4609c33c776d6f9d04908869ab93ae14 - ‘Quiero llorar’

Es terrible ver a un hijo o a un ser querido triste. Sin embargo, la tristeza, como su prima la ira, es una emoción que todos vivimos, y por tanto, debemos aprender a manejar. Como les explico siempre, es mucho mejor cuando nos permitimos transitar por la experiencia y aprender de ella.

Hacemos demasiado. En este afán de hoy, lo primero que se hace al saberlo triste es decirle al otro que no es para tanto lo acontecido, que ya pasará. Y comúnmente le llamamos ser objetivos. Mal consejo, lo que estamos haciendo es, sin querer, devaluando el derecho del otro a sentirse triste. No debemos pretender que lo que está pasando no es de suficiente importancia para el otro.

Es mi manera de pensar que si damos un espacio para sentir, lo que haya sucedido, eso que produjo el dolor, podrá procesarse más sanamente. Rita es una adolescente de 16 años, su novio la dejó y está devastada. Al contarle a su mamá, esta le dice: “Ay hija, eso le pasa a todo el mundo. Anda, ya seca esas lágrimas”. Esta es una respuesta equivocada en la que incurren los padres demasiado pronto y que da la impresión de que se rechaza la emoción. Si esto se repite muchas veces la persona aprende a apagarse y a hablar sin emoción.

Otro escenario muy común lo doy con el siguiente ejemplo: Felipe, de 9 años, llega a casa triste porque los niños no querían jugar con él en el recreo. Su mamá le dice: “Hijo, no te preocupes, yo te resolveré. Ya deja de estarte quejando”.

Puede ser que ambas madres estén muy angustiadas, pues ven a sus hijos sufriendo. Pero tenga en cuenta que tratar de resolver la situación por la persona afectada tampoco ayudará.

Se puede decir algo como “es terrible que Pepito y tú no sean más novios, confío en que sabrás lo que tienes que hacer”. Un comentario que ayuda a los adolescentes; recuerde que están en el ejercicio de la autonomía y pensar por sí mismos en una solución les ayudará. Además es demostrarles que podemos confiar en ellos para la resolución de sus problemas, que recibirán nuestro apoyo, que entiendan que caminaremos esta situación con ellos y no por ellos. Esta actitud les ayudará a confiar en sus propias capacidades de resolución de conflicto.

Escuche y esté allí. Deje lo que está haciendo y llegue al lado de su hijo. Es muy importante. Esté junto a él y escúchelo, permita a su adolescente poder tomar sus propias decisiones.

Es demostrarles a los adolescentes que podemos confiar en ellos para la resolución de sus problemas, que entiendan que caminaremos esta situación con ellos y no por ellos

¿Por qué nos ponemos tristes? Es importante comprender que la tristeza no es estar deprimido. Este término, al igual que decir que una persona es bipolar, está mal utilizado, pero eso lo veremos más adelante. Muchos acontecimientos, sucesos, pueden causar tristeza.

La tristeza puede ser momentánea o puede ser más larga.

Una breve encuesta personal local sugiere las razones más populares por las que niños y adolescentes se entristecen. Me permitiría extender los motivos hasta nosotros, los adultos.

• El resultado no sale como queremos (Sea que “se perdió el partido” o “salí mal en una prueba”).
• Hieren los sentimientos. Alguien nos dejó por fuera o dijeron algo negativo.
• Problemas con los amigos. Mantener las relaciones sociales.
• Se pierde algo, bien sea un objeto material o algún privilegio.
• Se extraña a alguien. Por ejemplo, con el divorcio o hacer una mudanza.
•  Escuchar un relato  triste.
• Alguien fallece.

Lidiar con la tristeza. Ante cualquiera de los escenarios anteriores, lo primero es darse permiso para sentir la emoción, como con todas las demás. Cuidado, que sentir la emoción es muy diferente a decir que la emoción nos sobrecoge.

Existen formas de lidiar con el sentimiento de tristeza. Por ejemplo:

• Notar cómo me siento. El cuerpo es el gran teatro donde se expresan los sentimientos. Conocer cómo reaccionamos y por qué lo hacemos de la forma como lo hacemos nos ayuda a comprender mejor quiénes somos y a aceptarnos tal cual somos (la meta número uno de quien vaya a terapia). Reconocer por qué me siento así, qué disparó la emoción.

• Reducir el impacto. Pensar en formas en las que puedo hacer menos poderoso el pensamiento. Por ejemplo, no rendirse, darse crédito por tratar. ¿Cómo puedo hacerme más fuerte después de esto que ha pasado?

• Rutas de escape. Ayudarse haciendo algo que permita aflorar la emoción, como  hablar, escribir, colorear, dibujar, lo que se necesite.

• Buscar ayuda. Si siente que no puede lidiar solo ante la tristeza o que la tristeza se prolonga,  debe consultar a un especialista en salud mental, quien le ayudará.

El duelo. Encuentro que especialmente en los procesos de duelo las ansiedades de los padres interfieren de manera negativa en el transitar normal del menor.

No hay un tiempo establecido para determinar cuánto debe durar la tristeza; como todo en la vida, es personal. Mi consejo básico es que el padre otorgue al adolescente dolido el espacio, pero esté allí, acompañando.

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APRENDER DE LA TRISTEZA
Si pudiera borrar la tristeza, no lo haría; he aprendido que esta es parte de la vida. Por supuesto, odio ver a mis hijos tristes, pero soy capaz de resistirlo. La vida me regaló un corazón suficientemente cuidadoso y cariñoso para acompañar a mis hijos en todos sus momentos especiales. Pero también me está dando tiempo para compartir con ellos sus emociones. No es fácil, las emociones nos hacen vulnerables, pero les garantizo que cada minuto vale la pena.