9454ba1bf8bbb85aba10bfb41f54f828 - La espera que no termina

Cuando recién nos enteramos de que estamos embarazadas, nos embarga una profunda alegría. Los próximos nueve meses parecerán infinitos, y la espera se nos hará larga por conocer a ese pequeño bebé a quien aun estando dentro de la barriga, le hablamos, cantamos y consentimos.

Pero al cabo de un tiempo, a la emoción se le van sumando otros factores. La barriga sigue creciendo, sentimos que casi al punto de estallar. Se nos hinchan los pies, nos da dolor de espalda, se nos dificulta dormir y ya a lo último andamos bastante incómodas. Así continuamos con la cuenta regresiva, pero con más vehemencia. No aguantamos porque llegue el bebé, pero a veces pareciera que este no tiene ningún apuro por nacer.

Un embarazo dura usualmente 40 semanas. Llegada esa fecha la mujer ya está lista para dar a luz, aunque el bebé tenga otros planes. El doctor Eliezer Burstein, ginecólogo obstetra y subespecialista en fertilidad, explica que un embarazo a término puede ser temprano, tardío o postérmino. Después de la semana 40 se considera postérmino. “Decimos que la paciente se pasa de su fecha después de la semana 40”, detalla. “Sin embargo, debemos entender que mientras no haya una razón médica para hacer una inducción, no es necesario hacerla hasta la semana 41”. En ese momento se recomienda hacer una inducción si hay alguna circunstancia que lo amerite. Pero llegada la semana 42 es necesario hacerla.

Por supuesto, lo más importante es el bienestar fetal y materno. “Saber que la mamá está en óptima salud, que no tiene ningún tipo de problema como diabetes o hipertensión, o alguna otra que sea consecuencia o no del embarazo”, elabora Burstein. “En cuanto al bebé, estar pendiente de su bienestar a través de exámenes como el ultrasonido y el monitoreo fetal. Observamos que la placenta se encuentre en buen estado, que el bebé esté creciendo adecuadamente, que tenga suficiente líquido amniótico y un perfil biofísico adecuado”.

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Para inducir la labor de parto hay varios métodos posibles. En el caso de Natalie, 21 años, llegó a su fecha estimada de parto y aún no daba indicios de dar a luz. “Era mi primer embarazo y me sentía muy presionada porque todo el mundo me preguntaba que para cuándo”, recuerda. “Ya ni quería salir de mi casa por eso”. Su doctor optó por ayudarla un poco. “Me separaron membranas, que supuestamente es la forma más natural de empezar a inducir. Eso fue a las 10:00 a.m. y a medianoche ya tenía contracciones muy fuertes. Al día siguiente di a luz”. Burstein explica que este método consiste en efectuar un tacto vaginal y separar la membrana que va pegada alrededor del cuello del útero, para que el mismo cuerpo secrete las prostaglandinas que producen las contracciones.

Otra forma es con el uso de medicamentos bioquímicos, como prostaglandinas y misoprostol, que se pueden aplicar oral o vaginalmente, o la oxitocina, que es intravenosa.

El doctor de Sandra, 25 años, optó por este método en su caso. “Yo soy una persona muy tranquila”, narra ella. “Así que cuando llegó mi fecha y el doctor me dijo que aún no estaba lista, estaba feliz porque me sentía muy bien. A las 41    semanas el doctor me dijo que me iba a inducir. Yo estaba un poco resfriada así que le pedí  que esperara unos días más, pero me dijo que de ninguna manera. Ese era el día. Llegué al hospital, me dieron media pastilla y de ahí empecé con la labor. Un par de horas después me rompieron fuente y todo fue fabuloso”.

Otro método, más innovador, es con el uso del catéter Foley. Explica Burstein que este se coloca dentro del cuello uterino y se infla un balón con solución salina con dos objetivos: lograr una apertura mecánica del cuello del útero y permitir que el mismo secrete las sustancias que provocan las contracciones. “Es un método que tiene décadas en otros países, pero en Panamá es relativamente nuevo”, detalla.
Este es el método al que recurrió Jennifer, 25 años. “Estaba en la semana 41, y estaba un poco estresada y desesperada porque no estaba nada dilatada y mi doctor me quería hacer una cesárea. Inducción con hormonas no era una opción, porque los doctores que me vieron eran de la idea de que eso me iba a ayudar a tener contracciones, pero no iba a dilatar”, narra. “Mi doctor no quería esperar más y me programó una cesárea”. Jennifer decidió buscar una segunda opinión y así se enteró del método con el Foley. “Siento que esa fue la mejor opción. Es un método libre de hormonas que provoca la dilatación y el trabajo de parto más lentamente. Me alegró saber que tenía una opción más natural, que le daba chance a mi cuerpo de crear sus propias hormonas”, asegura, aunque para hacer esto tuvo que cambiarse de médico. “Demoré casi 21  horas en dar a luz, pero valió la pena. Me fue tan bien que escogí el mismo método para mi segundo parto, ya que tenía poco líquido amniótico y no podía esperar más tiempo”.

Algunas personas se preocupan de que una mayor cantidad de partos inducidos terminan en cesárea, pero Burstein aclara que una inducción que tiene razón de ser carga los mismos riesgos de terminar en cesárea que si uno se hubiese mantenido esperando. “Si por algún motivo hay que hacer una inducción, de hecho estamos disminuyendo el riesgo de la cesárea”, enfatiza.

Para escoger el método más apropiado de inducción hay que tomar en cuenta muchos factores, asevera el doctor: la condición del bebé, la semana en la que se encuentra la paciente, si ha tenido una cesárea previamente u otro tipo de procedimiento pertinente al útero y si ya está teniendo contracciones, para no sobreestimular el útero.

En cuanto a los métodos caseros, no los desestima. “Tener relaciones sexuales ayuda porque el semen contiene abundantes prostaglandinas, que pueden provocar contracciones que inicien la labor de parto”, precisa. “Con respecto a hacer ejercicios y cuclillas, estos no van a adelantar el alumbramiento, pero el estar en movimiento durante el trabajo de parto sí ayuda a que haya un avance más rápido”.
Un método casero efectivo es el masaje que estimule el área de los pezones, pues hace que el cuerpo secrete pitocina natural, la cual genera contracciones. “Se ha visto que sí funciona en pacientes que tienen condiciones cervicales apropiadas como el cuello suave y un poco abierto”, elabora Burstein.

Aunque la espera no sea tan dulce como la catalogan, y en algunos casos se necesite tener una dosis extra de paciencia, el fruto de estos nueve meses (y un poco más)  bien habrá  valido la pena. Todos los achaques y la tensión quedarán en el olvido cuando cargues ese precioso bebé por primera vez. Al final esa es la recompensa suprema.