33963de688939c10217c83e06ace0484 - Patricia Vlieg, de vuelta a las raíces

En la casa familiar, se escucha música de todo el continente: los discos de la abuela mexicana y los que el padre trae del sur. El cancionero latinoamericano, tradicional y contestatario, está presente, así como  la armonía y la libertad del jazz y la serena belleza de la música clásica. Esas son las primeras memorias que tiene la cantora Patricia Vlieg de una larga relación con la música. Imprecisa pero muy presente, la artista -invidente de nacimiento- se figura este primer contacto como una aproximación a un vasto mar. “Mi acercamiento a la música lo siento como el acercamiento al mar, a ese mar que no te acuerdas ni cuándo te empezó a mojar los pies, y después te fuiste adentrando en él. Había en mi casa esta búsqueda de estimular auditivamente y que la música fuera un espacio de encuentro para mí. Mis primeros recuerdos de música tienen un sabor de familia”. 

Esa pasión se convirtió desde muy joven en su camino, que quedó sellado con sus estudios de música, canto, composición y arreglos en el Berklee College of Music en Boston, Massachussets y en el New England Conservatory de Boston en Estados Unidos. Recuerda esos momentos con una sonrisa, por la gran aventura que supusieron y el afán de descubrimiento que trajeron con ellos. Reconoce que como músico ha crecido enormemente y que cada día que pasa se afirma más esa vocación.

Incluso la manera en cómo se define a sí misma tiene una reflexión en torno a la cuestión de la música. Vlieg expresa que  no se considera una cantante, sino una cantora, cuya voz es su instrumento principal, si bien es una virtuosa del piano y la guitarra. “A pesar de que el canto es mi instrumento principal y así lo siento, tengo una relación muy cercana con los demás instrumentos. Siento que cuando cantas es una cosa y que cuando cantas y tocas, es casi como si ambas cosas fueran un solo instrumento y me gusta pensarlo así”. 

Con varias producciones discográficas a su cargo, entre las que se cuentan Esta noche ha nacido una estrella, Viviendo en mi sonrisa, Tus promesas, Origen y habiendo tenido la oportunidad de presentarse en escenarios de América, Asia y Europa, Vlieg se siente en su mejor momento musical. Al pleno dominio de la técnica une la madurez como cantora. “Es ahora, cuando he encontrado mi propia manera de decir las cosas, mi propio idioma en ese mar que es la música y que siempre será más grande que uno, ahora siento que soy más capaz de conectar conmigo misma y me siento muy feliz por eso”.

Su último disco, A una cantora, es un tributo a Mercedes Sosa que nació de una experiencia personal muy profunda. “Yo estaba en Chile cuando tuvo lugar la muerte de Mercedes Sosa. Estaba en un encuentro de mujeres y comenzamos a cantar canciones suyas. Ni siquiera teníamos guitarras, pero fue una sensación muy especial y de recordar canciones que estuvieron cercanas a mí”.

Todo ese recorrido emprendido con la música latinoamericana ha hecho pensar a la artista las formas en las que puede cantar y contar la música de nuestra tierra. Por eso, Vlieg es la cabeza de un proyecto al que ha llamado  “Panamá en el corazón”, una plataforma   que busca la preservación y difusión de    las canciones tradicionales y emblemáticas de lo panameño. El primer paso de este es un disco llamado Cabanga

bd7bc85a63fd558924d4590474ddbd30 - Patricia Vlieg, de vuelta a las raíces

 

El proyecto ‘Panamá en el corazón’. Vlieg cuenta que su deseo inicial era hacer un disco de canciones panameñas. En el camino se convirtió en algo más grande en el que la documentación y profundización tanto en las mismas composiciones como en los temas de los que trata toman parte esencial. “Vi que muchas más posibilidades y territorios de búsqueda, como el de la investigación y educación acerca de nuestro patrimonio musical, es esencial”.

Esa primera parte del gran proyecto se materializa en Cabanga, un álbum de 14 canciones de raíz folclórica y emblemática de diversos compositores istmeños, grabadas por Vlieg. Músicos panameños estarán acompañados de artistas internacionales como el clarinetista cubano Paquito D’ Rivera; Berta Rojas, una gran referencia en la guitarra clásica latinoamericana o cantoras como la mexicana Lila Downs o la brasileña Mónica Salmaso, entre otros artistas, “que vienen de la tradición de la música clásica, del jazz, con el fin de mirarlas desde diferentes lugares con un elemento común”.

