virtuoso del saxofón y el clarinete. El  instrumento de Violeta era su voz. “Desde muy pequeña demostró su interés por el canto. Su hermano So Green fue un gran percusionista que formó parte de la orquesta de Armando Boza en 1940”, explica el escritor e investigador musical Mario García Hudson.

Su vida transcurrió entre los dos centros musicales del país en la época, Panamá y Colón, pero no es colonense como muchos creen. “Ella nació y creció en calle 17 Ave. Central, en ciudad de Panamá. Probablemente se le asocie con Colón porque en los años 1970 se radicó en esa provincia, que siempre fue una gran cantera de artistas excepcionales, y Violeta Green lo era”, explica Alberto Barrow, director del Observatorio Panameño Afro Dr. George Priestley.

Desde los 17 años, cuando hizo su entrada al ámbito musical, la cantante cultivó varios géneros, como el bolero, la guaracha, el bossa nova, la balada y el calipso.

Para Danilo Pérez, director del PJF, la grandeza de Green está en que fue pionera por partida doble, al ser una de las pocas mujeres en los escenarios panameños de mediados de siglo pasado y una de las figuras clave  de la época de oro del jazz en Panamá. “Después de la Segunda Guerra Mundial, Panamá tuvo un movimiento de jazz fuerte, y ella fue una de las cantantes que llevó la bandera de este movimiento que se extendió desde  1950 hasta 1970 y parte de 1980, años en que ella desarrolló la mayor porción de su carrera”, expresa.

Green durante una presentación en la década de  1950.

‘JAZZ’ DESDE PANAMÁ. Fue precisamente un panameño, el pianista bocatoreño Luis Russell (1902-1963), quien contribuyó a desarrollar el género en la Nueva Orleans de 1920. En Nueva York formó su banda, a la que se integró Louis Armstrong en la década de 1930, según recoge el profesor Norman Foster en el libro Las expresiones musicales en Panamá: una aproximación.

Este autor considera que el jazz en Estados Unidos se desarrolló en paralelo con el pulso que latía en Panamá. “Los músicos de origen antillano, tanto en Panamá, Colón y Bocas del Toro, asimilan este género musical y lo desarrollan”. Ello aunado a la conexión con Estados Unidos desde la construcción del Canal, “resulta en la relación personal con el jazz que tiene el país”, agrega Danilo Pérez. “No es algo importado sino que somos parte de la historia del jazz desde sus inicios y siempre estuvo aquí, fue prácticamente parte de nuestro folclore urbano”, elabora Pérez.

Esa es la razón por la que, destaca Hudson, en los años 1920 y 1930 existían aquí músicos dedicados a tocar jazz, en una línea que el profesor Foster señala como jazz swing. Fueron muy destacadas las orquestas Blue Moon, de Samuel Sam Gooding (1925), Los embajadores del jazz, de Reginald Prescott (1930), Payne and his Ambassadors (1945), con Horacio Blackman a la cabeza.

En Colón, años de gloria fueron los de las presentaciones de la Orquesta de Ray Cox (1937), del virtuoso pianista Maurice Raymond Cox; la de Iván Lashley y sus Tropical Rythm Makers (1946) y  Chicombo, de George Maycock (1946), una de las mejores agrupaciones de jazz del país. Los clubes colonenses como  el Café Squire, Club Tropical, Savoy, Internacional, y cabarets como Florida y  Copacabana y el hotel Washington se convirtieron en escenarios jazzísticos.

Músicos panameños migran a Estados Unidos, y de acuerdo con Maloney, hubo una “apropiación de la cultura afroamericana”, dándose con esto un profundo desarrollo del género,  que toma un renovado auge a partir de 1948, con el surgimiento de la escuela revolucionaria del jazz conocida como Be-Bop, encabezada por Dizzie Gillespie, Charlie Parker o Miles Davis en Estados Unidos.

En la ciudad de Panamá, este estilo más contemporáneo, complejo y creativo gana popularidad. Magníficas improvisaciones se toman sitios de la ciudad como el salón Kelvin y el Snake Pit, ubicadas una frente a la otra en Río Abajo. Esos escenarios de jam sessions dieron cabida a uno de los personajes fundamentales de la música popular: Víctor Everton McRae, el pianista y compositor conocido como Víctor Boa. “Boa fue una figura crucial que  hizo una mezcla muy original entre la influencia cubana y afroantillana con el jazz panameño”, explica Pérez.

Este es el telón de fondo en el que Violeta Green tuvo sus inicios como intérprete de géneros populares hasta 1950, cuando se consolida como cantante profesional, detalla Hudson. La figura de Violeta está unida a la de Boa. “Al jazz incursiona en 1960 con  Víctor Boa. Con él hizo buena parte de su carrera en ese género”, indica Barrow. Junto al músico y compositor Clarence Martin, se completa el desarrollo musical de Violeta.

Pronto, el sonido del jazz en Panamá pasó a reunir elementos de la música típica con las raíces afroantillanas  y los ritmos cubanos, y sus cultores como Clarence Martin, Harold Zaggy  Berry, Reginald Boyce, Mauricio Smith, Gladston Bat Gordon, Danny Clovis, John Rubberlegs McKindo, Reggie Johnson, Jimmy Maxwell  y, por supuesto, Violeta Green, entre otros, se agrupan en un movimiento de jazz netamente panameño que Víctor Boa bautiza como tambo jazz.

