fa3a22b529fd89755f0d86782cdaa6a9 - La mujer exigente, ¿es bruja o buena jefa?

 

 

¿Bruja, inflexiva o intolerante? Cuando una mujer llega a lo más alto de la escalera corporativa o política son varias y muy diferentes las opiniones que surgen en torno a ella. La sociedad suele tener generalmente una idea preconcebida al respecto, y aunque muchas luchas han sido vencidas y muchas barreras traspasadas, continuamos albergando ciertos prejuicios en torno a las mujeres que alcanzan posiciones de poder.

 

“Es injusto que una mujer sea considerada una bruja por el hecho de ser exigente con su equipo”, dice Melissa Wong, la directora más joven de la Organización de Estados Iberoamericanos en Panamá. “Esta ha de probar mucho más su capacidad en un puesto directivo”.

 

Resulta ciertamente incomprensible que estos estereotipos continúen en vigor, ya que estudios sobre liderazgo femenino de la Universidad de Carlos III de Madrid y de la Universidad de Standford demuestran que las mujeres sobrepasan a los hombres en cualidades como promover el desarrollo y el compromiso profesional de las personas que trabajan para ellas, crear relaciones más firmes y tomar decisiones más justas. “Las mujeres son capaces. En mi experiencia, tienen un gran sentido común, aceptan los golpes y se sobreponen a la adversidad igual que un hombre”, dice Manuelita Vallarino de Saint Malo, presidenta de la Academia Interamericana de Panamá.

 

Nosotras, nuestros peores enemigos. Estudios revelan que somos nosotras, y no los hombres, las primeras en criticar y juzgar a las mujeres en puestos de jerarquía. Según parece, una mujer se siente usualmente más cómoda trabajando para un hombre que para sus congéneres, pues una investigación encargada por UKJobs.net, sostiene que dos tercios de las mujeres prefiere un jefe varón porque no tiene cambios de humor ni le gusta chismear de los empleados -cosas que critican en las jefas-.

 

Algunos achacan estas calificaciones hacia la jefa a envidias y otros a la competitividad femenina, pero la mayoría concuerda en que el motivo principal es el rechazo que se genera cuando una mujer deja a un lado su trato más fraternal y amable. “Muchos hombres se han dado cuenta de que sumar mujeres a sus equipos resulta mucho más exitoso para su gestión”, señala Melissa Wong.

 

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“Creo que las oportunidades han ido cambiando muchísimo y soy un ejemplo de ello. El secretario general de mi organización es una persona con una vasta experiencia, y lo primero que hizo fue darle oportunidad a los jóvenes, y segundo crear un equipo de hombres y mujeres”. Sin embargo, sí está de acuerdo en que el apoyo no se da igual entre las mismas mujeres. “Los hombres cierran filas, pero a las mujeres todavía nos falta hacerlo”, opina.

 

La vicepresidenta del Partido Popular y exlegisladora Teresita Yániz de Arias indica que es necesario apoyarnos unas a las otras, porque tenemos la virtud de ponernos en los zapatos de los demás y somos conscientes de lo difícil y desigual que es para una mujer este mundo de la competencia profesional. “No es justo que las mujeres hagan dictámenes tan duros sobre otras; ellas mismas están asumiendo ese mecanismo de descalificar a otras mujeres”.

 

 

Un buen liderazgo. Mujeres en altos cargos son conscientes de que en alguna ocasión han podido ser señaladas como una “jefa bruja” por el hecho de mostrarse exigentes con su equipo.

 

“Personalmente soy muy exigente, pero no demando nada que no me pida antes a mí misma”, observa Yániz de Arias, quien cree que un buen liderazgo es la clave a la hora de dirigir un equipo y no mostrarse ante este como un jefe autocrático. “Un buen líder es aquel que sabe qué quiere y tiene una meta, un sueño, y que comprende que ese sueño no es un proyecto en solitario, sino que ha de construirse con otras personas”. Algo en lo que concuerda Manuelita Vallarino de Saint Malo, que dice igualmente que “el entusiasmo se contagia. Si uno cree en lo que está haciendo y lo demuestra, otros lo emularán”.

 

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“No hay que pedir perdón por poder lograr metas”, opina Manuelita de Saint Malo, presidenta de la Academia Interamericana.

 

Por su parte, la directora de la Oficina de Representación de la Secretaría General Iberoamericana, Doris Osterlof, asegura que “tanto hombres como mujeres pueden ser jefes positivos, todo depende de la confianza que tengan en sí mismos y claridad en lo que se pretende alcanzar. La firmeza en los principios es central, así como la honestidad y la honradez”.

