65cb73be4ed301c856df432af10606cc - Victoria Suescum, arraigo artístico

Dentro del arte panameño, la obra de la artista Victoria Suescum representa una tendencia muy singular.  Una voluntad orgánica en fondo y forma, las constantes referencias a temas femeninos, y el apego al arte popular que puede verse en ciudades y pueblos como vehículos del folclor urbano panameño, revelan, si se observan en más profundidad y en conjunto, el amor telúrico  que profesa por su país esta creadora istmeña radicada en San Antonio, Texas.

Suescum salió del Panamá en la época de la dictadura, y fue en Estados Unidos donde se dedicó al estudio del arte, obteniendo  un título en Artes Plásticas en Wellesley College y una maestría en Bellas Artes en la Universidad de Texas. Sin embargo, en más de tres décadas de carrera, su tierra natal es una marca indeleble e inspiración continua en su producción, que ha tenido participación en citas internacionales como la 50ª Bienal de Venecia (2003), la Bienal de Kwangju en Corea del Sur (2004) o  la VII Bienal de Cuenca, Ecuador (2001), entre muchas otras. El análisis de su obra hasta la actualidad está incluida en el capítulo panameño del libro Entre Siglos. Arte contemporáneo de Centroamérica y Panamá, que la Fundación Rozas-Botrán presentó recientemente en el país.

Panamá, su folclore urbano, su flora y su sentir, se esconden tras las imágenes de las obras que conformaron la exposición que presentó hace poco en el Museo McNay en Texas. Por otro lado, la cuestión de la identidad latina en el país norteño y el estatus de inmigrante es el tema central que la artista tocará en su próxima exposición titulada ¿Identity?, que tendrá lugar en el Museo Jordan Schnitzer en Oregon, en julio próximo. En esta contrasta su obra como panameña radicada en Estados Unidos con la de Lee Thomas Peterson,  un joven artista estadounidense de raíces latinas, lo que marca, de acuerdo con la artista  “una comparación de generaciones y de géneros” con una realidad similar representada simbólicamente en la construcción en spanglish de una palabra inglesa con signos de puntuación castellanos que lleva el título.

 Pinturas e instalación de ‘Árboles de la vida’ o ‘Happy Trees’ en el Museo McNay.

Asombro ante las cosas  Muchos se inician en las lides del arte  pintando del natural un paisaje a plein air. Ese no fue el caso de Suescum, cuya curiosidad la llevó a mirar más allá de lo que está a simple vista. Confiesa que la primera vez que sintió “una electricidad” respecto al quehacer artístico fue mirando por un microscopio en clases de biología en la escuela. “Mientras unos buscaban información y preparaban muestras, a mí me tocaba dibujar lo que veía en el microscopio: las mitocondrias y todos los orgánulos de la célula. Era interesantísimo y me encantaba. Esa fue la primera vez en la vida en que yo dibujaba mirando al objeto, no de una fotografía, sino mirando al mundo”.

La artista se prometió jamás perder esa capacidad de asombro y de mirar  alrededor.  Panamá, la verde, la de la vegetación exótica, abundante y maravillosa, fue uno de los primeros temas que figuraron en los lienzos de Victoria Suescum en su  individual “El jardín de Hortensia”, a mediados de los años 80. Esa vegetación se correspondía con la visión plástica de la artista de sus temporadas en El Valle de Antón. Ya desde entonces su creación se orientaba a no supeditarse a las reglas académicas.
Con ese mismo espíritu, sus figuraciones pasaron a lo primitivista, al centrarse en los motivos de tinajas equiparadas a torsos, que ponen de manifiesto la antiquísima idea de la mujer como recipiente de la vida en la serie Cuadernos, de la que se desprende una pieza como “Metates mamiformes”. “Esa en especial es una obra de inspiración indígena, autóctona. Es una obra que está hecha con tierra. La tierra de Panamá dicta la forma en que puedes crear con ella, porque el barro no va a permitir que hagas las formas que quieres, sino las que ella permite, y eso me parece una belleza maravillosa”.

'Metates mamiformes' (1995)

No solo la vegetación del istmo fue un referente crucial en su obra. Las pinturas de artesanos de localidades del interior como El Valle, y los letreros y anuncios comerciales que adornaban comercios de todo tipo: fondas, marisquerías, salones de belleza, le fascinaron durante su juventud en Panamá, y ese arte popular emergió en su obra más conocida.