Este es el nombre del relevante documental  de Gerado Maloney producido por el GECU en 1992. “El término de tambo jazz fue acuñado por Víctor Boa. Se trata de la fusión entre la música folclórica panameña, como el tamborito y la tamborera. Eso expresaba lo que para muchos era el sello que diferenciaba la música popular en Panamá”, comenta Maloney.

Violeta Green es junto a Bárbara Wilson una de las pocas vocalistas femeninas de ese potente movimiento. Wilson fue ya honrada en el PJF en 2007. Diez años después es el turno de Green, y su tambo jazz resonará de nuevo en el concierto tributo que estará a cargo del Panamá Jazz All Star, el viernes 13 de enero, en el Ateneo de la Ciudad del Saber.

Para Green (en la foto), la cantante estadounidense Ella Fitzgerald fue inspiración en su constante búsqueda de la perfección vocal.

PANAMÁ, CIUDAD MUSICAL. En los años 1960, el punto álgido de la carrera de Green, el ambiente artístico del país era efervescente. La ciudad bullía de música por todas partes y la cantante recorrió los escenarios de clubes y cabarets, que conformaban una especie de mapa de vida nocturna. “En cada uno de estos lugares tocaban una o tres agrupaciones musicales diariamente acompañando a los mejores artistas del continente y de Europa, convirtiendo a Panamá en centro de espectáculos artísticos”, explica Foster.

La zona de Río Abajo fue uno de los sitios más efervescentes donde pudo escucharse la voz de  Green, el lugar fue uno de los primeros epicentros del jazz citadino desde la década anterior. “Río Abajo y Parque Lefevre fueron comunidades afroantillanas, y tuvieron muchos sitios  de diversión, como el Club Morocco,  Le Marron, el Rancho Grande,  Royalito, Salón Kelvin y el Snake Pit, especialmente dedicados al jazz”, explica Maloney.

En la vía España estaban los lugares más elegantes y exclusivos, como el hotel El Panamá y clubes como El Sombrero y   Maxim’s, con un show de variedades. “Era un tipo de cabaret donde se presentaban cantantes internacionales, cantantes nacionales muy pocos, una de ellas, Violeta. En El Sombrero, por ejemplo, cantó Julio Iglesias antes de ser famoso, y muchos artistas mexicanos más”, destaca el periodista y escritor Modesto Tuñón.

Mientras que en la avenida Nacional estaban los clubes Windsor y   W, también allí actuaba Violeta. “Uno no puede hablar de esa época sin mencionar el tema racial. Al Windsor iban sobre todo artistas negros. La mayoría de los cantantes afropanameños de este país pasó por allí”, dice Tuñon.

Green llegó a presentarse como artista principal en el hotel El Panamá y además tuvo presencia en varios programas de televisión, como en los shows de Blanquita Amaro, una artista cubana que salió al exilio en los años 1960, y la panameña Silvia de Grasse. “Los programas  en vivo eran ampliamente vistos. Otros artistas afropanameños que ocuparon las pantallas fueron Bárbara Wilson, Many Bolaños, David Watts y Félix Wilkins”, señala Barrow.

Durante las décadas de 1960 y 1970, el hotel El Panamá era un escenario importante de la época, y Violeta Green se presentó allí en múltiples ocasiones.

 

UNA DIVA AUTÉNTICA Y VERSÁTIL.  El recinto del centro audiovisual de la Biblioteca Nacional  vibra al son de una de las pocas grabaciones conocidas de Violeta Green. En la pieza, acompañada por el maravilloso sonido de la orquesta Los Embajadores,  Violeta interpreta el tema The Joker,  de  Sergio Mendes & Brasil 66. Abraza entre sus cuerdas vocales el bossa nova, el jazz y un toque de calipso. “La suya es una voz afinada y melodiosa, que sabía jugar con el registro vocal”, comenta Mario García Hudson, al final de la pieza. Queda un silencio en el aire. La artista nunca hizo una grabación comercial, y es por eso que es tan difícil seguir su rastro.

Esa manera de fluir entre géneros y mezclarlos a su antojo es lo que impresiona a Danilo Pérez. “Ella podía trascender entre un bolero cubano  y una canción norteamericana con una tremenda facilidad. Muy natural. Era un sonido orgánico. Esta es una de las cosas que yo llamo Global Jazz”. Y siempre incluyó las raíces panameñas en sus piezas.  “Era muy buena con las tamboreras. Dominaba los boleros. El calipso, ni hablar. Se hizo amiga de Lord Cobra, uno de los exponentes del calipso en Panamá”, indica Barrow.

“En la entrevista que le hice, en un momento determinado su rostro es de una gran ingenuidad, de una gran transparencia y eso hace que ella hubiese sido una mujer en los escenarios con tanta fuerza y versatilidad pero con mucha autenticidad”, dice Gerardo Maloney.

A juicio de García Hudson, Violeta Green, Bárbara Wilson y Enid Lowe, quien se radicó en los Estados Unidos, fueron las tres vocalistas que vibraron en la escena musical jazzística del siglo XX. Violeta Green falleció en Colón el 12 de abril de 2000.

En los años 1970, la artista se radicó en la ciudad de Colón, que era un centro de vibrante vida musical.

 

f11cea68fafe28cf1721464aec13d8cb - Violeta Green, diva del jazz

 

Víctor Boa, líder del ‘Tambo Jazz’, introdujo a Violeta Green al género. Una imagen de su LP  ‘A Bailar con Víctor Boa y su música’, de 1970, grabado por el sello Taboga/Discos Istmeños.