 

También anima a las mujeres a no temer este tipo de retos, ya que según opina “una cualidad de la mujer que es indispensable para las jefaturas es la capacidad de ser multifuncional”, e indudablemente lo somos.

 

La educación. “La educación ha sido, a mi parecer, la clave para que la mujer haya podido demostrar, superarse y llegar hasta donde está en este momento”, considera Melissa Wong sobre cómo la mujer ha conseguido ser reconocida por la sociedad de igual manera que los hombres.

 

Desde pequeños, las características que se ensalzan en los varones no suelen ser las mismas que para las niñas, que pueden ser tildadas de impertinentes o mandonas cuando muestran cualidades de liderazgo. De ellas se espera que sean dulces y compasivas.

 

De Saint Malo explica que en la escuela que dirige no existen diferencias entre los alumnos en cuanto a género, debido a que han crecido juntos. Asegura que las niñas se destacan y son perfectamente aceptadas por sus compañeros. Para ella, los colegios mixtos crean desde la infancia ese respeto y ayudan a que en un futuro no existan estas diferencias entre hombres y mujeres.

 

“Es importante que las nuevas generaciones aprendan a respetar los derechos de la mujer para ir eliminando los estereotipos sobre su papel en la sociedad”, añade Osterlof.

 

¿Hay que dejar la feminidad a un lado? “Cuando hablamos o lidiamos con los hombres puedes ser catalogada de dos maneras: si lo haces con dulzura eres sensiblera, y si lo haces en los mismos términos que ellos, entonces eres ruda o impositiva”, dice la política Yániz de Arias, y recalca que, según lo estipulado por la sociedad, las mujeres debemos ser, por encima de todo, agradables.

 

Algunas mujeres sienten la necesidad de adoptar ciertas características consideradas “masculinas”, que en ocasiones les lleva a ser consideradas por otros como unas arpías.

 

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“Un buen líder es aquel que sabe qué quiere y tiene una meta…  y que comprende que ese sueño no es un proyecto en solitario”, dice la ex-legisladora Teresita Yaniz de Arias.

 

“Es muy difícil mantener tu papel de mujer cuando eres minoría. Cuando esto sucede, toca adaptarte y tomar ciertas conductas que te puedan ayudar a ejercer un mejor desempeño y a desarrollar una mejor conversación”, considera Wong, a pesar de que ella nunca ha sentido la necesidad de comportarse de esa manera. Aunque reconoce que en sus inicios vestía de manera más varonil. “El saco y el pantalón es un tema de hombres; no es un tema femenino, aunque lo hemos hecho femenino”, opina, y asegura que ahora viste como realmente quiere, como una mujer que no ha de ponerse pantalones para encajar entre los hombres.

 

De Saint Malo comenta, sin embargo, que su forma de arreglarse nunca ha sido condicionada por estos motivos y que simplemente viste lo que le hace sentir cómoda, y que por nada del mundo se subiría a unos tacones.

 

Olvidarse de las brujas y centrarse en las buenas jefas. Aunque ciertamente ha cambiado el panorama y hoy la sociedad aplaude los logros de las mujeres, aún se cuela el término “bruja” frente a la mujer exigente.

 

Yániz de Arias afirma que la mayoría de las mujeres que conoce dentro de la política, que han sido exitosas o han ocupado puestos importantes, tienen mucho carácter y determinación. “Porque no es fácil”, indica.

 

“No hay que pedir perdón por poder lograr metas”, responde Manuelita de Saint Malo, que también cree que si algunas mujeres son consideradas malvadas por su propio equipo puede ser porque realmente actúan de esa manera.

 

“Tal vez con el afán de alcanzar un grado de relevancia que vaya más allá se comporten de determinada manera, sintiendo que han de subir con más ímpetu esa escalera”, añade Yetta Fadul Fleckner, directora de Recursos Humanos de la Academia Interamericana.

 

No todas las mujeres en puestos de jerarquía son como el personaje de Miranda Priestly en El diablo viste a la moda, pero también es cierto que existen aquellas que por diferentes motivos pueden llegar a parecerse.

 

Como dice Doris Osterlof: “Hay que ser claros en las metas para que el equipo sepa qué es lo que se quiere alcanzar. Sus miembros tienen que saber que cuando se exige es en función de una meta común, y que cada uno, independientemente de su responsabilidad, es una pieza importante en ese logro”.

 

 

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