Foto cortesía de Solinka de Panamá de unos carnavales en Calidonia en los años 70.

Echamos mano de la memoria para evocar lo mejor de los carnavales de la Central, aquellos a los que  Pedrito Altamiranda les dedicó una canción, que cada fiesta de Momo vuelve a ser un número uno, por ella los más jóvenes saben hoy que en la avenida Central una vez la fiesta fue grande. A Pedrito, no faltaba más, lo quisimos entrevistar para esta nota pero se salió con la suya y nos sacó el cuerpo.
Les invitamos a leer estos testimonios y a compartirlos en casa, seguro que sus padres y abuelos, si crecieron en la capital, tendrán algo que aportar.

‘CARNAVAL ES BAILAR’
Raúl Ortiz, director de la Súper Orquesta de Raúl Ortiz
Celia Cruz, Daniel Santos, Rolando Laserie, Alberto Beltrán, El negrito del batey; Nelson Pinedo, El almirante del ritmo; Capulina, Benny Moré y Vitín Avilés son solo algunos de los artistas que se hicieron acompañar en sus presentaciones por la legendaria Súper Orquesta de Raúl Ortiz, una agrupación de 18 músicos presidida por su director Raúl Ortiz, y que durante las décadas del 50 al 70 fue de las más solicitadas para acompañar a estos grandes nombres de la música popular del momento.

En su oficina, Raúl Ortiz tiene fotos, reportajes de periódicos y carteles de las presentaciones de su orquesta.

Ortiz, hoy con 80 años, señala que muchos de estos artistas se presentaron durante los carnavales, los que recuerda como la era dorada de las fiestas del rey Momo en Panamá. En ellas, a diferencia de ahora, según el también vocalista y percusionista de la orquesta, el baile y la música eran los principales protagonistas.

“En la avenida Central se concentraba no todo, sino el desfile de Carnaval, en el que se presentaban las reinas y las comparsas en la tarde. Estaban conformadas por 100 o 200 personas que iban todas bien ataviadas con sus deslumbrantes disfraces, como la de los Reyes, los Condes, Caña Brava, los Campesinos del Chorrillo, los Príncipes Cumbancheros, los Hippies, los Califas. Los bailes eran en la noche y no en la Central, sino en lugares adyacentes, en los famosos toldos”, cuenta.

Fotografía de la Súper Orquesta de Raúl Ortiz en 1964.

Estos eran lugares destinados al baile y consistían en tarima y pista, todo de madera, en los que cabían unas 10 mil personas en cada uno, y se separaban por el género de música que se tocaba. “Los había de típico y de música popular, y los empresarios en ese tiempo contrataban al cantante que estaba de moda para que se presentara allí”.

La Ola marina, que quedaba en el parque donde hoy  está el Palacio Legislativo; el toldo Mariposa, en calle 16; el toldo Brisas de Ancón, en la avenida Ancón; el toldo Bohío, en la plaza Herrera; y El Montunito en Calle 18 oeste, cerca de Barraza, son algunos de ellos, de acuerdo con Ortiz.

Foto: La Prensa/Oliver Meixner

Una de las anécdotas más entrañables que relata fue la de las muchas veces que la Súper Orquesta tocó con Celia Cruz. “Ella vino en total como siete veces y yo la acompañé como en cuatro ocasiones. Era la mejor guarachera del mundo y una mujer muy tranquila. El esposo no se despegaba de ella. Cada vez que ella venía él me decía ‘Raúl, yo sé que la orquesta es tuya, pero quisiera yo mismo dirigir porque ella va a cantar’, y como ese mismo día se iban yo se la cedía”, dice.

 

SALSA EN LA CENTRAL
Jimmy Dawson, presentador y promotor artístico
“Al único Carnaval que fui a la Central tenía como 9 años. Los carnavales empezaban cerca de la basílica de Don Bosco y creo que terminaban en el parque de Santa Ana”, recuerda el especialista en música tropical Jimmy Dawson.

Foto: La Prensa/Oliver Meixner

“En la vuelta, donde hoy está la fuente de la plaza 5 de Mayo, ponían la tarima principal y ese año estaba El Gran Combo con Andy Montañez, Pellín Rodríguez  y Tommy Olivencia. Frente a la tarima había una discoteca cuyo nombre no recuerdo, pero sí a su propietaria, Marcela, que era supersalsera. Ella abría su discoteca y todos los músicos se metían allí, se tomaban sus traguitos; era el punto de reunión”, comenta Dawson.

