baf2716d642b259ded42b81c9dbc0427 - ‘Quiero un disfraz’

Hasta hace unos años era raro encontrar disfraces si no era octubre, pero debido a la escuela y las películas animadas los atuendos de fantasía se han convertido en algo cotidiano. Es así que ahora las jugueterías y almacenes mantienen durante  el año disfraces de todo tipo.

“Podemos decir que desde épocas recientes nos hemos encontrado con un auge en el tema de los disfraces.  De hecho, es notable que varias tiendas importantes de nuestro país exhiben una gran cantidad de disfraces durante todo el año y no solo para la época de Halloween”, dice la psicóloga Ginella Collado. 

Cuenta Jorge Solano, del almacén Piex, que desde hace poco menos de 10 años se ha notado un aumento en la búsqueda de disfraces a lo largo del año. Asimismo, ha percibido que cada vez menos niños  y adultos prefieren los  atuendos de terror, y se inclinan más por personajes y la moda retro, en el caso de los adultos.

Además de las clásicas princesas y piratas, se han popularizado los disfraces de profesiones como bombero o doctor. En esto coinciden Vanessa Sánchez de González-Revilla, de Kidstop, e Ianire Jiménez, de Eureka Kids.

Jiménez asegura que los disfraces dejaron de estar sujetos a fechas del calendario para darse paso dentro del aprendizaje.

“Algunas escuelas se apoyan en esta herramienta”, afirma Collado, “sobre todo  en preescolar, cuando las maestras desean explicar temas que por la edad y por el propio desarrollo cognitivo les resulta difícil comprender de manera clara a los jóvenes estudiantes”.

Por su parte, de González-Revilla considera que los atuendos de profesiones invitan al niño fantasear con lo que quiere ser cuando sea grande. Además, menciona que también es cierto que hay mucha publicidad alrededor de ciertos personajes, lo que hace que tanto niños como niñas quieran lucir como  héroes y heroínas, incluso eso lleva a que  haya más cumpleaños temáticos  que piden a los invitados que vayan vestidos de un tema.

Hacia esa línea apunta Gustavo Plata, vicepresidente de compras de Arrocha y especialista en juguetes. Este año creció la afición por la película de Disney Frozen. “Los disfraces no se podían ni conseguir en Estados Unidos ni en Oriente, pero finalmente están por llegar. Todas las niñas querían ser Anna o Elsa. Esta película revolucionó la industria de juguetes y  disfraces”.

Y Plata no se equivoca. Diferentes medios en Estados Unidos  indican que este será un congelado Halloween y una gélida Navidad, pues todos los artículos de Frozen se venden inmediatamente. En Amazon y Zulily el disfraz más popular es el vestido celeste de Elsa, en todas sus versiones.

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Del juego a la enseñanza. “Los niños no ven las cosas como un aprendizaje a menos que los padres les enseñen a jugar, y se pueden aprender muchas cosas así. Creo que cada padre de familia podría encontrar algo de aprendizaje en todo esto”, dice Plata.

“Uno aprende a desarrollar roles en diferentes situaciones, por ejemplo, en un momento eres el hijo de alguien, en otro eres el padre de alguien y en un mismo momento puedes ser el hijo y el padre de alguien. Cuando estás en un rol debes actuar de una manera, y cuando se va creciendo, la persona se va inventando y reinventando, dependiendo de lo que esté viviendo”, explica la psicóloga Ana Elisa Villalaz.

El juego de los disfraces permite una expansión en cuanto a las posibilidades que hay de ser de una u otra forma, dependiendo del momento como parte del proceso de desarrollo del niño, comenta Villalaz, y añade que es algo que incluso  ve en sus padres el vestirse de una manera para ir al trabajo, otra para ir al parque y otra para ir a una fiesta. “Son disfraces para diferentes ocasiones, y de hecho cada vez que uno se disfraza no se comporta igual”.

Asimismo, Ginella Collado señala que los juegos de roles contribuyen al desarrollo cognitivo y emocional de los pequeños, así como a  desarrollar su creatividad e imaginación, estimular el conocimiento, fortalecer su autoconfianza, les brinda una mayor facilidad de expresión, fortalece sus relaciones y libera tensiones.

A esto, Villalaz suma que este tipo de juego aumenta el vocabulario del niño, porque aprende a utilizar las palabras relacionadas con ese personaje y a memorizar canciones. Es más, a través del disfraz se pueden manifestar  situaciones que los niños experimentan internamente, y es una manera de exteriorizar sus emociones a través de la coraza en la que se transforma el atuendo.