“Cuando vas a El Valle, en  todos los pueblitos que están alrededor ves ese tipo de pinturas. Yo pensaba que ese  arte se daba solo aquí, pero seguí viéndolas en Honduras, Guatemala e incluso en Texas. Resulta que en todos los lugares donde hay hispanohablantes de América hay esas pinturas. De lo que sí me he dado cuenta es que los panameños tenemos algo especial en el idioma. Siento que son como la idiosincrasia panameña en un rótulo.  Definitivamente, me gustan las imágenes que son hechas por personas  no entrenadas académicamente en arte. O que, por ejemplo, no es una academia europea.  Esa fue una de las líneas que ha perdurado hasta ahora”.
Pronto, sus obras en las que combinaba imagen y grafismo comenzaron a pasar de la representación de la realidad absurda y maravillosa de lo popular y de estética kitsch, a hacer con los mismos elementos una crítica al machismo a través de ironizar objetos y actitudes típicamente relacionadas con lo femenino: salones de belleza, el hacerse la manicura, los electrodomésticos de lo que llaman la domesticidad.

De ella se desprenden series como “Tremendo manicure” y “Sirenas”, que ironizan el deber de belleza y sensualidad impuesta a la mujer.   “Son en realidad historias sobre las mujeres y las situaciones en la que nos encontramos. Como el de la sirena, el hombre le pide a la mujer que le cocine, digamos, un pescado frito. Él quiere que ella sea una sirena y que ambos sean presa. La sirena,  para salvarse, debe tener astucia de servirle en vez de pescado, un pollo frito”.

‘Ricos Chicharrones’, de la serie ‘Tienditas’ (2014).

‘Loncheria La Sirena con Venus y Mano de Piedra.

Cómo se hace y qué significa Para lograr la narrativa en sus cuadros, los trabaja en series, al menos seis a la vez. “ No puedo empezar uno y terminar otro, así no me funciona”, dice enfática. Tiene una relación kinestésica con los materiales. “Cuando estás sintiendo una respuesta estética significa que estás siendo sensible, y yo soy sensible a todo. Soy sensible a través de los ojos, pero también del tacto, de todo. Sensible a través de  las manos con los materiales.  Me gusta pintar con todo mi cuerpo, me gusta que un trazo pueda ser el arco de mi brazo, me gusta utilizar mi cuerpo entero cuando pinto”.

Emparentada con el art brut y el neoexpresionismo, sus pinceladas cargadas de color, trazos fuertes y “colores mal portados”, en sus piezas, la técnica es tan importante como su temática y hacen una sólida correspondencia. Prueba de ello es que el marco, confeccionado por la misma artista con materiales como plástico inflable y vinilo, forman parte de la obra en sí, en son de protesta algo burlona de aquellos que buscan que con el marco laobra se vea “más elegante”.  “Durante el renacimiento, la función del marco era separar la pintura del mundo real y crearle otra realidad, una realidad alternativa. Hoy en día parte de la función es hacer que se vean elegantes, y por eso mucha gente gasta más en el marco que en la obra, o igual. Le discute al artista cuánto le va a pagar, pero cuando van a enmarcar no les discuten”.

'Electrodomésticos' (2001).

'Clínica de uñas Ana Ma'

Vuelta a lo artesanal En su nueva obra ha retomado esa vocación artesanal que ponía en la confección de sus marcos. Expresa que ha vuelto a sus orígenes: a la visión de los artesanos de El Valle de Antón, que fueron para ella “la primera vez que vi a personas creando con sus manos”, y a ese jardín de la infancia que “en vez de ser jardines de plantas de verdad, estos son jardines de la fantasía”.

Esta serie titulada “Artesanías” se trata de bodegones, en los que Suescum dispone en una especie de still life muy panameño artesanías de pájaros confeccionados en El Valle por un artesano, con un fondo de vinilos muy coloridos, como los que se encuentran en las fondas. Junto a ellos ha creado una serie de esculturas tituladas Happy Trees o Árboles de la vida, armados por la artista con hojas, tallos y flores de plástico.

A esta composición le toma una fotografía, que luego reinterpreta -pincel en mano- en obras de gran formato. “Así que están las artesanías coclesanas, las flores de plástico de los árboles y los vinilos, y es una locura de colores, que son casi abstractos”, dice.  A esta nueva creación fue la que se le reservó un espacio especial en la muestra del museo McNay. Treinta y cinco años después, es evidente que su país sigue en la punta de su pincel.

Bodegones en su taller.

'Palo de pajaritos' (2015).

 

 

Contenido relacionado

ellas.pa exclusivo como los socios de
Club La Prensa

Adquiere un plan de suscripción Hazte socio

Gracias por valorar y respaldar el periodismo responsable e independiente.

Olvidé mis datos de acceso / Quisiera recuperar mis datos