Estructuralmente, Cabanga pasa revista a canciones panameñas agrupadas de forma temática. “Hay varias secciones, una en la que hablamos de sonidos de identidad, que cuentan cómo somos y por qué somos así; luego paisajes del corazón que son canciones que te hablan de lugares físicos y que evidentemente evocan un sentimiento, luego amores y desamores, que son canciones que cuentan cómo amamos y cómo nos desenamoramos. Nuestras paradojas y nuestros legados. Es una manera de ver las canciones como historias”.

Aunque enamorada del ritmo y la armonía que pueda tener una canción, Vlieg se declara una fiel creyente de la palabra  y la fuerza del mensaje en las canciones. Esto es lo que a su juicio le da la pervivencia en el tiempo a una composición. Por eso, aquellas que han pasado entre generaciones de panameños son las que  dicen algo de nosotros, esas que pueden hacernos entender mejor quiénes somos y por qué somos de este modo.

“Las canciones son para mí una manera de poner en palabra lo que sentimos y permitir que la canción nos lo devuelva. Son como espejos en los que podemos mirar de frente y decir: esto se llama alegría, esto es nostalgia, esto es la tristeza; esto es lo que siento, es lo que me pasa. En ese sentido creo que son tan importantes porque son  una manera de decir las cosas y de escucharnos otra vez.  Por eso creo en las canciones como puente, como espacios para vernos a nosotros mismos reflejados, y ver al otro, y verlos más cercanos”, elabora.

La artista confiesa que contribuyó a afincar el proyecto el ser testigo de la poca presencia de piezas musicales tradicionales en celebraciones tan importantes como el centenario del Canal de Panamá o los 50 años de la gesta del 9 de enero. 

La producción discográfica está acompañada de un espectáculo audiovisual que servirá como un soporte para el viaje musical. Se trata de videos que acompañan a las canciones, un trabajo realizado por Animal Company, que recorrió el país filmando lugares y momentos muy panameños. En fusión con Mindtech y Libélula Fractal completan la propuesta audiovisual que podrá verse en los conciertos. Estos se realizarán en Chiriquí, en la Feria de David, el 15 de agosto y en Panamá, en el Teatro Anayansi, el 21 de agosto.

Patricia Vlieg junto al pianista Popi Spatocco, quien fue por muchos años arreglista y productor de Mercedes Sosa y es el coproductor artístico,director musical y arreglista de ‘Cabanga’.

En el pentagrama de todos. El fin último del proyecto es la internacionalización de las canciones, propone Vlieg. “Siento que hay dos áreas de trabajo: el compromiso de Panamá en el corazón es el rescate, reserva y difusión de nuestra canción emblemática y de raíz, y el disco y creación de espectáculo forman una parte de eso. Además, a las canciones se le han hecho arreglos  para que tanto músicos nacionales como de afuera tengan acceso a nuestra música. Así como tocamos música brasileña y escuchas tango, de la misma manera nuestro deseo último es que nuestras canciones también formen parte del repertorio de músicos fuera del país”, dice.

Lo que dura en escucharse el disco es una oportunidad para volver a conectar con el Panamá verdadero. “Es recordar  ese Panamá entrañable, que pensamos que está hecho de mucho bullicio, de cosas que pasan rápido, pero dentro de toda esa rapidez y de las múltiples influencias y colores de las que estamos hechos, es un momento para escucharnos con detenimiento, para disfrutar de nuestros espacios de alegría, de sonido y de silencio”.

Y ante la pregunta de por qué tituló al disco de ese modo, contesta entre risas que “la expresión panameña es ‘comer cabanga’ porque contaban que cuando alguien se quedaba triste por la ausencia de una persona amada, el consuelo era comer cabanga, que es un dulce que se hace de miel de caña, papaya verde y coco. Entonces hay algo de ese sentimiento de añoranza del que está lejos y que añora esta tierra, y también una cabanga del que está aquí por el Panamá que cambia tan rápido, pero que nunca pierde la sencillez ni la inocencia de lo que significa visitar a los abuelos o comer un mango a la sombra de un árbol escuchando una saloma a lo lejos”.