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Todos son buenos. Para ambas psicólogas no importa si los atuendos son de profesiones, superhéroes o princesas; de todos se aprende, siempre y cuando se utilicen los disfraces apropiados para la edad.

Los disfraces de profesiones amplían el conocimiento en cuanto a las tareas y responsabilidades  que tiene un bombero, doctor, enfermera, maestra o un piloto de aviones, dice Collado.

“Es la experiencia de sentir cómo se ve la gente que desempeña esas profesiones”, dice Villalaz.

Los atuendos de héroes ayudan no solo a que el niño se vista como su personaje favorito, sino  para que pueda absorber los aspectos positivos de ese personaje, como  ayudar a los demás y  estar allí para cuando lo necesitan, la honestidad, la fuerza y la bondad utilizados para vencer a los malhechores. Hay que sacar la moraleja del cuento para que el niño se lleve ese aprendizaje a través de esa experiencia.

En el caso de las princesas, se refuerza el modelo de una chica que le gusta cuidarse a sí misma y  estar siempre presentable. “Cuando vemos a las nenas vestirse de Cenicienta, Bella, Blancanieves o Elsa, de Frozen, claramente lo hacen por admiración al coraje y valentía que tienen las princesas para vencer a  malvadas brujas y tiranos.

“No debemos olvidar que es responsabilidad de los adultos hacerle distinguir al niño la realidad de la imaginación. Mientras estén disfrazados podemos disfrutar junto a ellos y seguirles el juego, sin embargo, una vez que  finalice, hay que hacerles saber que todo vuelve a la normalidad”, señala Collado.

Para Villalaz, hay que tener cuidado con los niños que no logran dejar el personaje, que se pierden en eso. Esto es señal de una alteración en el desarrollo de la personalidad y requieren de una evaluación psicológica.

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Creatividad al máximo. Si bien hay una gran gama de disfraces a la mano, siempre es una posibilidad  que padres e hijos se involucren en la confección del atuendo.

“Si desean hacer su propio disfraz, pregúntele qué quiere mostrar a través de ese disfraz, por ejemplo, ser fuerte, amable, honesto, son oportunidades de tener conversaciones sobre otros temas, como los valores. Además de que ayuda a la motricidad fina al elaborar su propio atuendo”, dice Ana Elisa Villalaz.

Es una realidad que para las niñas no hay variedad de heroínas, entonces puede que ella quiera vestirse de Batman o Ironman. “No hay ningún problema”, según Villalaz, “solo los comentarios que pueda recibir la niña por su elección. Somos los adultos los que les damos connotaciones negativas”.Para la especialista, hay que manejar el disfraz como algo unisex, que no está relacionado al personaje en sí, sino a las creencias desde las cuales funciona el personaje, como amabilidad, gentileza y ser servicial.

“Hay que usar la creatividad para transformar los disfraces”, finaliza Villalaz, “porque se puede cambiar la forma en que miras el personaje”.

Cortesía/ Butterfly Kiss

Mi ‘mini’ yo. Si bien puede que toda niña quiera parecerse a su personaje favorito, también puede que desee tener una compañera con la que comparta ciertos rasgos.

Es por eso que tiendas como Butterfly Kiss cuentan con líneas de muñecas que les permiten a las niñas elegir su cabello, color de ojos, piel y ropa. “A las niñas les encanta tener algo que se les parezca. Son una extensión de ellas y buscan que la muñeca exprese sus emociones”, dice Michelle Cowes, de Butterfly Kiss.

Aclara que estas muñecas son compañeras o amigas, no hijas ni bebés. Están recomendadas para niñas entre los 8 y 12 años.

“A veces las mamás piensan que una niña de 10 años está muy grande para jugar con muñecas y eso no es así, pues a las niñas les gustan. Además, con los bebés les vas sembrando el concepto de ser mamás muy temprano”, considera Cowes.

Para la psicóloga Ana Elisa Villalaz, las muñecas iguales son más positivas que los disfraces, pues se trata de un proceso creativo que está alimentado la imaginación. “Siempre que no se salgan de los límites normales, con un comportamiento obsesivo en el que la niña no pueda comer, estudiar o hacer todas sus actividades si no es en compañía de la muñeca”.

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