b738dc6aa4a765e5a1bd9912bbba2c6d - Ser agradecidos

Miré a mi alrededor aquella mañana; aún era noviembre. En una sala llena, 45 personas y yo nos aventurábamos a aprender a meditar. Las primeras lecciones se centraron en mirar alrededor. “¿Para qué estoy aquí?”, me preguntaba mientras recorría con la mirada toda la sala. Unos pocos conocidos, amigos de carrera, otros tantos por conocer.

Ese estado de paz había estado conmigo desde temprano aquella mañana; usualmente venía sin que yo la llamara. Ya era un estilo, forma y elección de vida. Fue entonces cuando me sorprendí pensando, si ya tenía paz, ¿para qué estaba ahí?

Y no es que me crea que lo sé todo; hace muchos años aprendí que siempre hay algo nuevo que aprender de la vida y sus momentos. Ninguno es igual. No importa que hayas leído 700 libros, el 701 tendrá algo nuevo. Tengo mucha humildad en mi corazón y creo que se debe ser humilde en el conocimiento también. Además, a veces las mejores lecciones de vida provienen de quienes menos las esperamos. 

De esta forma, me he acostumbrado a vivir mi vida en paciencia y me ha traído paz. No espero mucho, doy todo lo que pueda, amando a millón, con justicia, respetando y siendo honesta, primero conmigo, después con todos a quienes amo y agradecida de lo bueno y lo malo.

Quienes me han leído por años saben y conocen que siempre aconsejo ser agradecida.

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Permiso para mirarse. Una de las tareas que más llamó mi atención en ese seminario fue la asignación de escucharnos a nosotros mismos primero. De pronto, allí estaba, buscando “escucharme a mí misma con más conciencia”, casi descubriendo que respiraba.

Al principio pensé con la usual resistencia: “pero si ya he hecho algo de meditación esta mañana”; sin embargo, allí estaba con permiso para “mirarme”. Fue maravilloso.

Pero este mirarme no era mirar mis defectos y aceptarlos (eso ya lo hacía), ni los éxitos ni los gustos ni los no gustos. No era un mirar basado en el self (sí mismo); era un mirar a mí. Adentro.

Estar consciente de que respiraba en ese momento, como ahora que escribo estas líneas y usted las lee. Era entender que, de alguna manera, pero en distintas formas, estamos.

Pero este “estar” no es tarea fácil, pues la mente es traicionera y nos pone en modo automático cada vez que nos descuidamos o le da la gana. Así que la tarea no es nada fácil.

¿Cuántas veces se nos va el día sin vivirlo? ¿Sin tener conciencia de él? ¿Cuántas veces comemos y no sabemos ni a qué supo la comida, solo que es buena o mala? Así es como vivimos la vida, en premura (no sé por qué) y sin pensarlo. Y se nos va muy rápido.

¿No se le ha ocurrido pensar por qué a los niños el tiempo les pasa más despacio? Ellos no están tan distraídos en el pasado o en el futuro como nosotros los adultos.

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Parar y darse permiso para vivir. Siempre aconsejo que es importante estar en la vida de los demás (hijos y familia). Hoy le digo que también es importante estar en la vida propia. Muy importante.

¿Qué le gusta hacer? ¿Lo ha pensado? ¿Lo sabe? Decir que no tenemos tiempo es una excusa, y una muy mala.

Muchas veces vivimos los días (y, por ende, la vida) como si fueran experiencias fuera de nuestros cuerpos; es decir, estamos, pero en verdad no estamos allí.

En este permiso les invito a pensar en cuántos detalles supedita en algo que no está pasando en este momento. Queremos muchas cosas de la vida. Todas ellas están, les apuesto, en el futuro. Y ciertamente debemos hacer planes y trabajar para un mejor mañana, pero, ¿realmente vale la pena llegar sin haber vivido el hoy? ¿Cuándo fue la última vez que caminó por el parque y se regocijó con las flores? ¿Sabe usted que sus hijos crecen y muy rápido?

La única manera que conozco de vivir los sueños es honrándose a uno mismo. Y no hablo en un sentido egoísta. Cuando una persona vive únicamente para los demás, merma su visión de quién es y termina sintiéndose rezagada por los demás. Nada aconsejable para vivir.

Y digo esto pues los padres son muy dados a decir: “Lo hago por mis hijos”. ¿Es eso cierto?

En este nuevo año, reconéctese con usted mismo. Vea e investigue formas de vivir la vida más plenamente y más en paz con usted. Siempre tendrá tela que cortar y un lugar en el corazón de donde cortarla.

¿Cuánto de mí misma queda? Las experiencias de vida nos forman. Miro otra vez a mi alrededor. Estoy completa, agradezco. Tengo todo lo que quiero. Estoy aquí. Respiro. ¿Cuánto de mí misma queda? Pues todo.

 

HOY ES EL DÍA

Dé gracias por cada regalo
La vida está hecha de momentos. Agradezca. Uno de ellos es este. Usted está aquí, sentado, parado, aquí. Agradezca eso.
Cierre sus ojos y mire dentro de usted. Se merece este momento. Deténgase y mire. Respire. Qué maravilla.
Hoy el día le regaló un momento más. No habrá mejor regalo en esta época que este: usted está aquí.
Hoy, todo es posible.
No solo los momentos grandes definen nuestra vida. Cosas sencillas como mi taza de café esta mañana. Estar aquí es una abundancia y una bendición.
¡Celebremos y seamos agradecidos!