Taller de apego dictado por Denise Quelquejeu, de Relaciones Sanas.

Los números del embarazo en adolescentes son para meditar sobre el tema. Solo este año ingresaron a control prenatal mil 769 niñas de entre 10 y 19 años, según el Ministerio de Salud. Entonces se debate si la educación sexual funciona o no, pero el problema no se aborda, ni para evitarlo ni para ayudar a las que ya son madres.

Así las cosas, la Fundación Voces Vitales le dio cuerpo a uno de sus ejes, el de derechos humanos, y le puso rostro a las madres adolescentes,  el de 25 chicas de Panamá este, Las Claras.

Hace año y medio, Voces Vitales empezó el programa piloto Las Claras, un centro ubicado en Felipillo que busca ayudar a las jóvenes madres para que les brinden un mejor futuro a sus hijos, educándolas y capacitándolas.

“Siempre se habla de adolescentes embarazadas en San Miguelito, pero en Panamá este también hay un gran número de embarazos en menores de 19 años y es además donde se está viendo un crecimiento de violencia social”, dice Daney Ramírez, especialista en salud pública y directora del centro.

“Una adolescente —comenta— por estar aún en desarrollo, no es capaz de evaluar las consecuencias y hay que sumarle que viene de una familia desintegrada en donde no encuentra apoyo”.

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Realidad. Para entrar a Las Claras se llevó a cabo un censo en Felipillo y comunidades aledañas, a través de los centros de salud y líderes comunitarios, para dar con 397 madres adolescentes.

Sin embargo, no todas llenaban los criterios de selección para el programa, que son tener entre 15 y 19 años, un solo hijo o estar embarazada y haber culminado noveno grado (tercer año), explica Ramírez.

Ante esto, el grupo se redujo a 125, y después de aplicar cuatro pruebas psicológicas y de conocimientos académicos, más una entrevista controlada, solo quedaron 25 jóvenes.

Angeleene Núñez es la trabajadora social del centro y a quien le tocó recopilar información de las aspirantes al programa. Dice que aunque el proyecto tenía como objetivo la comunidad de Felipillo, tuvo que abrirse a los sectores aledaños. Al hacer el recorrido se encontraron con que las madres adolescentes, en su mayoría, tenían entre  13 y 14 años.

Además, las de 15 años o más ya tenían más de un hijo y casi todas solo habían llegado hasta séptimo grado (primer año).
“Algunas que ya tenían más de un hijo decían que solo tenían uno, pero cuando corroboraba su historial clínico se reflejaban sus partos. Era una decepción para ellas porque tenían una esperanza, pero el centro aún no está en capacidad de atenderlas. Es muy duro”, comenta Núñez aún con pesar.

“Tener varios hijos sin una vida estable genera pobreza y otros problemas como delincuencia y prostitución. Lo he visto en mis recorridos. Es triste ver a una chica de 13 años tener que prostituirse para alimentar a su hijo”, agrega.

Daney Ramírez, directora del Centro Las Claras.

Casos de vida. “Todo lo que dice la literatura que deviene en el embarazo adolescente se refleja en ellas. Padres separados, violencia doméstica, abandono”, afirma Yesica Pinzón, psicóloga del centro.

Pinzón trabaja directamente en su salud emocional. “Al principio ellas no aceptaban su situación,  el ser madres adolescentes, pero algunas estaban tan solas que se convirtieron en madres para estar acompañadas. Para ellas ser madres es una bendición, pero en esta condición no es fácil”.

Núñez, Ramírez y Pinzón detectaron en las chicas un autosabotaje. “Tienen el concepto equivocado de que ‘soy de Felipillo y la gente de Felipillo no estudia. La vida en la 24 de Diciembre es otra y no se puede aspirar a ser universitaria, eso no lo hace la gente de aquí”, menciona Pinzón.