El promotor recuerda que cuando los carnavales se comenzaron a hacer en la vía España, había un solar (en donde ahora está Plaza Concordia) y ponían el toldo más grande, “y allí se metían El Gran Combo, Ismael Miranda, Roberto Roena, entre otros”.

Dice Dawson que quienes organizaban los mejores bailes eran Hugo Randino, Alejandro Domínguez y “un señor de apellido Abad”. “Sí recuerdo bien, ya tenía como 15 años, que en Río Abajo [en la entrada de la calle 11 y media], había un terreno baldío que usaban para guardar camiones. El señor Abad era dueño de eso y cuando eran carnavales ponía el toldo “Ven pa’ cá”. Allí un Martes de Carnaval hicieron un baile con Johnny Pacheco, soy un gran fan de él, y Pete El Conde Rodríguez. Me acuerdo que la entrada eran como 5 dólares y se metieron cerca de 11 mil personas”.

 

‘COLÓN Y LAVOE SE INSPIRARON EN EL CARNAVAL DE LA CENTRAL’
Andrés Villa, relacionista público y escritor

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“Mis recuerdos provienen de mi niñez en el barrio de Santa Ana, donde viví, primero en la avenida Ancón, Plaza Amador y calle 13 de Santa Ana. El carnaval del barrio era una fiesta.  La gente salía disfrazada de  los zaguanes vestida  hacia la  Central, eso creaba una ambiente de fantasía. Siempre recuerdo el sol del verano, la brisa desde el cerro Ancón y  la hora en que comenzaba todo: alrededor de las 4:00 de la tarde.
El Carnaval en la Central es una de las mejores épocas de la historia de estas fiestas. Se extendía desde el parque de Santa Ana hasta La Cuchilla de Calidonia. Pero el centro de todo era la plaza 5 de Mayo. Había muchas cantinas y restaurantes que daban color al asunto. Los toldos de salsa y típico estaban a solo dos cuadras de esta ruta. Era un carnaval lujoso. El que quería participar debía vestirse muy bien. De colores, con zapatos lustrados, sombreros.  Las mujeres también, con ropa provocativa, sin ser vulgar. En la plaza 5 de Mayo tocaron muchos artistas, entre ellos El Gran Combo y la TNT Band. Pero me impactaron Héctor Lavoe y Willy Colón, dos desconocidos entonces. Al año  siguiente regresaron con piezas como Cheche Colé, La Murga de Panamá, Panameña, Panameña. A mi modo de ver estos dos  íconos de la salsa quedaron impactados por la música que encontraron en el Carnaval de Panamá. El swing de las comparsas y el sonido de los trombones de las murgas que acompañaban a las reinas formaría parte de su estilo siempre”.

 

‘LA REINA Y EL REY MOMO ERAN LOS DUEÑOS DE LA CIUDAD’
Solinka de Panamá

La cantante Solinka de Panamá. Foto: La Prensa/Jihan Rodríguez

La calle cubierta de serpentina, la gente elegantemente vestida para ver el desfile en la tarde. Son los carnavales en la avenida Central que rememora Solinka de Panamá cuando era niña.

Ella, cuyo verdadero nombre es Solange Arias, nació en calle 18 Central y disfrutaba los desfiles con su mamá y sus hermanos. “Era una cosa increíble. Era una alfombra de serpentina, nadie te echaba nada, estaban los resbalosos pero no se metían contigo. Había cantidad de comparsas, la del Chorrillo, la de Calidonia, la de Río Abajo, eran de 30 a 40 comparsas”.

Solinka junto a Raúl Ortiz y Bolita Gómez.

El sábado de Carnaval en la mañana desfilaba la reina, que se elegía en el Club Unión, y el rey Momo, y llegaban hasta la Alcaldía de Panamá, en el Casco Antiguo. El alcalde le daba la llave de la ciudad a la reina “porque la reina y rey Momo eran los dueños de la ciudad los cuatro días de Carnaval. Eso se perdió”, evoca la cantante.

