Ser emprendedor implica arriesgarse.

Desde que el Centro de Innovación de Ciudad del Saber empezó hace 14 años a apoyar a  emprendedores, vio cómo a las capacitaciones entraba la misma cantidad de hombres que de mujeres, pero luego de desarrollar la idea, armar el prototipo y el plan de negocios, la mayoría de las mujeres desistía. 
“Cuando llegaba la hora de enviar a  10 finalistas para ir a Silicon Valley [una de las fases finales del adiestramiento], solo había dos mujeres”, explica Larú Linares, que trabajó con el programa. A la hora de dejar un empleo o tomar decisiones que las llevarían a abrir o hacer crecer sus negocios, no lo hacían. ¿Qué las estaba deteniendo? 
A raíz de eso, el Centro de Innovación creó el proyecto Canal de Empresarias, que hoy dirige Linares y es apoyado por el Fondo Multilateral de Inversiones, Fomin, del Banco Interamericano de Desarrollo.

El proyecto está armando una plataforma virtual para que desde su casa las mujeres puedan participar. El objetivo es que empiece a funcionar en abril. Entre los temas que incluye la capacitación están motivación y desarrollo de la creatividad.
Las participantes estarán divididas en grupos: las que están por empezar un negocio y las que son empresarias. Pretenden que un grupo colabore con el otro.

¿Qué las frena? 
Ser emprendedor implica arriesgarse. Panamá ofrece a los profesionales oportunidades laborales atractivas. Empezar un negocio propio significa salir de la zona de comodidad del trabajo asalariado. A los nacionales les cuesta más atreverse.
En cambio, para un extranjero que ya asumió el gran riesgo de su vida al dejar su país, resulta menos traumático crear una empresa, reflexiona Linares.
Cuando se trata de parejas, los hombres sienten más recelo al saber que su esposa dejará el trabajo para intentar un negocio propio. En cambio, ella está  más dispuesta a aprobar que  él hipoteque la casa para apoyarle en sus sueños, dice Linares. Hay en esto un fuerte patrón cultural.

Por otro lado, las mujeres dudan más: “Hay otros mejores que yo”,  “No estoy suficientemente preparada”, son pensamientos que la asaltan, tal como expuso la socióloga española Capitolina Díaz, quien fue oradora de la presentación de Canal de Empresarias en octubre.
Cuando un hombre se va de viaje de negocios hace su maleta y se va. La mujer no parte sin verificar cómo quedará organizada la casa, la comida y las actividades de los niños.

“La empresaria tiene que establecer sus prioridades”, afirma Johanis Osorio, gerente del Programa de Mentoría de Voces Vitales, una organización internacional con filial en Panamá, y que entre sus compromisos está  ofrecer herramientas y mentorías a emprendedoras. Agrega que las mujeres necesitan diseñar su horario empresarial, enfocarse en sus objetivos y conseguir el apoyo para el cuidado de los niños y de la casa. “Muchas emprendedoras piensan que estar en casa es estar trabajando”, pero si analizan su día  verán que han interrumpido su trabajo varias veces para atender otras tareas. “Las mujeres creemos que todo lo tenemos que hacer nosotras. Hay que cambiar eso”, agrega.

Rachel Pol, oradora, en la reunión de febrero de Espacio Voces Vitales.

Encontrar apoyo.
Es un jueves al final de la tarde, y en un salón de hotel hay alrededor de 20 mujeres escuchando a la dueña del restaurante Tomato, Rachel Pol. Ella habla de su travesía desde ser una dj; vendedora en la Zona Libre; estudiar repostería;  tocar puertas en restaurantes para ser aprendiz, hasta ser la propietaria del restaurante Tomato.
Esto es Espacio Voces Vitales, que todos los meses invita a una mujer exitosa con una historia que compartir. Esta oenegé ofrece mentoría a las emprendedoras. Les enseña desde a delegar y fomentar la creatividad, hasta  aspectos legales de los negocios.

Muchas emprendedoras son muy hábiles en un aspecto de su negocio. Sin embargo, esa pericia no es suficiente. Hay que conocer de distintas áreas y además buscar ayuda en socios o colaboradores.
Por ejemplo, muchas no tienen un número de RUC ni facturan como es debido para evitar pagar impuestos. Esta práctica les impide crecer. Las grandes empresas no las van a contratar.