“Es lo que queremos cambiar”, agrega Ramírez, y para eso está diseñado Las Claras, cuyo programa se basa en cinco componentes. El primero es el educativo; allí reciben capacitación del Inadeh y de la Escuela Técnica de Contabilidad y de Comercio Gastón Faraudo P. para culminar el bachiller por módulos. En un mes comenzarán a recibir clases de inglés e informática.

Sigue el programa psicosocial, con el que se busca el empoderamiento de las jóvenes y su atención psicológica, así como evaluaciones domiciliarias de  sus condiciones de vida y el apoyo de su entorno familiar.

Reciben talleres para la toma de decisiones, resolución de conflictos, convivencia ciudadana y valores y espiritualidad. “Herramientas que permiten una mejor vida en comunidad”, dice Pinzón.
Otro componente es el de salud, que Aplafa apoya con la atención médica de las madres y sus hijos, así como educación sexual y planificación familiar.

En el aspecto vocacional, tendrán capacitación en logística por parte del Inadeh debido al crecimiento de parques industriales en el área y la cercanía con  el aeropuerto de Tocumen.

Además, tienen cursos de bisutería, pastelería y demás por parte de las emprendedoras del programa de mentoría de Voces Vitales. “Muchas de estas emprendedoras son mujeres cabeza de familia, así que también son un ejemplo para ellas”, dice Ramírez.

Asimismo, está el programa de desarrollo infantil temprano. No solo es el cuidado del bebé, sino de orientación en la estimulación y cuidado.

La Fundación Relaciones Sanas está trabajando el curso de apego afectivo y estimulación.

Iris Ramírez se encarga de darle estimulación a los bebés.

Oportunidad de oro. Abigaíl Luna tiene 19 años y es una de Las Claras. Cuenta que justo cuando había tomado la decisión de volver a la escuela, supo que estaba embarazada. Su situación no era fácil y una amiga suya lo sabía, por lo que le habló a la trabajadora social del centro sobre su caso. Luna fue una de esas pocas que pasaron las pruebas y hoy es madre de un varón de 8 meses. “Vale la pena y por nada del mundo puedo dejar de venir [al centro]. Estas oportunidades no se dan y no la voy a desperdiciar”, afirma, y es que a ella le tocó más difícil que a las demás, ya que cuando fue seleccionada vivía en Las Garzas de Pacora, pero se mudó con su esposo a Chilibre.

Abigail Luna y su bebé.

Otra de sus compañeras es Berta Gutiérrez, de 20 años. Llegó a Las Claras referida por el centro de salud de la 24 de Diciembre. “Cuando la licenciada llamó a mi esposo para decirle que había sido seleccionada, fue muy bonito, iba a poder estudiar. Estoy muy agradecida porque podré darle un futuro a mi hijo, algo que yo no tuve antes”, dice la joven que reside en Monterico, con su esposo, dos hijastros y su bebé de 4 meses.

Berta Gutiérrez, otra de las beneficiadas del centro.

Trabajo por hacer. Para Angeleene Núñez, el embarazo adolescente es un ciclo que hay que buscar romper y solo se puede hacer con información.

Es por ello que las chicas de Las Claras son ahora agentes de cambio en sus comunidades. “Ellas se empoderan y aconsejan a otras, tienen que transmitir la prevención en sus familias. Van a ser modelos a seguir”

Daney Ramírez reconoce que lo que hace Voces Vitales entra como una prevención secundaria. “En salud pública, lo ideal y más económico es la prevención primaria [educación sexual], pero no podemos olvidarnos de las que ya están allí”.

“Este es un tema que tenemos que atender porque nos impacta a todos”, dice Yesica Pinzón, “estos niños que no reciben atención son los que se pueden transformar en delincuentes”.

Los números nos alertan. De seguir aumentando las cifras, como hemos visto este año, llegaremos a 33%, lo que querrá decir que uno de cada tres embarazos es de una adolescente. “Todas esas madres no podrán garantizarles a sus hijos una educación”, añade Ramírez, “¿cuál es el futuro que vemos para nuestro país si continuamos de esa manera?”.

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