Otilia Lux de Coti fue ministra de cultura de Guatemala. Estuvo en Panamá para participar en un taller del Fondo para Igualdad de Género de ONU Mujeres. Cree en el poder de la educación y que las mujeres deben estar en puestos donde puedan tomar decisiones.

¿Qué proyectos adelanta el Foro Internacional de Mujeres Indígenas? El foro se ha fortalecido en lo institucional gracias al aporte semilla del Fondo para Igualdad de Género [que invitó a Panamá para compartir su experiencia]. Tenemos una estructura más amplia con miembros en Nueva York, Nicaragua, Argentina, Perú. Contamos con tres programas: la escuela global de mujeres; el observatorio de violencia contra las mujeres, que da a conocer la violencia que sufre la mujer indígena; y un programa de formación de mujeres investigadoras que recopila las historias de violencia indígena.

¿En qué consiste este programa de investigadoras? Capacitamos a mujeres indígenas para que recaben historias de violencia familiar en la comunidad. El programa es bien acogido porque las mujeres expresan su sentimiento y su dolor a alguien como ellas. Funciona en Nicaragua y Guatemala.

¿Y cómo lo toma la comunidad? La violencia doméstica es un problema que lastima a la familia extensiva, por eso se necesita una sanación colectiva. En una reunión donde están las autoridades, las comadronas, ancianas convocadas y el agresor, la mujer asiste y sana. Esta era una práctica que se hace para tratar robos y otros casos de delincuencia. Lo mejor es que fueron las propias mujeres quienes encontraron en sus costumbres su forma de sanación.

Usted ha sido maestra, ministra de Cultura, activista indígena ¿Qué la impulsa? Mi abuela, una mujer de esas canela fina, decía: “hay que aprender de todo para que nadie le meta el dedo en la boca y le diga ‘usted’ no sabe”. Tuve oportunidad de estudiar, y ser maestra me permitió pagarme la universidad y hacer una maestría.
Estudiando a los grandes pedagogos entendí que uno aprende mientras vive, hasta el último día. Además, mi náhualt es el águila, que vuela y es mensajera.

¿Cómo mantiene sus tradiciones? Me he planteado desde joven quién soy y hacia dónde voy, esto me permitió no romper el ombligo que me ata entre mi cultura y mi ser. Toda la vida he vestido como me ve ahora. Vivo en la ciudad, pero en mi casa hacemos gastronomía de mi pueblo, hablamos la lengua y no dejamos de ser mayas. Mi hija es arquitecta con dos maestrías, una en España. Mi hijo es médico y mi otra hija es bióloga, también con maestría en España. A los tres les puse su mazorquita en la cuna, una expresión cultural que significa que somos hijos e hijas del maíz. Ellos son mayas y les digo “ustedes son profesionales, ahora sírvanle a los hermanos, a los marginados, a Mesoamérica porque allí nacimos”.