Por estar imbuidas en su trabajo también se descuida la asistencia a reuniones y encuentros con conexiones importantes. Las conexiones son a veces más importantes que el dinero. Con ellas consigues socios, consigues una mejor ubicación para tu local y consigues más inversiones, comenta Johanis Osorio, de Voces Vitales. Uno de los objetivos de los talleres es que las participantes formen alianzas.

Lucy Aronátegui tiene un negocio de madera 3R.

Hay que estar dispuesta a los cambios. 
Cuando Lucy Aronátegui empezó con su esposo, hace una década, un negocio de venta de formaletas de madera para la construcción, recibió un pedido diferente: “¿Tienen palettes?”, le preguntó una conocida al otro lado del teléfono. El pedido era importante, por lo que ellos dijeron que sí, aunque ni siquiera estaban seguros de qué se trataba.

Consiguieron los palettes  para la venta. Así empezaron un exitoso negocio en un momento en que el palette era poco apreciado y lo podían comprar a un precio muy barato en puertos y lugares de descarga.

Lucy Aronátegui es una mujer que sabe de reinventarse. Su negocio original se llamaba Virtual Trip, dedicado al negocio turístico a través de internet. Solo tuvo que agregar una p al nombre para crear Virtual Transporte, Reparación e Importación de Palettes de Panamá. El negocio pasó por momentos malos, como cuando perdieron los contratos con grandes empresas a las que les vendían palettes, y estas fueron adquiridas por otros dueños. Lección aprendida: no puedes amarrarte a un solo cliente.
Luego fueron multados por el Municipio por dejar desechos de palettes  frente al negocio. Lucy pensó cómo podría deshacerse de ese material. Entonces lo donó a personas que cocían bollos y pixbaes con leña, también a Remar y a Hogares Crea, que lo utilizaban para hacer banquitos y casitas para perros.

Después desarrolló un plan para que esa madera fuera aprovechada como briquetas y pellets, que en otros países se usan para calderas y calefacción. Su proyecto de energía sostenible fue premiado por un concurso de innovación de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, y también le mereció un viaje a Silicon Valley con el Acelerador de Empresas de Ciudad del Saber.

Ese proyecto está en pausa, pues la máquina que necesitaría para echarlo a andar es muy costosa. Y el volumen que Panamá produce de desechos de palettes no es interesante para hacer alianzas con compañías extranjeras. No pierde la esperanza de un día echarlo a andar.

Por ahora, Lucy, quien maneja el negocio sola (su esposo se dedica a otros proyectos), sigue trabajando con palettes y diseña muebles e implementos para jardines con ellos. Ha participado en Voces Vitales y fue una de las oradoras invitadas a la inauguración del Canal de Empresarias. En su opinión, hay que sacar tiempo para estas actividades porque hacen crecer.
 

Melissa De León, en la planta de Panamá Mills.

Encontrar la oportunidad y persistir.
Hace unos años, Marlene Saldarriaga leyó en Martes Financiero un artículo sobre productos agrícolas panameños que no cumplían con los requisitos para ser exportados, muchos de los cuales se desperdiciaban. ¿Cómo se podrían aprovechar?, pensó.

Ese fue el nacimiento de Panamá Mills, una empresa en la cual es socia con la chef  Melissa De León y un socio inversor. Ellas producen harinas, de camote, otoe, yuca y otras que entran en la categoría “libre de gluten”. Pero además hacen galletas, frutos secos, pastas con  harina de hortalizas panameñas.

Marlene se ocupa de las operaciones (la fábrica está en Los Andes), y Melissa está enfocada en el desarrollo de los productos. Marlene prefiere estar detrás de cámaras; Melissa suele ser la que da las entrevistas.

En 2012, su idea, que además es un apoyo al productor nacional, ganó el EMPRETEC Women in Business Award en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.

Desde el momento en que se tiene una idea hasta que se puede desarrollar hay un largo camino. En estos momentos están por empezar a comercializar sus harinas y otros productos en tiendas y supermercados. “Es importante cumplir con los requisitos que permitan vender a empresas grandes. Algunas vienen a la planta a ver las condiciones en las que hacemos los productos”.

Al visitar la planta nos muestra un ron de piña, una idea que está desarrollando con otra empresa vecina que se dedica a la producción de ron. Otra lección aprendida: hay que buscar alianzas.