1ecdfe859936974b71cf2b62640b6799 - Un error, una suerte: la historia de la señora Gerta Stern

Menudita de tamaño. Al conocerla uno se pregunta cómo se contiene un espíritu tan formidable en un cuerpo así de pequeño.

De porte sereno y palabras pausadas, la centenaria señora Gerta, en octubre cumple 101 años, aún conserva una mente clara y recuerdos impecables, que utiliza para darnos un pantallazo de su increíble historia, una que se ha contado muchas veces, pero que encuentra ahora, casi 80 años después, protagonismo en un libro, autoría de la periodista y escritora alemana Anne Siegel.

Su historia empezó como la de millones de otros judíos en la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial. Miembro de una familia pudiente en Austria y recién casada con Moisés, su gran amor, cada pieza en el tablero de su vida parecía estar en el lugar correcto. Pero con el ascenso de Adolfo Hitler al poder, la ocupación alemana y el creciente sentimiento antijudío, la joven pareja vislumbró el nefasto panorama que se avecinaba y decidió trasladarse a Hamburgo con miras a obtener una visa para escapar a Sudáfrica. La visa nunca llegó.

En la noche del 9 de noviembre de 1938, que vive en la infamia como Krystallnacht, o la noche de los cristales rotos, miles de judíos fueron arrestados y enviados a la muerte en los campos de concentración. Este parecía ser el destino que le aguardaba también a Moisés.

Pero con determinación, Gerta tocó las puertas de todos los consulados imaginables con la esperanza de conseguir una visa, la que fuera. Pero una tras otra les fueron negadas. Creyendo que era otro consulado, llegó a las oficinas de la naviera Hapag Lloyd. “Este error mío después fue mi suerte”, admite Gerta, quien encontró allí a Otto, un alemán íntegro, de buen corazón, que la encaminó hacia el consulado de Panamá diciéndole que “allí todavía están aceptando gente para ir a ese país”.

Con osadía, Gerta se presentó en el cuartel general de la Gestapo e hizo gala de su talento de actriz para burlar a los alemanes y lograr que liberaran a su esposo.

Gerta Stern junto a la autora del libro, Anne Siegel.

En alemán Stern significa “estrella”, y al escuchar el relato de la señora Gerta, no cabe duda de la buena estrella que ha guiado su devenir a través de las décadas.

La presentación del libro se dio recientemente en la residencia del embajador de Alemania, Karl-Otto Koning, quien puntualizó que este es “un homenaje a la vida impresionante de Gerta”.

Según explicó el embajador, el proyecto hace eco de la cultura del recuerdo que promueve Alemania. “Lo hacemos porque es una parte triste de la historia de mi país, de la época nacional del socialismo y de los crímenes que marcaron un antes y un después”, afirma. “Recordar es la mejor defensa para evitar que se repitan cosas así”.

La protagonista y la autora del libro se conocieron en el año 2014. Siegel, que también es directora de cine, se encontraba en Panamá trabajando en una serie sobre los judíos de la guerra olvidados en Panamá. Recuerda el embajador que fue un encuentro maravilloso, “un amor a primera vista”.

Siegel recopiló la historia de Gerta por aproximadamente un año, pero afirma que el libro lo escribió en poco más de dos semanas. Aunque ella ha firmado siete libros de su autoría en cinco años, le complace que este sea el que mayor resonancia y demanda está teniendo.

La obra, que solo está en alemán, será presentada oficialmente en Alemania el 21 de septiembre, en ocasión de la Feria del Libro en Francfort. La señora Gerta va a viajar en una gira mediática de 15 días a Alemania y Austria, donde tendrá recepciones tanto en medios televisivos, el Ministerio de Asuntos Exteriores e incluso por parte de la Hapag Lloyd.

Para Siegel esta es una historia totalmente diferente, “que quedó trabada en Panamá” y merece ser difundida en el lugar donde se desarrollaron los hechos, es decir, en Alemania. A pesar de ser un episodio cruento, también hay que resaltar que hubo ciudadanos buenos que hicieron lo que pudieron por ayudar a los judíos.

La autora asevera que a lo largo de su carrera ha entrevistado a gente interesantísima, pero nadie tan especial como la señora Gerta. El embajador coincide en que “es una señora adorable, con la mente de una jovencita”. Y es cierto: a pesar de su edad avanzada, se puede apreciar en ella un dejo de coquetería y su semblante aún vivaz.

Gerta estudió y se dedicó a la cosmetología, algo a lo que se pudiera atribuir lo bien que se conserva, pero los que la conocen mejor creen que se debe a la belleza interna que le sobra.

“Yo siempre busco excusar por qué la gente es mala”, dice la señora Gerta con un acento marcado. “Deben tener una razón y  hay que saber perdonar. No ver lo malo, buscar lo bueno”. Además, se considera optimista, dispuesta siempre a ayudar a los demás, por lo que fue nombrada embajadora de buena voluntad en Panamá.

Radicarse aquí no fue fácil para los Stern, pero considerando las alternativas, fueron de los pocos afortunados. “La mitad de la familia tuvo un final muy triste”, suspira Gerta, el mismo final de los 6 millones de judíos exterminados en el Holocausto.

Llegaron a Panamá sin hablar el idioma ni conocer a nadie, pero fueron asistidos por los judíos de la Congregación Kol Shearith. La señora Gerta realza  el papel del señor Mauricio De Castro, quien los acogió a ellos y a otros 40 inmigrantes en un caserón de madera en Juan Díaz, donde recibían a los refugiados hasta que encontraran  trabajo y salieran adelante.

En el contexto actual y la preocupante situación que miles de refugiados viven en Europa, Siegel considera la historia de “La Señora Gerta” un gran ejemplo, una historia de migración, de refugio, positiva, con un final feliz.