Cuando el desfile terminaba, la gente se iba a descansar a su casa y luego a bailar a los toldos. “Los toldos eran de madera. Había orquestas nacionales como las de Raúl Ortiz, Clarence Martin, Pipo Navarro, Marcelino Álvarez, Armando Boza, y llegaron a traer orquestas de afuera, como Benny Moré, la orquesta Aragón, pero le daban mucha oportunidad a lo nacional”.
Para la década de 1970, ella cantó en un toldo en la plaza 5 de Mayo. Dice que gozó esos momentos. Solinka se presentará este domingo en la tarima del recuerdo en el Carnaval Metro City de Panamá.

 

EN COMPARSA
Daniel Gómez Nates, dramaturgo, profesor de actuación y director teatral
Las protagonistas del Carnaval en la Central en la década de 1970 y principios de 1980 eran las comparsas, y Daniel Gómez Nates formó parte de Los Calipsos, que salían del barrio de San Miguel, desde que su mamá lo inscribió a los  cinco años. “Tenían una directiva y tenías que poner una cuota y mandar a hacer el disfraz”.

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Cada comparsa tenía su reina y su carro alegórico, y el carnaval en sí era organizado por los diferentes barrios. “Era una fiesta mucho más popular organizada por el mismo pueblo”.
En su último carnaval como comparsista le tocó ser edecán de la reina y “me acuerdo que ese año el carro se prendió y yo me aventé y  más nunca quise salir en nada de eso”.

 

FIESTAS DE SERPENTINAS, CONFETIS Y BAILES
Alfonso ‘Papito’ Almanza
Confiesa el productor y empresario Alfonso Papito Almanza que disfrutó y vivió los mejores carnavales en la Central, aquellos años en que estas fiestas tenían tres elementos indispensables: “mucho confeti y serpentina, comparsas y toldos”.

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De sus años mozos recuerda que “el pueblo se preparaba para disfrutar del paso de las comparsas, los carros alegóricos y el desfile de la reina junto a su séquito”. Época en que la vida capitalina transcurría de Santa Ana a la 5 de Mayo. Luego “los años en que el hotel El Panamá, en vía España, era la sede de la reina, como lo fue de Julieta Barría (q.e.p.d.) y Marcela Van Horde”.

Según el productor de teatro, en esos años de 1960 a 1970 las fiestas tenían “tres cosas importantísimas. Debía haber mucho confeti y serpentinas, alegres comparsas y toldos para bailar”. Había bailes tanto en el Club Unión como en centros nocturnos, como El Rancho y el Balboa, sin olvidar los toldos que se ponían en la parte vieja de la hoy avenida Balboa” para bailar hasta el amanecer.

Recuerda que había la tradición de ubicar frente a la casa de la reina la bandera de los carnavales, además de una corona enorme hecha con luces. “No recuerdo el año, pero Marcela Cucalón, una mujer hermosísima, muy alegre, plantó la bandera en su casa ubicada en la calle de la iglesia de San José”, en San Felipe.

Otro ingrediente vital eran las comparsas. “Jóvenes que bailaban al unísono detrás del carro de la reina. Al llegar a la 5 de Mayo el pueblo se unía y los acompañaba hasta Santa Ana, mientras que de los balcones tiraban confetis y serpentinas”.

Los lunes de Carnaval ellas vestían de pollera. No había agua y se tiraba harina y para el entierro de la sardina se caminaba desde los toldos hasta el Mercado Público y de ahí a desayunar en las fondas. “Fueron otros tiempos, otros carnavales, con seguridad y buen ambiente”, dice Almanza.

 

RECIÉN LLEGADA
Masha Armuelles, actriz

Foto: La Prensa/Jihan Rodríguez
Cuando la niña Masha llegó a Panamá en 1973, después de vivir en La Unión Soviética (su padre, un estudiante panameño, conoció allá a su mamá) fue una sorpresa descubrir que aquí se celebraba el carnaval de esa manera. “Era mi primera experiencia, mi mamá y yo no entendíamos qué significaba esto”. También relata que recuerda a los resbalosos como personas que “asustaban a la gente” pintándose el cuerpo y colocándose “cosas asquerosas en la boca como patas de pollo”.

“La gente tiraba confeti y serpentina; mucho de lo que escribe Pedrito Altamiranda era así”. También recuerda que mientras otros niños tenían matracas y otros juguetes, a ella solamente le compraron un helado. “No había para más nada, pero eso no me marcó ni me afectó, al contrario, fue una experiencia muy bonita en ese momento”.