8b2e98b1f8daf57464157ae75312b92e - Agricultura, familiar y sostenible

“Nosotros somos pobres, pero mi norma de vida es que a mí no me interesan las carreteras; me interesa qué voy a comer, ¿de qué sirven los castillos si no tienes qué comer?”, dice Reginaldo Rodríguez, socio de la Finca Agroforestal Las Conchas, en Chilibre.

Rodríguez es uno de los 22 agricultores que siembran la tierra en esta finca, que debe su nombre a la quebrada Las Conchas que cruza el terreno.

La alimentación es una de las necesidades más básicas de los seres humanos, sin embargo, más de 800 millones de personas en el mundo no tienen alimentos suficientes y la mayoría se concentra en países en vías de desarrollo, y Panamá no escapa de esa realidad. Por ello, las Naciones Unidas declaró 2014 como el año internacional de la agricultura familiar.

Es así que diferentes organizaciones llevan el modelo de granjas autosostenibles a las comunidades, como el Patronato de Nutrición, Fundación Pro Niños del Darién, y entidades gubernamentales como el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida).

Otilio Martínez, presidente de la sociedad Productores Unidos de Las Gaitas, revisa los cultivos.

Capira adentro. Entre lomas y cerros de Capira está Las Gaitas, una de las granjas que apoya el Patronato de Nutrición en el área. Surgió hace unos 13 años, cuando un grupo de familias del área se formalizó en la sociedad Productores Unidos de Las Gaitas y compró los terrenos que hoy todos cosechan.

En medio de un verdor impecable y del calor del fogón donde se cocina un sancocho con productos de la granja, llegamos al gran rancho de reunión de los miembros de Las Gaitas. Otilio Martínez, presidente de la sociedad, recuerda cuando hace más de 10 años las familias residentes decidieron agruparse con ayuda del Mida inicialmente, y luego del Patronato, para trabajar en la nutrición de los niños de la comunidad.

“Cuando empezó el programa a los niños les faltaban vitaminas; tenían bajo peso. Se fueron viendo los resultados por etapas, los niños fueron creciendo, comían bien. Hasta nosotros [los adultos] tuvimos cambios. Ahora tengo un bebé que está con  sobrepeso”, dice un orgulloso Martínez, quien deja claro que cree en la efectividad de este tipo de proyectos y que además atraen a otras organizaciones que amplían las perspectivas de lo que pueden hacer.

Entre las socias está Paulina Vargas, que está en la granja desde el inicio del proyecto. “Nosotros éramos personas muy humildes, muy pobres”, dice.

Paulina Vargas (derecha) conversa con otra socia de Las Gaitas.

“Al principio éramos 17 familias, pero muchos se fueron saliendo porque decían que el proyecto no les daba nada, pero nosotros confiábamos en nuestro trabajo y seguimos”, afirma Vargas, cuyos tres hijos laboran en la granja y uno de ellos, Israel Rodríguez, es el encargado de convertir el lugar en un centro agroturístico.

“Para mí todo esto ha sido algo muy importante, hemos logrado muchas cosas. Tenemos dos tinas para pescado y cuando no hay carne le decimos al presidente [de la sociedad] para sacar unos pescados”, afirma, y reconoce que las técnicas que  han aprendido del Mida y del Patronato de Nutrición las han  aplicado en sus huertos caseros, “y así ya no tenemos que comprar, solo el arroz y la carne de vez en cuando”.

Actualmente, para consumo de los socios y para venta en la comunidad de Las Gaitas se siembra yuca, ñame, plátano, achiote, culantro, piña, y en asociación con la Autoridad de Recursos Acuáticos tienen estanques de tilapia.

Sembradíos de culantro en Las Gaitas.

Escondido en Chilibre. En 1997, los sembradíos de un grupo de agricultores furtivos dieron paso a lo que hoy es la Finca Agroforestal Las Conchas, en Chilibre.

Al cruzar el puente que pasa sobre la quebrada Las Conchas se levanta el rancho, donde cada viernes se reúnen los miembros de la sociedad para ultimar detalles y trabajar en los cultivos. Lydia Jiménez es una de las fundadoras.

El grupo es conformado por 22 agricultores que aprovechan las 45.39 hectáreas que tiene la finca. Las primeras 3 hectáreas son la parcela demostrativa, en que el Mida, la Anam y otras organizaciones les enseñan técnicas de cultivo, elección de semillas y uso del abono.

En Chilibre, así como en Capira, se utilizan abonos orgánicos para los cultivos.

Lo que se siembra y cosecha en esa parcela, menciona Jiménez, va a un fondo común que se reparte entre los miembros. De allí sacan para la venta de maíz, plátano y guandú.

Además, cada socio tiene dentro del globo de terreno sus propias parcelas, que oscilan entre una y dos hectáreas. Allí, aprovechando lo aprendido en las capacitaciones, cada quien tiene su propio huerto, sin embargo, “como la tierra es bastante, siempre hay excedentes y eso lo vendemos a la comunidad o lo repartimos en nuestras familias”, comenta Jiménez.

En La Conchas también participa Reginaldo Rodríguez, desde los inicios de la finca. Para él,  tener estos cultivos impacta en la economía familiar, pues reconoce que productos agrícolas como el ñame, el plátano y el guandú han subido de precio.

Reginaldo Rodríguez muestra los cultivos de bambú guadua.

“Debido a la situación económica de aquel entonces, y aún ahora, es muy difícil que un pobre pueda hacer una sopa con muchos ingredientes”, afirma Jiménez.

“Si le puede echar yuca no le puede echar ñame, y si le echa ñame no lleva plátano. Aquí nosotros  podemos darnos el lujo de hacerla con maíz, yuca, ñame, otoe, ñampí, zapallo. Lo único que falta es la presa, y muchos aquí crían pollos y patos [en sus parcelas]”.

Quebrada Las Conchas.

 

MODELO DE NEGOCIO
Las granjas familiares y comunitarias también pueden llegar a convertirse en un negocio. La Finca Agroforestal de Las Conchas recibe visitas de nacionales y extranjeros para recorrer sus senderos y aprovechar los productos que allí se siembran.
Actualmente, Lydia Jiménez, Reginaldo Rodríguez y Dionisia Álvarez  lideran un proyecto de cultivos de bambú guadua, un tipo de bambú muy resistente y usado para construir viviendas.
Además, cuentan con sembradíos de plantas medicinales y con un rancho y mirador para alquilar a grupos y talleres de cuerdas.

Por su parte, la granja de Las Gaitas, en Capira, busca convertirse en un punto de agroturismo. Han capacitado a Israel Rodríguez para darle forma a este proyecto, que ha incluido el trazado de senderos y la confección de cañas de pescar artesanales para que se pueda pescar en las tinas de tilapias.
También muestran el proceso de cultivo y cosecha del ñame. Asimismo, tienen planes de sembrar  cafetales de baja altura, construir seis cabañas y mejorar el mirador. Además, las señoras que participan  en el proyecto también son contratadas como cocineras para eventos corporativos que se llevan a cabo en las áreas vecinas.

Proyecto de tinas de tilapia en Las Gaitas.