ee3095e48462c79b4385e5f92a02af3b - ‘Tendremos un bebé’

Los bebés nacen en una variedad de situaciones y en distintos tipos de familia, pues este es el mundo de hoy. Pueden ser los primogénitos o ser la adición a una  familia ya existente. Pueden ser planificados o pueden tomar a la persona por sorpresa. Algunos llegan a familias tradicionales, otros a uniparentales, y algunos a familias adoptivas. No importa cómo sea, la llegada de un nuevo ser siempre trae consigo sentimientos encontrados de alegría, preocupación, y en el peor de los casos, tristeza.

¿Dónde está el papá? Esta nota nace de mi reciente encuentro fortuito con dos jóvenes madres solteras. Ambas con necesidades apremiantes (afectivas, de cuido, económicas), con un futuro incierto y ni hablar del de sus bebés.

En 1989, cuando conducía mis estudios universitarios de pregrado, hice una investigación acerca de la paternidad irresponsable en Panamá. Me sorprendí mucho cuando descubrí que mi país tenía uno de los índice per cápita más altos del mundo de hijos nacidos fuera del matrimonio.

Me alegraría decir que hemos bajado un poco de ese alto puesto, pero aún estamos tan cerca de la cima, que a veces se siente como si todavía estuviéramos en los primeros lugares.

Cuando investigaba para esta nota encontré en la red que todo estaba relacionado a que el padre era irresponsable si abandonaba económicamente a su hijo. Muy pocas notas se centraban en el daño emocional-social que provoca la ausencia del padre.

Es importante que las personas que están hoy en edad de procrear comprendan que la parentalidad es una cosa de dos y que los hijos necesitan tanto de sus madres como de sus padres.

Mi teoría muy personal en este sentido es que somos nosotras, las madres, las que tenemos la responsabilidad de educar a hijos varones responsables de los bebés que procrean, y si no desean procrear, tomar las medidas necesarias para evitar lo que no desean, especialmente si no tienen la solvencia moral, social, laboral y emocional para sostenerlos.

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Los momentos sí cuentan. El amor verdadero es cuando se ama porque sí. En el amor verdadero no se necesita una razón para amar. Una de las formas más genuinas de amor es el amor parental.

Existen muchas formas de enamorarse de los hijos: algunas veces es amor a primera vista, otras es aún sin haberlo visto, otras se da pasado un tiempo, más adelante. Para cada ser humano es diferente y no debería sentirse mal quien no siente inmediatamente un lazo fuerte con su recién nacido hijo.

Lo importante es que nuestros hijos estén listos para comunicarse con nosotros desde el primer momento. En el día a día de la relación se aprende y reconoce uno al otro; así se van supliendo las necesidades básicas, vinculares y afectivas de nuestros bebés; a la vez se muestra el mundo y se exponen a la maravillosa experiencia de la vida. Sin embargo, esta compleja relación bidireccional toma tiempo y dedicación.

Lo bueno de saber esto es que hay estudios que determinan que los niños que reciben buenos cuidados, y no me refiero solo a lo básico, desarrollan mejores aptitudes de vida, forman relaciones más saludables, obtienen mejor desempeño académico y una más sana y realista percepción de sí mismos. Es decir, tienen una oportunidad de tener una vida más equilibrada y sana sintiéndose amados.

Un vínculo sano es nuestro bebé. Aunque no deseo centrarme en el tema del apego, es importante que entendamos que apegarse no es lo mismo que vincularse. Usualmente, el recién nacido posee un apego muy limitado en el primer año de vida.

Este apego no es lo mismo que vínculo. Un bebé puede tener vínculos fuertes con varias personas. Los vínculos toman un poco más de tiempo en desarrollarse.

Lo básico de la crianza en el primer año es el desarrollo del cerebro y es importante saber que las experiencias del bebé están siendo todas almacenadas y clasificadas como satisfactorias e insatisfactorias. Este proceso disminuye un poco alrededor del segundo año del infante para dar paso al desarrollo formal del hemisferio izquierdo y el lenguaje.

Haber tenido una buena relación afectiva y de apego permite al bebé crecer y sentirse más seguro al salir a conectarse con el mundo, pues ya sabe que tiene un puerto seguro en la figura de sus padres adonde regresar cuando el mundo se torne violento o inseguro.

Así los lazos emocionales que se establecen en la infancia se fortalecen durante la niñez, haciendo que la persona sienta que el mundo es un lugar donde puede florecer y prosperar.

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TAREA DE DOS
Las necesidades del hijo
A aquellas mujeres que tienen a sus hijos y dicen no necesitar nada de los padres de estos, he de decirles que tal vez ellas no, pero sus hijos sí los necesitan. A los hombres que procrean a esas criaturitas, sepan que sus hijos sí les necesitan y sí pueden hacer la diferencia en el mundo de esos bebés.
Amar es incondicional y gratis. Seamos responsables de esos bebés que invitamos a ser parte del planeta. No es “voy a tener un bebé”, es “vamos a tener un bebé”; es cosa de dos.

 

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