¿Alguna vez has sentido que un producto femenino cuesta más que el mismo producto en su versión masculina? No es imaginación, es real. Pasa incluso en las grandes capitales.

El impuesto rosa no es más que el nombre que se le ha dado a un impuesto invisible que pagan las mujeres al comprar un producto femenino, cuando el mismo producto en versión masculina cuesta menos. “Hay productos que se venden más baratos cuando no están feminizados”, comenta la socióloga y analista de mercado Carolina Duque.

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Se le llama “rosa” ya que muchas veces el producto en cuestión es rosado, y es el color que la mayoría de las marcas utilizan para los artículos exclusivamente femeninos.

En 2015, el Departamento de Asuntos del Consumidor (DCA) de Nueva York efectuó un estudio de gender pricing (precios de género) en el que comparó casi 800 productos con versiones masculinas y femeninas de más de 90 marcas. El resultado mostró que, en promedio, los indicados para mujeres cuestan 7% más.

MERCADEO DE GÉNERO

En 2011, investigadores de la Universidad Central de Florida descubrieron que las mujeres están dispuestas a pagar más por productos y servicios, en particular por aquellos que las ayudan a cumplir con las expectativas de la sociedad sobre su feminidad. Esto podría explicar por qué las marcas distribuyen a un mayor precio la mercancía etiquetada como femenina.

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Un producto en un color neutro es considerado básico y se vende por menos. Pero “los productos para mujer se perciben como especializados y la marca cree que puede cobrar más ya que el consumidor tiene la percepción de que es diferente”, agrega Carolina Duque.

Frecuentemente, los artículos “para mujeres” prometen tener otras propiedades; no obstante, al revisar sus componentes, lo único que cambia es la fragancia o el color del envase.

“Está tan establecido que te cobren adicional, que cuando lo cuestionas la gente se sorprende”, manifiesta la publicista Ana María Osorio.

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Para no caer en esta trampa, siempre leamos el etiquetado. Si una crema tiene la misma fórmula, ¿para qué pagar más por los mismos ingredientes, solo porque se anuncie bajo la frase “para mujeres”?

IMPUESTO ROSA EN PANAMÁ

A simple vista, los precios pueden verse razonables debido a que las mercancías no se presentan de la misma manera, sino que se varía en los tamaños y cantidades, complicando notar la diferencia de precio de manera individual. Por ejemplo, en las rasuradoras desechables se venden paquetes dirigidos al sector masculino con tres afeitadoras al precio de $1.80; en cambio, se vende un paquete de cinco unidades para mujer a $3.55; nuestro cerebro justifica el aumento pues contiene más unidades. Al calcular el precio individual resulta que la afeitadora para hombres vale 60 centavos y la de las mujeres cuesta 71 centavos. Once centavos más.

 

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El mismo patrón se repite con las cremas corporales. Una loción hidratante dirigida a mujeres tiene un costo de 33 centavos por mililitro, en comparación con la misma crema dirigida al sector masculino que tiene un precio de 23 centavos por mililitro.
Igual sucede con las cuchillas intercambiables; en una marca las femeninas se venden a $11.25 y las masculinas a $6.85.

Las más pequeñas tampoco se salvan de este impuesto; en efecto, una gran cantidad de juguetes y artículos infantiles presentan un alza de precio por solo ser de color rosado. Una bolsa de hilo de dientes para niñas (rosada), que tiene 30 unidades, es 30 centavos más cara que la de niños, conteniendo la misma cantidad de unidades.
Si bien las diferencias pueden parecer mínimas, casi imperceptibles, si se lo suma día a día se traduce en una cantidad de dinero bastante alta.

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UN IMPUESTO INVISIBLE

Colombia lanzó el año pasado la campaña  Menstruación libre de impuestos, cuando una nueva ley proponía aumentar también el gravamen que ya se pagaba por tampones y toallas sanitarias.

En varios países se ha debatido —con pocos resultados— el que las toallas sanitarias o los tampones no sean reconocidos como productos de primera necesidad y por lo tanto se deba pagar por ellos impuestos.

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Para Ana María Osorio esto no tiene sentido. “Los productos menstruales están dentro de los enseres de lujo bajo la ley panameña, y menstruar no es un lujo. No es decisión tuya, es una necesidad del cuerpo”.

Señala que la mayor parte de la población panameña es mujer, muchas de ellas viven en pobreza y “el impuesto a estos productos es un costo extra en sus vidas”.
También destaca que las mujeres gastan más. En muchas empresas estas son obligadas a maquillarse y a asistir con el cabello bien arreglado o con blower. Eso representa un gran gasto que un hombre, en cambio, no tiene. “Tenemos que pagar más solo por ser mujer”, finaliza Osorio.